Los empresarios chilenos que idearon un sistema para sembrar verticalmente

Autor: Pamela Silva

AgroUrbana es la primera empresa chilena en introducir la agricultura vertical, que por metro cuadrado produce 100 veces más que la tradicional. La revolucionaria tecnología de agricultura permite cultivar ahorrando un 95% de agua.


Buscar soluciones para aumentar la producción de alimentos no es un problema del futuro, una idea sacada de una película de ciencia ficción o algo de lo que quizá deberíamos preocuparnos. Es una cuestión que se debe comenzar a solucionar pronto porque los humanos seguimos aumentando nuestra esperanza de vida, la población continúa creciendo y el terreno para agricultura y ganadería no se expande por arte de magia.

Una de las soluciones es la agricultura vertical, que en vez de necesitar extensos terrenos para plantaciones utiliza una tecnología que permite cosechar en bandejas colocadas en estantes de varios pisos. Además, están ubicadas en recintos cerrados que tienen condiciones perfectas para el cultivo.

Por metro cuadrado con esta tecnología podemos producir más de 100 veces de lo que se produce utilizando la agricultura tradicional (en el mismo espacio)”, explica Pablo Bunster, cofundador de AgroUrbana, primera empresa en Chile que trabaja con este tipo de tecnología que sus fundadores definen como “hidroponía 3.0”.

Las hortalizas y vegetales producidos con agricultura vertical están libres de pesticidas y sobre todo, necesitan solo el 5% del agua que requiere la agricultura tradicional para cosechar la misma cantidad de productos. Además, no necesita esperar a las temporadas para plantar ciertos alimentos, porque todo puede ser producido en cualquier momento del año.

“Sin importar si es invierno o verano, porque lo que hacemos es controlar todas las variables externas como la luz, temperatura y humedad. Con eso le damos un día de primavera perfecto para que los vegetales se desarrollen durante todo el año sin importar la estacionalidad”, explica Cristián Sjögren, cofundador de AgroUrbana.

Pablo agrega que controlan todos los aspectos que las plantas necesitan para desarrollarse a la perfección según las necesidades de cada una, incluso la calidad del aire y los niveles de Co2 presente en los recintos.

Pablo Bunster (izquierda) junto a Cristián Sjögren.

Al ser estas hortalizas producidas en condiciones perfectas, se demoran mucho menos en estar listas. “Un ciclo típico para una lechuga son 30 días, lo cual te da doce cosechas al año. En un invernadero tecnificado pueden ser ocho. (Nosotros) como ocupamos el volumen y no la superficie, tenemos una mucho mayor eficiencia en el uso del suelo”, explica Bunster.

Además, no es solo un proyecto que permite reducir el espacio necesario para plantaciones, sino que también introducirlo en las ciudades porque las instalaciones usadas son cerradas y no necesitan suelo agrícola.

De hecho, la única planta que tiene AgroUrbana por ahora está en Quilicura, donde acaban de iniciar la cosecha de  su primera tanda de productos, que son principalmente hojas (como lechugas). “(Esta planta) tiene 300 metros cuadrados y vamos a producir un equivalente a lo que cosecharía en 3 hectáreas usando agricultura tradicional”, explican sus fundadores.

Aunque por ahora se están centrando en las hojas (con 10 tipos de lechugas), más adelante planean realizar investigaciones y seguir desarrollando la tecnología para empezar plantaciones de berries, hierbas de uso farmacéutico, tomates y “una serie de otras posibilidades”.

Las primeras lechugas cosechadas usando agricultura vertical de AgroUrbana estarán listas en febrero, y tienen pensado venderlas en primera instancia a restaurantes para que sean parte de su menú. Aunque no revelan con qué restaurantes están negociando, aseguran que “están muy interesados en probar nuestras lechugas”.

Principalmente, porque ofrecen “una lechuga que desde el minuto que se cosecha al minuto que se come no debiera pasar más de una hora. Nosotros podemos entregar en el momento que lo cosechamos al cliente, vamos a estar a un radio de una hora de todos los restaurantes de Santiago”, explican los fundadores.

Una vez tengan la planta 100% terminada y la producción a full (abril o mayo), esperan que sus productos están en las góndolas de los supermercados para que los personas puedan consumirlas.

Ambos reconocen que se trata de un proyecto que está recién comenzando y del cual tienen mucho que aprender durante su desarrollo, pero son optimistas. Así que planean que en unos 12 o 18 meses tener una planta 10 veces más grande de la que está en Quilicura y seguir creciendo en el resto de Chile y por qué no, en Latinoamérica.

 

 

 



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