Culto

Siempre es hoy: no hay pasado en la música

“Grabamos” la música en el pasado continuo, pero cuando ponemos “play” siempre estamos en el presente.

Funkytown (1980) es una canción de evidente vocación festiva cuyo riff en la introducción es casi un cliché de la música bailable. Sin embargo, cuando era niño me daba terror. Tengo muy claro por qué: en algún momento de los 80, en ese tiempo sin ley en que la publicidad chilena no pagaba derechos de autor, la canción fue usada en un spot televisivo que partía con un plano cerrado en los ojos de una persona sobre la que se alternaban luces rojas y azules que, con la música, evocaba un ambiente de discoteca. Luego el plano se abría para revelar a una persona inerte, con las luces de la ambulancia reflejándose en ella. Era uno de esos comerciales del Comité Nacional de Educación del Tránsito que remataban con un “cúidese, queremos que usted viva”. Pero con toda su buena intención, en un niño chico que probablemente estaba viendo televisión en horario de mayores provocó una asociación aterradora e indeleble.

Recordé esta anécdota trivial después durante el episodio de ayer de Viernes de Culto en el streaming de La Tercera con Sergio Lagos, como siempre junto a Claudio Vergara. A propósito del espectáculo que está presentando junto a sus músicos, Musicalismo, en el que interpreta versiones de clásicos de la música popular chilena, el también animador reflexionaba sobre el poder de la música para evocar sentimientos profundos en cada individuo. Contó que en alguna interpretación de Baño de Mar a Medianoche, el clásico de Cecilia, le presentaron a Muriel,una señora mayor con un avanzado Alzheimer que con el estímulo de la canción pareció volver a ser la de antes, encantada. El poder de la música en personas con enfermedades neurodegenerativas ha sido ampliamente documentado. Hace unos cinco años, el video viral de Marta Saldaña una anciana española postrada que había sido bailarina de ballet y que comenzaba a recrear los pasos de El Lago de los Cisnes cuando le ponían audífonos con la obra de Tchaikovsky conmovió a todo el mundo y de paso dio a conocer el trabajo de la organización española Música para Despertar. El neurólogo y gran cronista inglés Oliver Sacks cuenta historias similares en relatos como Reminiscencia (1985), El último Hippie (1995) y en su libro Musicophilia (2007).

“Cuando “recordamos” una melodía, esta suena en nuestra mente; cobra nueva vida. No se trata de un proceso de rememorar, imaginar, ensamblar, recategorizar o recrear, como ocurre cuando se intenta reconstruir o recordar un acontecimiento o una escena del pasado”, escribe Sacks. “Evocamos una nota a la vez y cada una llena por completo nuestra conciencia, aunque, simultáneamente, guarda relación con el conjunto”, concluye. En cualquier valoración o profundidad de la experiencia con la que musicalizamos una memoria, ésta cobra vida de un modo que no se compara con cualquier otro tipo de recuerdo. “Grabamos” durante toda nuestra vida, pero cuando ponemos “play”, siempre es hoy.

A veces la idea te atrapa. ¿Qué circunstancial elección en la radio del auto, por ejemplo, se alojará en la corteza y subcorteza cerebral de mi hija y con qué lo asociará? A veces, también, la idea te libera y, por unos minutos, en el presente, alguien está de vuelta en el asiento trasero de tu auto coreando Mi Equilibrio Espiritual.

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