Vejez y crisis social

Manos

¿Es posible conocer de qué manera la situación del país afecta a nuestras personas mayores? Sí y no. Sí, en tanto podemos suponer que las desigualdades y exclusiones que las personas experimentan durante su vida se amplifican al envejecer.

Quienes han vivido la precariedad, las inequidades económicas y la discriminación, una vez llegada su vejez sentirán con mayor intensidad estas experiencias. Si en etapas más tempranas de la vida muchas personas tienen que esperar horas para ser atendidas en un consultorio, en su vejez la espera es más dura y más frecuente, dado que las condiciones de salud empeoran con el paso de los años.

Esta amplificación de la desigualdad y exclusión también se manifiesta en otras diferencias. Por ejemplo, muchas mujeres no han cotizado de manera regular, lo cual genera  una amplia brecha entre sus pensiones y las de los hombres. Ellas, además de recibir menos ingresos, deben lidiar con los desafíos que supone una vejez más larga, en tanto sus expectativas de vida son mayores que la de los varones.

También es posible suponer que los sectores medios emergentes, que logran con gran esfuerzo y dificultad sostener una mejoría en sus niveles y calidades de vida, con mucha frecuencia en la vejez ven cómo lo alcanzado se desploma. Basta una enfermedad o un imprevisto económico para que sus condiciones empeoren brutalmente.

La sensación de fragilidad en estos grupos es particularmente intensa, pues pasan con mucha facilidad de un equilibrio económico precario a un retroceso de su nivel y calidad de vida. Si habían logrado "flotar con dificultad" ahora, en la vejez, frente a una dificultad es muy probable que "les entre agua al bote".  No es de extrañar, entonces, que la población mayor masivamente apoye las actuales demandas sociales (aunque se aparte de expresiones violentas).

Cabe señalar que todas las Encuestas Nacionales de Inclusión y Exclusión Social de las Personas Mayores en Chile, realizadas desde hace 10 años por la Universidad de Chile y el Servicio Nacional del Adulto Mayor, indican que la ciudadanía, en su mayoría, actualmente (2019) algo más del 76%, considera que institucionalmente el país se prepara "nada o casi nada" para enfrentar el envejecimiento poblacional.

Esta percepción de falta de preparación se vincula principalmente a una falta de acceso a la salud que, si bien es bastante transversal a los diferentes sectores socioeconómicos, tiene mayor intensidad entre aquellos de menores ingresos.

Sin duda, son muchas las formas en que la situación país afecta a las personas mayores, pero es importante destacar donde no es posible hacer suposiciones. Las personas mayores son un grupo heterogéneo. No hay "una vejez", hay "vejeces". En la vejez la diversidad es la regla.

Una persona de 75 años puede estar requiriendo cuidados permanentes y otra, de la misma edad, estar comenzando una nueva vida de pareja o comprometiéndose en un nuevo proyecto. No considerar estas diferencias y mirar a todas las personas mayores como un sólo grupo, por ejemplo como "los abuelitos(as)", puede traducirse en actos discriminatorios.

Es una forma de violencia el marginar a los más envejecidos asumiendo que ya no tienen nada "nuevo" que aportar, es un mal-trato. Lo anterior da cuenta de prejuicios basados en miradas estereotipadas de la vejez que, erróneamente, sólo la definen como una etapa de deterioro y declive. Si bien el cuerpo cambia al envejecer y aumenta la posibilidad que aparezcan enfermedades, la vida humana no se reduce sólo a su cuerpo. Los individuos tenemos una dimensión psíquica y social que puede mantener sus capacidades a medida que se avanza en edad, más aún, algunos atributos, como el pensamiento complejo o reflexivo y todo lo que a través de ello se procesa, pueden potenciarse con los años.

No dejemos que una mirada limitada y erróneamente sesgada aumente la discriminación que se puede vivir en la vejez y obstaculice recibir sus aportes. Mientras resolvemos el mejor modo de aumentar significativamente las pensiones, de mejorar el acceso a la salud y a los apoyos que requieren las personas mayores, propongámonos mirar a los más envejecidos con los ojos más abiertos. Desde ahí podremos reconocer la diversidad de esta población y, a partir de ello, integrar los aportes que nos ofrecen quienes han practicado, por más años, cómo enfrentar las dificultades y superar las crisis que acompañan nuestras vidas.

Si nos sumamos al despertar nacional, construyamos una nueva política pública que no ignore las demandas de oportunidades, servicios y apoyos que debemos a nuestra población mayor y que, además, se oriente a su efectiva dignificación considerando sus palabras, deseos y anhelos.

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