Por Felipe RetamalDeftones, rock emotivo y poderoso para las masas en Lollapalooza
Los rockeros de Sacramento remecieron el Banco de Chile Stage con su poderoso sonido de directo. Repasaron su reciente y celebrado disco Private Music, pero no escasearon los clásicos. Una fuerza que fue invocada desde temprano en el Parque O’Higgins y no defraudó.

Ya en la primera edición de Lollapalooza Chile, en el ya lejano 2011, Deftones se inscribió entre los artistas que hicieron historia con el experimento de llevar al festival por primera vez fuera de Estados Unidos (esa vez con la gira Diamond Eyes).
Quince años más tarde, los de Sacramento regresan a Lollapalooza con la madurez de rockeros experimentados que no tienen nada que perder. Ese es el ánimo que cruza a Private Music, su celebrado álbum publicado en 2025. El hito se celebra desde temprano. Los “olé, olé, olé, Deftones, Deftones”, en cántico de cancha, se escucharon desde temprano en el Parque O’Higgins.
Un suspiro antes de las 21:00 comenzó a sonar el riff de Be quiet and Drive (far away), un clásico que agita cabezas entre los adolescentes que los han descubierto por TikTok, los veteranos de los primeros años 2000 y los distraídos que no pueden evitar verse envueltos por la energía del rock denso y vulnerable del grupo.
Las guitarras de Stephen Carpenter suenan con el peso habitual en el Banco de Chile Stage, mientras Abe Cunningham despliega en la batería su habitual solvencia y eficiencia en los diferentes beats por los que pasa en una sola canción (por ejemplo en locked club). Y por su lado Chino Moreno es una vulnerabilidad cargada de garra. “Gracias”, lanza, seco y suave a la vez.

Buena parte del set se concentra en Private Music. Una buena oportunidad para escuchar en vivo temas como ecdysis, la machacante cut hands y la poderosa my mind is a mountain. Suenan con la agresividad propia del grupo y sobre todo la última parece crecer en vivo. Más con el fiato que han ganado con la carretera.
También pasan por su material de mediados del milenio, como Diamond Eyes o Sextape, conocidas igualmente por el público más joven. La oscuridad emotiva y agresiva a la vez de sus riffs se complementa con las imágenes de erupciones, fantasías nocturnas y tomas de bosques en contrapicado, como invocando su enigmático peligro. Chino Moreno aparece difuminado en las pantallas, o contrastado en blanco y negro.
También hay espacio para algunos clásicos. El karaoke comienza apenas Carpenter toca las primeras notas de Change (in the house of flies), y explota en el estribillo. Mientras, unos niños hacen air guitar y agitan sus cabezas como remecidos por la experiencia de sentir rock directo. El cierre a lo alto con Cherry Waves, My Own Summer (Shove It) y 7 Words, coronó uno de los buenos momentos de la jornada. Quizás se extrañó algún tema más de White Pony.
El regreso de Deftones, en un año en que Lollapalooza se reencontró con su historia fue un guiño necesario ante un cartel más inclinado al público juvenil. Más con un disco que los muestra en buena forma y un directo que no pierde fibra rockera ni intensidad emocional.
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