¿Cuáles son las clásicas películas ochenteras a las que Stranger Things les debe la vida?
Lo cierto es que este fenómeno global, existe también gracias al pasado, a esas películas ochenteras que marcaron el imaginario colectivo, con las que crecieron los hermanos Duffer y que seguro inspiraron su exitosa creación. Acá te lo contamos
El estreno de la quinta temporada de Stranger Things, dejó al mundo de cabeza. Expectativa mundial, millones de personas conectadas al mismo tiempo, lo que hizo que Netflix se fuera por unos minutos a su propio Upside down.
Pero lo cierto es que este fenómeno global, existe también gracias al pasado. A esas películas ochenteras que marcaron el imaginario colectivo, con las que crecieron los hermanos Duffer y que seguro inspiraron su exitosa creación.
¿Pero cuáles son esos clásicos de los 80, a los que Stranger Things les debe la vida?
Todo parte, inevitablemente con E.T., la película de 1982, nace de los sueños infantiles del propio Spielberg, y sin ella Stranger Things sería algo completamente diferente. El eco es evidente: Mike, Lucas Will y Dustin, recorriendo Hawkins en bicicleta, esquivando la ignorancia de los adultos y tomando el destino de su ciudad con sus propias manos.

Eleven, por su parte, es una suerte de niña ET, que nadie comprende en un principio, y que debe esconderse en el closet de sus amigos para poder sobrevivir. Los guiños a ET son directos: una peluca rubia, un vestido rosado, un disfraz de Halloween que se transforma en un escudo protector. La amistad como brújula moral, y esa mezcla de ternura y peligro que marcó el clásico de Spielberg y que la serie imprime en cada uno de sus episodios.
Los Goonies es otro ejemplo de esa mística ochentera, donde un grupo de amigos temerarios se lanza a una aventura que ningún adulto entendería. Además, tenemos el escenario ideal: una pequeña localidad costera, donde ocurre algo extraño y amenazante que entrega emoción a una vida demasiado plana. Y sí: es Hawkins, antes de ser Hawkins.

Los propios hermanos Duffer han dicho que la película es una brújula emocional para la serie, especialmente ahora, cuando los personajes ya no son niños, pero tampoco del todo adultos.
En esta quinta temporada, la verdadera batalla no será solo contra los monstruos del Upside Down, sino contra los propios miedos de crecer, separarse y dejar atrás lo que eran.
Hasta aquí hemos hablado de luz. Pero Stranger Things también necesita sombras. Y ese aporte viene del reino del terror, donde A Nightmare on Elm Street (1984) o Pesadilla, gobierna con mano afilada.
Cuando los Duffer empezaron a diseñar a Vecna, el villano que se roba la escena en la cuarta temporada y cuya presencia sigue expandiéndose como una grieta oscura hacia la quinta, pensaron inmediatamente en esos antagonistas que los traumatizaron de niños. Freddy Krueger era uno de ellos: un monstruo capaz de invadir sueños, de usar el miedo como arma, de hacer de cada sombra un presagio.

Vecna, retoma esa tradición. Es un enemigo psicológico, íntimo, que no solo destruye cuerpos, sino recuerdos, culpas, heridas que los personajes preferirían esconder. Si Freddy se metía en las pesadillas, Vecna se mete en la memoria y las fractura desde adentro. Su estética incluso recuerda, en ciertos detalles, a esos villanos ochenteros que parecían llevar el horror pegado a la piel.

La quinta temporada llega envuelta en un aura de misterio absoluto. Las redes arden, los fans diseccionan cada teaser como si descifraran un mapa al tesoro Goonie, y el Upside Down parece más vivo que nunca, listo para arrastrarnos a todos a su atmósfera espesa. Porque Stranger Things es un puente entre generaciones: un portal (sin necesidad de abrirlo con sangre) hacia esa época donde todo era más grande, más extraño, más emocionante.
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