Relaciones violentas: “El maltratador no está loco, pero sí hay una correlación altísima con trastornos de personalidad”




Durante la última década, el doctor en Psicoterapia y Etiología Clínica y académico de la Universidad Andrés Bello, Javier Barría Muñoz, se ha dedicado a investigar las dinámicas existentes en las relaciones violentas, logrando armar un perfil del hombre maltratador. No es un tema libre de polémicas, pues tiende a herir susceptibilidades y a generar opiniones polarizadas, pero es sin duda un aporte a la hora de prevenir situaciones de violencia y, eventualmente, salvar vidas. Hablamos con él sobre los resultados que obtuvo en sus años de estudios y sus conclusiones ¿Se puede perfilar a un hombre violento? ¿Qué hace que un hombre se convierta en un maltratador?

La violencia dentro de la pareja, explica el académico, tiene una serie de factores y no responde, como se suele pensar, solamente a la sociedad machista y patriarcal ni a una posible enfermedad mental del agresor. Es un tema muy delicado y más si consideramos que no hay una sola forma en la que se desarrolla, sino que hay varias, que van a depender de la relación de pareja. “Tenemos un grupo muy pequeño, del 20%, donde sí se cumplen las propiedades del modelo de género”, explica Barría. Y añade: “En el 30% de los casos ambos se golpean, en otro 30% la violencia se expresa en insultos y pertenece al ámbito psicológico, mientras que en un 15% de los casos ella inicia la violencia y en un 5% es ella la que golpea”.

Buscando respuestas

“La hipótesis más fuerte para explicar la violencia siguen siendo los aspectos sicológicos del maltratador y la víctima. ¿El maltratador está loco? “No”, asegura Barría, pero explica: “Sí tiene una correlación altísima con los trastornos de personalidad, que son rasgos de una persona pero que no constituyen un problema de salud mental grave”.

Según el doctor, entre un 70% y 75% de los maltratadores investigados presentan algún trastorno, siendo dos los más importantes: los trastornos narcisistas y obsesivos compulsivos. “Están relacionados con el déficit de empatía, pues no se ponen en el lugar de la pareja”, dice. “La violencia tiene un componente cultural potentísimo relacionado con los patrones de comportamiento y de cómo nos han educado para relacionarnos. El tema está en que la violencia tiene más que ver con la personalidad del sujeto violento y no tanto con los temas culturales, que son compartidos por todos”.

Por otro lado, además de los trastornos de personalidad, está el ítem alcohol, que es fundamental en estas dinámicas. “El 75% de los casos de violencia tiene presencia de alcohol en ambas partes, no solo en el agresor”, asegura Barría, explicando que al tomar se desinhiben las conductas de las partes. Cabe destacar que no convierten a una persona no violenta en violenta, ni a una que no es víctima en víctima, pero sí empeorará la situación en casos donde ya existe una relación problemática.

Otro punto que hay que tener en cuenta a la hora de analizar a personas violentas y maltratadoras, es su historia personal. Según explica Barría, ambas partes dentro de una relación donde hay maltrato responden a aspectos emocionales, cognitivos y afectivos de cómo se vienen relacionando desde la infancia. El 74,3% de los hombres agresores recibió maltrato físico al interior de su casa, pero sólo un 11,8% dice haber tenido una relación conflictiva con sus padres, lo que ha legitimado esta conducta como forma de resolver los conflictos o de interactuar con el otro.

La violencia y los hombres violentos

Según las investigaciones y estudios de Barría, es posible hacer una diferenciación entre hombres maltratadores y hombres que no presentan riesgo alguno. De hecho, hay cifras al respecto que llaman bastante la atención: según su tesis de doctorado, donde se entrevistó a más de tres mil personas, un 8% de los hombres representa un peligro real, de muerte incluso, para sus parejas. En tanto, existe una población de riesgo que podría presentar conductas violentas o que las ha presentado de manera esporádica, que representa al 32%. Hay un 60% restante que no presenta rasgos violentos.

Los investigadores estadounidenses Holtzworth-Monroe y Stuart definieron en 1994 tipologías de hombres maltratadores con sus parejas, y estas divisiones se siguen usando. Ellos encontraron que había un grupo, que representaba a la mitad de los hombres maltratadores, que sólo eran agresivos con su esposa, y que por lo general eran personas incorporadas normalmente a la vida civil.

Por otro lado, se encuentran los disfóricos, que son emocionalmente inestables: en la mañana pueden presentar una emocionalidad y luego por la tarde mostrar otra diametralmente distinta. “Se trata de sujetos reactivos frente a la disidencia o a que le digan algo, pues tiene un problema de control de ira”, explica Barría. Por último, existe un grupo más pequeño que son los antisociales, que son reactivos ante todo y se podrían denominar delincuentes comunes.

En 2012 el Sernam registró que el 64% de las mujeres atendidas en sus centros mantienen una relación de pareja con el hombre que las maltrata. Por otro lado, Barría asegura en su investigación Anatomía de los hombres que ejercen violencia hacia sus parejas: Primer levantamiento de datos para el diseño de un perfil, que el 18,8% de los hombres que han ejercido violencia y que tienen una nueva pareja, volverán a hacerlo.

En el mismo documento se barre con la idea de que la violencia en la pareja es progresiva o va en escalada, en cuanto da cuenta que los primeros episodios de violencia suelen ser el ahorcamiento (20,9%), una discusión que terminó en golpes (19%), agresiones verbales y amenazas (31,6%) y el uso de armas y objetos contundentes (30,4%).

Por otro lado, afirma que la edad promedio de los hombres maltratadores es entre los 31 y 40 años, en un 48,3% están casados con un promedio de dos hijos, y que el inicio del primer episodio de violencia es en el primer año de relación (42,7%).

Es un error pensar que todos los hombres son violentos o maltratadores. De hecho, la mayoría no lo son. Pero es importante identificar a los que sí son y los episodios de violencia que se están dando todos los días, al interior de los hogares. También es importante, explica Barría, modificar la legislación actual, pues en Chile actualmente el maltrato de la pareja se paga solamente con una multa y, en el mejor de los casos, con una prohibición de acercarse a las víctimas, que rara vez se puede ratificar.

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