Tendencias

Alex Bollen, autora de Motherdom: “La sociedad nos está fallando a las madres”

Esta historiadora de Oxford plantea que la presión sobre las madres se ha intensificado definitivamente. “Social y económicamente, vivimos en tiempos más precarios, entonces hay más competencia por los recursos, más presión sobre las personas”, dice. También apunta a que “no hay un plan para ser una buena madre”.

Alex Bollen es una destacada investigadora, experta en estudios de mercado y encuestas, con más de 20 años de experiencia. Fue exdirectora de la agencia de investigación en Ipsos MORI, donde comenzó a trabajar apenas de graduó de historia en Oxford y formarse como abogada. Pero saltó a la fama con su libro Motherdom: Breaking Free from Bad Science and Good Mother Myths, publicado en 2025. Esta obra ha tenido muy buena respuesta, pues aborda la historia de cómo la ciencia y la naturaleza han sido, a su juicio, instrumentalizadas contra las mujeres madres, a través de lo que denomina los “mitos de la buena madre”.

Motherdom analiza la institución de la maternidad y desmantela esos mitos, que son “una combinación de narrativas, ideologías y estereotipos”, que idealizan la maternidad, por un lado, poniendo estándares imposibles, y que son los cimientos de una crítica permanente a cómo son o no las madres. “Las madres operan bajo un modelo deficitario, en el que se critica cualquier deficiencia o falla. Los padres, en cambio, se benefician de un modelo de reconocimiento, donde se les elogia por todo lo que hacen”, escribe Bollen en su libro.

Vía Zoom, Alex Bollen analiza con La Tercera el efecto de estos estereotipos y exigencias sobre las madres, y su efecto en la baja tasa de natalidad, entre otros fenómenos. Bollen parte la entrevista comentando, justamente, algunos datos sobre la realidad chilena y la baja tasa de natalidad: “Obviamente, las bajas tasas de natalidad son un problema a nivel mundial, pero es realmente interesante que sea un problema particular en su país. También la alta tasa de cesáreas que hay en Chile. Ese fue otro aspecto relevante”.

La portada de Motherdom: Breaking free from bad science and good mother myths, de Alex Bollen.

En su libro usted cuenta que convertirse en madre fue el shock más grande de su vida. ¿Por qué?

No esperaba sentir que fuera tan difícil. Estaba acostumbrada a ser buena en todo. Me había ido bien en el colegio, en la universidad, en mi carrera. Y de repente tuve que cuidar a este bebé pequeñito. Estaba tan obsesionada con el embarazo que no pensaba en lo que vendría después. Fue un shock sentir que no solo no sabía qué hacer, sino que era realmente mala en ello. Pensé que era solo yo. Y a medida que aprendí más, a medida que empecé a trabajar con madres primerizas, me di cuenta de que no era yo. La sociedad nos está fallando como madres, haciéndonos las cosas mucho más difíciles de lo necesario, no dándonos el apoyo que necesitamos. Y también juzgándonos y criticándonos: hagas lo que hagas (como madre) siempre lo estás haciendo mal.

Especialmente es así si la mujer trabaja, además, fuera de la casa, ¿no? Muchas mujeres hablan del desgarro de sentir que lo hacen mal en todos lados. ¿Sintió que la gente en el trabajo no la veía igual después de ser madre?

Absolutamente. Y, de hecho, una de las razones por las que terminé trabajando independiente fue porque al volver a trabajar después de tener a mi segundo hijo volví a un puesto inferior al que tenía. Así que, sin duda, sentí que me trataban como si fuera inferior. Pero, de hecho, como con cualquier experiencia vital profunda, al convertirse en madre, criar hijos, aprendes mucho, creces como persona. Así que esta idea de que al volver al trabajo eres menos buena es injusta por muchísimas razones.

Su libro establece la diferencia entre la institución de la maternidad y la experiencia misma de ser madre. ¿Cómo se dio cuenta de esta diferencia y cuál es?

Una de las claves fue leer A Woman Born, de Adrienne Rich, quien distingue entre la institución de la maternidad y la experiencia de la maternidad. Me di cuenta de que mi experiencia como madre había sido, y sigue siendo, muy rica y profunda. He cometido muchos errores. He hecho cosas bien. He aprendido, he crecido. (Pero) la forma en que se juzga esa experiencia (desde dentro) es muy diferente a cómo se juzgaría desde fuera, desde la institución de la maternidad. Y creo que la experiencia de la maternidad, para mí, tiene mucho más que ver con la experiencia cotidiana. No se trata de cómo van a ser tus hijos ni de si los alimentas correctamente, o de si te aseguras de que realicen las actividades correctas; es una experiencia mucho más profunda y profundamente humana.

¿Qué pasa con la institución de la maternidad?

La institución, por otro lado, juzga, critica, no les da a las madres, niños y familias lo que necesitan. Es: “Ah, (cuidar) es algo natural. O depende (solo) de ti cómo se desarrollen tus hijos”. Eso libera a la sociedad de la responsabilidad de asegurar que los niños reciban una alimentación adecuada, educación, salud, todas esas cosas tan importantes.

¿Cómo ve este momento de la maternidad como institución, el Motherdom, en comparación con el pasado? ¿Hay una tendencia a exigir y exigirse aún más como madre?

Sí, creo que la presión sobre las madres se ha intensificado definitivamente y hay varias razones para ello. Social y económicamente vivimos en tiempos más precarios, entonces hay más competencia por los recursos, más presión sobre las personas. Y entonces las madres son un chivo expiatorio muy conveniente. Entonces, si tus hijos no consiguen buenos trabajos, es culpa de la madre. Además, las redes sociales son parte de esto. Las comparaciones que hay ahí sobre la maternidad perfecta… Y hay algunas cuentas en redes sociales donde se dice, “oye, mírame, esto me resulta difícil”, pero todavía están muy “curadas”, todavía son muy poco realistas. El escrutinio se ha vuelto más fuerte.

Y como usted escribe, el cuidado, en las mujeres, es algo a la vez devaluado y exigido…

Creo que una de las razones por las que esto es así es por esta idea de que las mujeres son naturalmente cuidadoras. Y si somos cuidadoras por naturaleza se espera que lo seamos. Así que, si no eres cuidadora, es que no te importa el resto. Y no se trata solo de la maternidad, sino también en nuestros trabajos, nuestras familias, nuestros grupos de amigos, se supone que debemos ser las que cuidamos de todos, las que recordamos los cumpleaños de la gente y todo ese tipo de trabajo emocional. Y si no lo haces, eres antinatural. Así es como se espera que sea. Pero también se devalúa porque es natural. Simplemente lo hacemos, como si fuera que seguimos nuestros instintos, no es como un trabajo elegido, no es un trabajo inteligente. Y estoy totalmente en desacuerdo con esa forma de pensar sobre el cuidado. El cuidado requiere emociones, pero también requiere intelecto y cerebro para cuidar de los niños y de otros miembros de la familia.

También escribe en su libro acerca de datos con “evidencia cocinada”, como la denomina, sobre qué es una buena madre… ¿Cuál es la más dañina de estas seudoevidencias sobre la buena maternidad?

Creo que es un punto general, y es que muchos de estos estudios vinculan los resultados de los niños, cómo les va en la vida, con lo que hacen sus madres. En cierta medida, está arraigada en (cierta) investigación la idea de que si haces X, entonces Y les sucederá a tus hijos. Creo que toda esta suposición es defectuosa, porque hay muchos factores diferentes que influyen en lo que pase con los niños. Y centrarse solo en lo que hacen las madres es una forma muy limitada de verlo. Algo sobre lo que escribí bastante en el libro, y que sigue siendo muy actual, tiene que ver con la neurociencia y el desarrollo cerebral, y esta idea de que las madres deben “moldear” el cerebro de sus hijos. Este trabajo se difundió por primera vez hace unos 20 años, y ha habido mucho desarrollo en el campo de la neurociencia, pero en cuanto a los consejos para los padres, y en particular para las madres, no se han actualizado en absoluto. Y la evidencia de que es necesario interactuar con el bebé de cierta manera, para desarrollar su cerebro, es completamente absurda. Se trató simplemente de reunir estudios aleatorios, estudios con ratas, y no hay ninguna base sólida. Y lo que estamos aprendiendo sobre el cerebro es que, en términos de desarrollo cerebral, hay un alto grado de genética, de azar. Así que la idea de que si miras a tu bebé a los ojos de cierta manera vas a construir una base cerebral sólida es un completo disparate. Pero nos deja con mucha culpa a las madres.

¿Cree que las generaciones más jóvenes no quieren tener hijos, en parte, porque creen que no pueden hacer, a la vez, trabajo y crianza, y ven a las mujeres de generaciones anteriores completamente agotadas y frustradas, con mucha culpa justamente?

Es una muy buena pregunta. Las generaciones más jóvenes ven a las mujeres en el trabajo culpables, agotadas, sintiendo que no están haciendo nada bien. En cuanto a lo que diría sobre la culpa, creo que, por un lado, es una parte inevitable de la maternidad; no creo que sea necesariamente algo malo. Es porque amamos a nuestros hijos y entonces nos preguntamos: “¿Estoy haciendo lo correcto?”. Queremos asegurarnos de que estamos haciendo lo correcto por ellos y para ellos. El problema con lo que llamo “mitos de la buena madre” es que el cuidado, el amor y el cariño se convierten en un arma. Ahí es cuando la culpa se vuelve realmente dañina e improductiva. Y habría que preguntarse: “Bueno, veamos por qué”. Nos culpamos fácilmente, pero no somos nosotras, es la forma en que está configurada la sociedad, es la forma en que está configurada la economía, es la forma en que está configurada nuestra cultura.

¿Qué les diría a esas mujeres que sienten esa culpa?

Diría que debemos pensar que es realmente muy difícil criar una familia con solo uno de los miembros trabajando, en primer lugar. En segundo lugar (les diría): eres una persona inteligente que ha trabajado duro y, sobre todo, si tienes un trabajo o una carrera que disfrutas, ¿por qué deberías tener que elegir entre tu carrera y tu familia? No se trata de tenerlo todo, sino de tener ambas cosas. Y yo diría a las personas que los hijos se benefician de tener padres que trabajan. Obviamente, económicamente (aunque que esto no aplica a todas las familias, ya que algunas familias trabajan los dos y viven en la pobreza). Pero si tu trabajo significa que tu familia no vive en la pobreza, eso beneficia a tus hijos. Y también es bueno tener ejemplos a seguir de madres y padres que trabajan. Creo que también les pasa a algunas mujeres y hombres que simplemente no quieren cuidar niños a tiempo completo. Simplemente no es lo que quieren hacer y creo que eso está perfectamente bien. En mi experiencia, ciertamente, aprecié más el tiempo con mis hijos cuando trabajaba, porque no pasaba todo el tiempo con ellos; personalmente, quiero estar en el mundo laboral adulto y ser estimulada intelectualmente y hacer todas las cosas que se obtienen al tener un trabajo.

Hablemos de la baja tasa de fecundidad que tiene Chile. ¿Cuál piensa que es una forma inteligente de abordar esto desde la perspectiva social? Porque es un tema que se puede usar como “arma” política muy fácilmente. Por ejemplo, culpar a las mujeres por no querer tener hijos, como si fuera su deber.

Me parece estupendo que las mujeres que no quieren tener hijos elijan no tenerlos, y que esa sea una opción de vida, porque no ha existido durante gran parte de la historia de la humanidad. Así que me parece estupendo. Y creo que para las mujeres que desean tener hijos, es un mal “negocio” ahora mismo, como hemos estado diciendo. ¿Por qué, si eres una mujer joven, tendrías un hijo ahora mismo si vas a ser juzgada y criticada, y no te van a apoyar? Te dicen que debes amamantar, y luego no te dan ningún apoyo, así que eso también puede ser increíblemente difícil. Si vas a trabajar, te critican. Si no vas a trabajar, te critican. Por eso, necesitamos hacer de la maternidad y la paternidad una mejor experiencia, tanto para los padres como para los hijos. Necesitamos mejorar las condiciones materiales de la maternidad y paternidad. No “medallas de mamás”, sino que necesitamos más apoyo, menos juicios. Así la vida familiar puede ser algo para disfrutar en lugar de sentirse como en una rueda de hámster, llena de presión, críticas, estrés y la sensación de que no se está haciendo nada bien. Y la solución no está solo en las mujeres, sino también en los hombres. Por eso, los hombres necesitan querer ser padres. Creo que es parte del debate, que no se aborda lo suficiente: cuánto desean los hombres ser padres.

Y por último, más allá de los estereotipos que describe en su libro, ¿qué es una buena madre y padre para usted, después de las reflexiones e investigaciones de su libro?

Empezaría diciendo que hay una gran diversidad en lo que significa ser una buena madre (y padre). No hay un plan para ser una buena madre. Se trata de cuidarlos y amarlos. Se trata de intentar hacer lo mejor que puedas en las circunstancias que tengas. Se trata de reconocer que cometerás errores. Se trata de aceptar la ambivalencia; no significa que no quieras a tus hijos. También se trata de protegerlos. Escribo bastante sobre eso en el libro y creo que no hablamos lo suficiente de eso. Se trata simplemente de intentar disfrutar al máximo del día a día con tus hijos y amarlos tal como son, aceptarlos tal como son. Creo que hay mucha presión para intentar moldear a nuestros hijos, para intentar que sean de cierta manera. Y nuestros hijos son quienes son. Y creo que ser un buen padre y madre se trata de aceptar eso. Y creo que, como escribí al final del libro, se trata de aceptar que si nuestros hijos están bien, nosotros también deberíamos estarlo.

Más sobre:MaternidadLT Sábado8MSociedadMadresMujerAlex BollenFamilia

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Plan Digital + LT Beneficios por 3 meses

Infórmate mejor y accede a beneficios exclusivos$6.990/mes SUSCRÍBETE