Por David NogalesEl oro sufre una racha de caídas histórica y entra en mercado bajista
El metal precioso acumula una baja de más de 20% desde su último máximo. El World Gold Council describió el momento como una “prueba de resistencia” para el activo.

El precio del oro atraviesa su corrección más pronunciada en años. Desde el máximo histórico de US$ 5.594 por onza alcanzado a finales de enero, el metal acumula una caída superior al 22%, borrando en pocas semanas todas las ganancias registradas en lo que va de 2026.
El oro encadenó así su décima caída consecutiva, lo que supone su peor racha histórica.
De ese modo, el metal precioso entra en bear market (mercado bajista), que es cuando un activo cae más de 20% desde su último peak.
En la última jornada, el retroceso se agudizó: el oro llegó a desplomarse más de un 6% en términos intradía, tocando mínimos de cuatro meses por debajo de los US$ 4.100 -niveles no vistos desde mediados del año pasado- antes de recortar parte de las pérdidas tras señales de distensión geopolítica.
En el último mes, la contracción acumula un 11,59%, de acuerdo a Tradingview.

Lo que hace particular este episodio es el contexto en que se produce: una guerra activa, el precio del crudo rozando los US$ 100 por barril y una inflación en ascenso. Un escenario que, en teoría, debería favorecer al oro como activo refugio, pero que en la práctica está ocurriendo exactamente al revés.
Una “prueba de resistencia” para el metal
El World Gold Council describió el momento como una “prueba de resistencia” para el oro, y atribuyó la caída a una combinación de factores: rendimientos reales significativamente más altos, expectativas de tasas elevadas para 2026, toma de beneficios y procesos de desapalancamiento. El organismo advirtió además que la velocidad del ajuste evoca episodios de estrés extremo como los de 2008 y 2020, cuando las dinámicas de liquidez se impusieron temporalmente sobre los fundamentos.

Desde XTB, la analista de mercados Emanoelle Santos apunta a un detonante claro: el giro de la Reserva Federal. En su reunión de marzo, el organismo redujo su proyección de recortes de tasas para 2026 de dos a uno, postergando el primer ajuste hasta el otoño boreal. Eso impulsó los rendimientos reales de los bonos del Tesoro y fortaleció al dólar —dos condiciones adversas para un activo que no genera flujo de caja y pierde atractivo frente a la renta fija con retornos reales positivos.
El rol del conflicto con Irán
A este escenario monetario se suma la presión geopolítica. El cierre efectivo del estrecho de Ormuz por el conflicto con Irán ha tensionado las expectativas inflacionarias, lo que, según Santos, refuerza una postura restrictiva de la Fed que “penaliza activos sin rendimiento como el oro” y desplaza su rol tradicional de cobertura.
El metal había acumulado una revalorización de entre 64% y 67% durante 2025, lo que atrajo un volumen elevado de capital especulativo. Cuando confluyeron una Fed más restrictiva y la persistencia del conflicto, se desencadenaron liquidaciones masivas. “Los ETF respaldados en oro registran salidas netas superiores a 54 toneladas desde el inicio de las tensiones, mientras que el interés abierto en futuros ha caído a mínimos de varios años”, señaló la analista.
El paralelo con 2022 y los soportes técnicos
Santos traza un paralelo con lo ocurrido tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, cuando el oro experimentó un alza inicial seguida de una corrección prolongada en un entorno de inflación elevada y alzas de tasas. En ese episodio, el metal retrocedió cerca del 20% antes de retomar una tendencia alcista que lo llevaría a los máximos de enero de 2026. La corrección actual, sin embargo, ha sido más profunda, con caídas intradiarias cercanas al 27% desde el pico histórico.
En términos técnicos, el informe identifica el nivel de US$ 4.116 —correspondiente a la media móvil de 200 días— como el soporte clave dentro de la tendencia de largo plazo.

¿Una señal positiva para la bolsa?
No todos leen la caída del oro como una mala noticia. Mike Wilson, estratega jefe de acciones estadounidenses de Morgan Stanley, sugiere que algunos países podrían estar reduciendo sus reservas del metal para enfrentar la presión fiscal derivada del alza de commodities o para financiar subsidios energéticos.
Citado por Bitget, Wilson interpreta la debilidad del oro como una señal positiva para la renta variable. Su argumento se apoya en una observación de largo plazo: el precio del oro tiende a correlacionarse con el “índice de ansiedad” del mercado, y el ratio entre el S&P 500 y el oro es, a su juicio, un indicador fiable de la verdadera salud del mercado bursátil.
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