La privatización de la moral

SEÑOR DIRECTOR:
El discurso del Presidente electo, José Antonio Kast, ante el foro ultraconservador de la Cumbre Trasatlántica en Bruselas ha provocado cuestionamientos respecto a la promesa de un “gobierno de emergencia”, su plataforma de campaña. Lo que para muchos parece ser un lapsus ideológico, en realidad inquieta, puesto que, en sintonía con su par de Estados Unidos, Donald Trump -quien días después de la captura del Presidente de Venezuela declaró que la única limitación a su poder global era su “propia moralidad”-, imagina la figura del Presidente como un péndulo moral basado en un poder individual y absoluto.
En este escenario, ya no existe un compás colectivo, sino una moral privatizada, que pone el destino de una nación en manos de un solo hombre. Puede parecer sutil, pero esta privatización de la moral dinamita los acuerdos sociales sobre los cuales las democracias se construyen.
Más del 60% de los ciudadanos estadounidenses están en contra de las redadas de ICE, las violentas políticas migratorias, las anexiones coloniales, la extorsión internacional vía tarifas y las amenazas de guerra de Trump.
Mañana domingo podremos ver en vivo un evento clave en la batalla cultural de Estados Unidos: el partido final del Super Bowl, en el estadio de Santa Clara, California. Y ya está dicho, Trump no solo romperá con la tradición presidencial de asistir al evento, sino que esta semana atacó abiertamente al cantante Bad Bunny, encargado del espectáculo de medio tiempo, a quien considera antipatriótico por cantar en español; esto, sin considerar que el en realidad llamado Benito Martínez Ocasio es oriundo de Puerto Rico, territorio anexado a Estados Unidos continental, lo que lo convierte en un ciudadano estadounidense.
Aprendamos de los errores del norte de nuestro continente; defendamos la cultura, la diversidad, las divergencias y nuestros valores colectivos. Porque como nos enseña el pensamiento postcolonial, la brutalidad del conquistador no solo oprime al colonizado, sino que también infecta la moralidad y, finalmente, destruye la humanidad del colonizador.
Valentina Rozas-Krause
Académica universidades de Michigan y Diego Portales
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