Por Julio NahuelhualArturo Porzecanski: “Ahora la gente quiere en Chile a alguien que patee el tablero, pero en una dirección constructiva”
El veterano economista de Wall Street cree que el líder norteamericano moderará sus acciones este año, pero alerta por el riesgo de una burbuja de las empresas tecnológicas que cotizan en la bolsa de Estados Unidos. Sobre Chile, señala que “le hizo mucho daño en los últimos años tener discusiones tan relevantes sobre las reglas básicas del juego”.

Luego de décadas de trabajar en los principales bancos de inversión de Wall Street, Arturo Porzecanski disfruta hoy de su retiro del mundo financiero en un departamento en el Upper East Side en Nueva York, a una cuadra y media del Central Park. Sin embargo, el académico de origen uruguayo y execonomista jefe para las Américas de ING Bank y para mercados emergentes en ABN AMRO Bank, sigue de cerca el desempeño económico de Estados Unidos y de los países de la región.
En entrevista con Pulso, Porzecanski -además investigador de la American University- cree que en 2026 veremos a un Donald Trump más “domesticado”, por lo que proyecta menos acciones extremas del líder norteamericano. Esto, pese a los anuncios recientes de mayores aranceles tras la decisión de la Corte Suprema de EE.UU. de eliminar el aumento de mayores impuestos aduaneros globales decretado por el mandatario estadounidense. A su vez, estima como probable que más países de América Latina se sumen al “péndulo” de gobiernos de derecha y, en el caso de Chile, asegura que “le hizo mucho daño en los últimos años tener discusiones tan relevantes sobre las reglas básicas del juego”, y que ahora “hay una oportunidad para que el gobierno entrante trabaje sobre algunos temas que quedaron pendientes”.
También alerta sobre el riesgo de una eventual explosión de una burbuja bursátil en el sector tecnológico en Estados Unidos. “Hay un peligro de que estemos en presencia de una burbuja liderada por las empresas tecnológicas y que esa burbuja explote en el transcurso del año, cuando la gente recalcule mejor cuáles van a ser las ganancias de estas empresas en los próximos años. Eso podría tener embates en nuestra región”, advierte.
Tuvimos un 2025 lleno de incertidumbre a raíz de las políticas comerciales de Trump. ¿Cómo visualiza el 2026 para Estados Unidos y América Latina?
-Trump en su primer año fue muy disruptivo, se destapó a sí mismo. Me hace recordar la audacia y la rebeldía de un adolescente. Vamos a tener un 2026 en Estados Unidos sin tanta inestabilidad; no va a haber tanta disrupción en las reglas del juego, entre otras cosas, como las que hubo en el 2025. No creo que vayamos a ver números más altos de aranceles en el 2026 y, al contrario, creo que Trump va a rebajar algunos de los aranceles que aumentó… creo que él ya piensa que le sacó provecho al proteccionismo arancelario en términos de negociar con diversos países.
También va a haber menos disrupción en términos políticos: Trump no va a capturar a otros líderes políticos de la región, ni siquiera en Cuba. Lo de Nicolás Maduro y Venezuela va a ser el único caso de este tipo. De todas formas, Trump le da hoy mucha importancia a América Latina y a Canadá, y es curioso porque por décadas los latinoamericanos nos hemos quejado de que Estados Unidos no nos presta atención como debiera hacerlo.
¿Cree que Trump está ganando la batalla cultural, geopolítica y económica que se plantea?
-A nivel interno en Estados Unidos Trump ha hecho muchas cosas audaces que ahora se están litigando en la justicia. Creo que va a haber una serie de juicios en contra de él. También su popularidad ha bajado. Eso probablemente se va a ver reflejado en un peor desempeño para el Partido Republicano en las elecciones legislativas de noviembre que vienen. Es bien factible que él pierda, al menos, la mayoría en la Cámara Baja. Se va a tener que moderar. Obviamente, algunos triunfos de esa audacia se van a quedar, pero veo a un Trump un poco más domesticado este año 2026 que el que fue en 2025.
El reciente fallo de la Corte Suprema, donde le dice a Trump que prácticamente casi todos los aranceles que puso no están autorizados por la Constitución, lo está forzando a comportarse mejor y a domesticarse incluso en el tema de aranceles. Es un buen ejemplo de la domesticación y no es porque él quiera que lo domestiquen, sino que las instituciones, la presión popular, el calendario electoral lo van a forzar a comportarse en una manera menos disruptiva.
En el ámbito internacional, veo menos intervencionismo y más enfoque en otras situaciones no resueltas como los desafíos estratégicos, políticos, económicos o militares en Asia, en el Medio Oriente y en Europa, y un poco de menos atención a América Latina. Pero eso no es todo.
Quiero agregar que la Bolsa en Estados Unidos y en general los mercados financieros, han tenido un boom, un auge tremendo en el último año, y hay un peligro de que estemos en presencia de una burbuja liderada por las empresas tecnológicas, y que esa burbuja explote en el transcurso del año cuando la gente recalcule mejor cuáles van a ser las ganancias de estas empresas en los próximos años. Eso podría tener embates en nuestra región y en el dólar también.
Por otro lado, con o sin Trump de referente, en la región se ha constatado un giro hacia gobiernos de derecha y apegados al libremercado…
-Evidentemente hay un cierto movimiento pendular hacia la derecha. Hoy Argentina, Bolivia, Costa Rica, Chile, Ecuador, El Salvador y Honduras están en la columna de la derecha… En cierto sentido no es solo efecto Trump. Aquí hay un movimiento autóctono. No quiero decir que todos los países van a llegar hacia la derecha, pero tenemos ciertas elecciones hacia adelante en Colombia, en Perú y en Brasil que pudieran llevar a un cambio también hacia la derecha. México está firme en su columna (de izquierda), porque no tiene elecciones este año o el que viene.
¿Cuál es la razón por la cual estamos viendo este giro o péndulo hacia gobiernos de derecha?
-Trump no es la razón. Él es un presidente intervencionista de los mercados, de las empresas, del comercio… en cierto sentido Trump no representa a la derecha tradicional libremercadista. Pero hay dos razones fundamentales para este giro. Una es la inseguridad. El tema de la violencia callejera y la violencia organizada se ha vuelto prioridad número uno de los países. Ya no es la inflación… la gente teme por su vida, teme por su propiedad, teme por su automóvil… la gente está buscando a alguien que restablezca el orden y la ley, y que reduzca la criminalidad.
Y la otra gran razón es cierta insatisfacción y preocupación respecto al mercado laboral y las condiciones económicas de vida. Crecimientos económicos del 2% no resuelven esa incertidumbre, porque no se están generando los nuevos puestos de trabajo y no se están dando los aumentos salariales… y no hay las mejoras en productividad y en competitividad que nuestros países precisan para darle más tranquilidad a la población.

Argentina es un ejemplo de un giro radical. ¿Cómo evalúa lo que está haciendo Javier Milei en el país trasandino?
-Hay que admitir que la economía argentina ya no está en cuidados intensivos como lo estuvo hace 12, 14 o más meses. Milei heredó un país al borde de la hiperinflación y con una situación de pobreza terrible. En ese sentido, Milei bajó la pobreza, estabilizó el mercado laboral y, aunque la inflación está entre el 20% ó 30% anual, los aumentos de precios no están entre un 200% y 300% anual como antes. Hay que reconocer que él usó la motosierra para cerrar el déficit fiscal, recapitalizó al Banco Central, se ha comportado muy bien con sus deudores y está tratando de atraer inversiones y de desregular y liberalizar la economía.
Pero es un proyecto de largo plazo. Hay que recordar lo que le llevó a Chile modernizar el país: décadas… y todavía queda camino por recorrer. El ‘cuco’ de la crisis financiera, de la crisis bancaria, de la gran depresión, ya no está. Lo que falta en Argentina es mejorar el clima de inversión y el clima de negocios, porque durante las décadas de populismo hizo muchos desastres. Es decir, no es sólo equilibrar las cuentas fiscales o mejorar el comportamiento del Banco Central. En Argentina Milei está en camino, pero no está ni siquiera a medio camino. Hay mucho por hacer todavía para reformar ya sea el sistema tributario, el gasto público, las condiciones para los empresarios, la permisología. Si Milei tiene la oportunidad de seguir en el poder, de ser reelegido, al final de ese mandato podremos ver si realmente se cambió el rumbo del país para bien. Pero hoy por hoy todavía hay mucha agenda pendiente.
A propósito de Chile, ¿cómo analiza el comportamiento económico que ha tenido el país en las últimas décadas?
-No es ninguna noticia para nadie que el comportamiento de la economía chilena en la última década ha sido relativamente pobre. Sin considerar el periodo de después del fin de la pandemia, hace muchísimos años que el país no crece ni siquiera al 4%. Está creciendo al 1%, 2% ó 3%, y eso que está con viento a favor. Chile no se puede quejar de que las tasas de interés están altas en el mundo o que el precio del cobre esté en el subsuelo, al contrario, está altísimo y tiene perspectiva de seguir mejorando. Las condiciones externas no explican el comportamiento inferior de la economía chilena.
Aquí hay una oportunidad para que el gobierno entrante trabaje sobre algunos temas que quedaron pendientes, como es la seguridad pública, la permisología, el rol demasiado central del gobierno en el gasto público y en inversiones, etcétera. Una segunda chance para comenzar un proceso de mejor clima de inversión, mejor clima de negocios. A Chile le hizo mucho daño en los últimos años tener discusiones tan relevantes sobre las reglas básicas del juego. Ese intento por reformar la Constitución una y otra vez puso al país en suspenso, mientras la permisología también afectó mucho en proyectos de todo tipo, que no llegaron a nada o llegaron a poco. No cabe duda de que hay que hacer algo para poder volver a crecer al 4% ó 5%... que se note en todas las capas sociales de que efectivamente hay oportunidades de empleo, de hacer nuevos emprendimientos.
¿Qué señal está dando el votante chileno al haber elegido a un conservador de derecha para que lidere el país por los próximos cuatro años?
-En muchos países de nuestra región la insatisfacción de la gente ha llevado a buscar líderes más radicales, ya sea de izquierda o de derecha, para que hagan lo que no se ha hecho. En el caso de Chile, primero se volcaron a la izquierda y ahora se están volcando a la derecha porque la única cosa que no quieren es el statu quo; no quieren un candidato que prometa mantener todo como está. Eso ya no alcanza. Lo que la gente quiere es un futuro mejor. No es porque la gente se volvió derechista y antes era izquierdista. La gente andaba buscando cambio, un cambio para mejor, y si los candidatos de la izquierda y los presidentes de la izquierda no lo lograron, entonces está probando otra opción. La gente decidió elegir a alguien que promete cambios y que tiene buenas chances de lograrlo trabajando de forma más aunada con el Congreso actualmente.
Cuando uno piensa en la década del noventa y en principios de los 2000, Chile buscaba la conciliación, alguien que no pateara el tablero. Pero ahora la gente quiere a alguien que patee el tablero, solo que en una dirección constructiva y no destructiva.
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