Culto

Premio Pritzker: ¿Por qué un país tan chico tiene arquitectos tan grandes?

Lanzado en diciembre de 2025, el penúltimo número de la revista El Croquis (el 232), una de las publicaciones de arquitectura más importantes del mundo, estaba dedicado a Smiljan Radic. Más de 300 páginas de papel couché hablaban de su obra entre 2019 y 2025. ¿Por qué sólo ese corto período de siete años? Porque El Croquis ya había publicado dos monografías suyas: el número 199, que abarcaba entre 2013 y 2019, así como el 167, que iba desde 2003 hasta 2013. Que El Croquis lleve tres monografías publicadas de Smiljan Radic en poco más de una década permite entender que este exalumno de la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) era reconocido internacionalmente hace rato y que el Premio Pritzker sólo hará crecer su reputación.

Radic era “candidato” al Pritzker hace años y en las votaciones en sitios de arquitectura acerca de quién podría ganar el premio siempre aparecía entre los favoritos. Su presencia en innumerables revistas internacionales de arquitectura (2G, A+U, AD, Arquitectura Viva, Casabella), obras de carácter global como el pabellón para la Serpentine Gallery (2014) y las más de 40 tiendas para la marca de lujo Alexander McQueen suman argumentos para dejar muy claro que Radic no es un arquitecto desconocido que sorprendió al mundo con el Pritzker y, quizá más relevante aún, que Chile hace rato dejó de ser sólo un país de poetas.

Somos un país de arquitectos con impacto internacional. Especialmente desde principios de los 90. “El pabellón chileno de la Exposición Universal de Sevilla (1992) fue un parteaguas; un antes y un después, donde la arquitectura, como representación cultural de un país, salía a lucirse para dejar atrás los momentos precedentes -la dictadura, el posmodernismo- y mostrar con confianza sus propios potenciales”, explica Miquel Adriá, figura fundamental de la arquitectura latinoamericana contemporánea, quien escribió estas palabras en la introducción del libro Blanca Montaña, Arquitectura en Chile (Ediciones Puro Chile, 2011).

Adriá agrega que “después de una constante existencia marginal, (Chile) irrumpe con la arquitectura más interesante y original de todo el continente americano”. Y enfatiza que se trata de un “tiempo en que la arquitectura chilena -resultado de una economía sumamente estable y una sólida estructura académica- ha dado sus mejores frutos”.

Hitos arquitectónicos

Revisemos algunos de los hitos de estas casi cuatro décadas, antes de abordar el tema académico. En 1990, uno de los grandes arquitectos de nuestro país, Cristián Undurraga, ganó un importante galardón internacional: el Premio Andrea Palladio por la denominada “Casa del Cerro” (1990).

Al año siguiente, el arquitecto Mathias Klotz levantó la casa Germain. Ubicada a mitad de camino en la playa grande de Tongoy, se transformó en un ícono de la cultura arquitectónica. “La obra desafía las reglas del marketing acerca de cómo hacerse conocido con una casa pequeña, de madera y de un mínimo costo de construcción”, explicó el arquitecto Pablo Altikes en la revista ED.

Viviendas sociales, de Alejandro Aravena, en Iquique.

Eso llevó a que Klotz sea el primer arquitecto chileno en protagonizar un número monográfico de una publicación internacional, lo que ocurrió en 1997 con la revista GG Portfolio. En la misma editorial Gustavo Gili (GG) publicó en 2002 una segunda monografía de Mathias Klotz, esta vez en el número 26 de la revista 2G, una de las más influyentes del mundo.

Ese mismo año, la revista Arquitectura Viva, en su número 85, presentó un especial titulado “Último Chile. Paisajes próximos de una arquitectura remota”, en cuya portada apareció el hotel Explora del arquitecto Germán del Sol, en San Pedro de Atacama. También en 1997, la revista italiana Casabella, en su número 650 de noviembre, publicó un especial sobre la arquitectura de Chile con un texto del arquitecto y académico Fernando Pérez Oyarzún, donde explicó la arquitectura nacional desde sus orígenes.

Cuatro años antes, la destacada arquitecta Cazú Zegers ganó el Gran Premio Latinoamericano de Arquitectura en la Bienal de Buenos Aires por su Casa Cala. El año 1998 es uno en que se siembra un árbol que dará frutos. La PUC le encargó al arquitecto de esa casa de estudios el diseño de la Facultad de Matemáticas en el Campus San Joaquín. Sería el primero de varios edificios de Alejandro Aravena en ese lugar, todos anteriores al Premio Pritzker, que ganó en 2016. Perfecta excusa para hablar de la academia. Y, en especial, de lo que se ha venido incubando en la Escuela de Arquitectura de la PUC.

Lo Contador

Piense en esta proporción: de los 55 arquitectos que han recibido el Pritzker, los que se reparten en más de 20 nacionalidades y donde sólo hay cinco países con más Pritzker que Chile (Japón, Estados Unidos, Inglaterra, Francia y China), dos son chilenos, ambos son exalumnos del Campus Lo Contador y apenas los separan dos años.

Es probable que la Escuela de Arquitectura de la PUC sea la que tiene más exalumnos Pritzker en el mundo. Y eso no es suerte. Es una combinación de varios factores. El más importante es el que se refiere a los profesores de esta camada de alumnos brillantes: Montserrat Palmer, Fernando Pérez Oyarzún y Teo Fernández. Ya sea a través de la revista ARQ, que funda Palmer; los libros (Los hechos de la arquitectura, 1999) y obras dentro de la universidad en que Pérez Oyarzún invita a participar a Alejandro Aravena y José Quintanilla (Facultad de Medicina, Centro de Extensión del Campus Oriente); o el aprendizaje en las aulas, así como en la oficina de Teo; es este círculo virtuoso de grandes profesores, que se suma a una editorial como ARQ y a las obras que se construyen al interior de los campus, el que logra producir una generación dorada.

Nico Saieh

Hay que sumar los vínculos internacionales de los mismos educadores de la Escuela de Arquitectura UC. Fernando Pérez Oyarzún cuenta en una entrevista que él “había sido invitado a enseñar a la Universidad de Harvard en 1990 y tenía contactos allí. Tal vez por esa razón y porque a finales de los 90 los jóvenes arquitectos chilenos comenzaban a destacar internacionalmente, el decano del Departamento de Arquitectura de Harvard me llamó y me dijo: los arquitectos chilenos se están destacando mucho, a mí me gustaría que alguno de ellos viniera para acá. Me pidió sugerencias y le di una lista para que escogieran; la encabezaba Alejandro (Aravena), pero también sugerí allí a Smiljan Radic, Mathias Klotz, Sebastián Irarrázaval y Albert Tidy. Finalmente eligieron a Alejandro, y creo que eso fue muy importante para que él asumiera una dimensión internacional y para que estando en Harvard mirara Chile y le surgiera con fuerza la preocupación por la vivienda social”.

Volvamos a los arquitectos chilenos que deslumbran al mundo. En 2007 la revista 2G, en su número 44, publicó una monografía sobre Smiljan Radic. En 2010, en el número 53, el turno fue de Cecilia Puga. Y en 2012 le tocó el número 61 a Pezo von Ellrichshausen, una oficina que desde Concepción se hace global.

En 2014, los “Pezo”, como se les conoce, ganaron un premio que todo arquitecto quisiera: el Mies Crown Hall Americas Prize (MCHAP), en la categoría Arquitecto Emergente, por su casa Poli. Este premio los catapultó a la fama internacional. Algunos años antes, en 2008, otro grande de la arquitectura, como lo es José Cruz Ovalle, autor de los campus de la U. Adolfo Ibáñez y la mayoría de los hoteles Explora, fue galardonado con el Premio Internacional de Arquitectura en Madera, “Spirit of Nature”, que otorga cada dos años la asociación finlandesa ‘Puu kulttuurissa’ (La madera en la cultura).

Pepe Cruz se transformó en el quinto ganador del premio, que antes recibieron arquitectos tan destacados como Renzo Piano, Kengo Kuma y Peter Zumthor. Ese mismo año, la oficina Sabbagh Arquitectos ganó el premio “World Architectural Festival” por el edificio corporativo DUOC, en la categoría “Edificio de oficinas”. Nos movemos a 2015 y recordamos a Cristián Undurraga recibiendo la medalla de plata en la categoría de “Arquitectura y Paisaje” por el Pabellón de Chile en la Expo Milán 2015.

En esa misma época, el sitio web chileno Plataforma Arquitectura (hoy Archdaily), fundado por David Assael y David Basulto, se transformó en la plataforma de arquitectura más visitada del mundo. Y Constructo, proyecto de Jeannette Plaut y Marcelo Sarovic, ya llevaba varias ediciones del YAP Constructo, evento anual que organizan con el MoMA de Nueva York. Se nos quedan afuera muchos premios, publicaciones, obras, nombres e incluso héroes de la arquitectura (como Eduardo Godoy con Ocho al Cubo), pero es por algo: hay demasiada evidencia para demostrar que lo de Aravena y Radic no son hechos aislados. Chile es hoy una potencia de la arquitectura.

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