América Latina acelera la búsqueda por la soberanía digital, pero enfrenta desafíos de infraestructura y gobernanza
Con brechas en el desarrollo de capacidades tecnológicas propias, la región apuesta por el código abierto para revertir este escenario y ampliar su autonomía digital.

Aunque la discusión sobre la soberanía digital se ha convertido en una prioridad en América Latina, la región aún enfrenta desafíos particulares para llevarla a la práctica. Datos del Digital Sovereignty Index del BRICS+ Tech Forum, señalan que si bien existen “servicios digitales públicos relativamente desarrollados, hay una dependencia estructural de hardware, nube y plataformas extranjeras”, lo que hace que la autonomía sea mucho más compleja.
En la práctica, la disponibilidad limitada de infraestructura de procesamiento, la concentración de grandes proveedores globales de nube y la necesidad de inversiones en conectividad y centros de datos figuran entre los principales obstáculos para los países de la región. Revertir este escenario, según los investigadores, requiere cooperación, sistemas alternativos, infraestructuras compartidas y marcos de gobernanza.
Es en este contexto que América Latina comienza a buscar un mayor control sobre sus datos, aplicaciones e infraestructuras críticas, encontrando en el código abierto un gran aliado para avanzar en su autonomía digital. “El control es la moneda más valiosa en la TI moderna. La soberanía es hoy una prioridad crítica que representa la capacidad de una organización o de un país para mantener el control sobre su trayectoria tecnológica, independientemente de cambios geopolíticos, restricciones externas o una dependencia excesiva de proveedores”, afirma Thiago Araki, director sénior de Tecnología para América Latina en Red Hat.
Código abierto: la base de la autonomía
Según el Foro Económico Mundial, la soberanía digital de un país se refiere a su capacidad para controlar su propio destino digital, lo que incluye los datos, el hardware y el software de los que depende, así como aquellos que desarrolla localmente. Por extensión, también significa que nadie fuera de la gobernanza del país puede controlar esa información o infraestructura, acceder a su tecnología o desactivar cualquiera de sus sistemas sin consentimiento, ni eludir sus regulaciones.
Esto significa que ya no basta con controlar dónde se almacenan los datos, también es necesario garantizar la gobernanza de los modelos, algoritmos, infraestructuras, cadenas de actualización de software e incluso de los mecanismos que operan sistemas críticos. El modelo open source surge como un camino sostenible hacia la autonomía nacional, al combinar transparencia, el acceso garantizado e irrevocable y la innovación impulsada por la comunidad.

“No estamos hablando simplemente de una preferencia, sino de una necesidad técnica”, explica Andrea Cavallari, Field CTO para América Latina en Red Hat. “El código abierto significa que la estructura de una tecnología no es un secreto comercial perteneciente a una corporación al otro lado del mundo”, añade.
Según la ejecutiva, el open source permite pasar del modelo de “caja negra” de las tecnologías propietarias a una “caja de cristal”, donde cada línea de código, cada plataforma o servicio ofrece transparencia y capacidad de auditoría. “Esto permite que una empresa o una nación verifique la postura de seguridad de su propia infraestructura sin necesidad de pedir permiso, proporcionando independencia operativa”, señala.
IA: el punto de inflexión
Un informe reciente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) señaló que “el 79% de los países con legislación sobre privacidad y protección de datos están preocupados por la soberanía digital”.
En América Latina, a medida que los gobiernos exploran el uso de la inteligencia artificial en diferentes ámbitos, aumentan los riesgos relacionados con la dependencia tecnológica, la protección de datos sensibles y la transparencia de los sistemas. “Si no controla la plataforma donde su IA es entrenada, ajustada y desplegada, no controla su negocio”, afirma Andrea Castellanos, sales manager para Chile en Red Hat.
“Al basar su estrategia en una plataforma abierta, obtiene auditabilidad, transparencia y la libertad de inspeccionar y modificar el código, ayudando a responder a necesidades operativas específicas y no a las de un proveedor”, agrega.
En los últimos años, Red Hat ha ampliado sus iniciativas orientadas a entornos de nube privada, nube soberana e IA soberana, con el objetivo de ofrecer a organizaciones y gobiernos un mayor control sobre sus datos y operaciones. Entre las capacidades anunciadas recientemente por la compañía se incluyen recursos para entornos aislados, gobernanza de datos, cumplimiento normativo y operación local de servicios críticos.

Para los especialistas de Red Hat, la soberanía digital va más allá de un proyecto tecnológico. Requiere políticas públicas, capacitación profesional, modelos claros de gestión de riesgos y mecanismos de supervisión para el uso responsable de la IA.
En este sentido, América Latina tiene una oportunidad única para construir una estrategia propia, equilibrando innovación, seguridad y desarrollo económico. La región puede aprovechar su transformación digital en curso para crear bases tecnológicas sostenibles, abiertas y alineadas con sus necesidades específicas.
El primer paso es comprender que la soberanía digital no se limita al cumplimiento de requisitos regulatorios. Se trata de una decisión estratégica para alcanzar la independencia, con la capacidad de mantener el control sobre datos, aplicaciones e infraestructuras críticas en un entorno volátil y cambiante.
“La soberanía digital es, en esencia, libertad de elección. Significa garantizar que gobiernos y organizaciones puedan decidir dónde ejecutar sus cargas de trabajo, cómo gestionar sus datos y qué tecnologías utilizar de acuerdo con sus objetivos estratégicos, y no debido a limitaciones impuestas por terceros”, concluye Thiago Araki, director sénior de Tecnología para América Latina de Red Hat.
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