A cien años de su naufragio, dos nuevas teorías explican por qué se hundió el Titanic
<P>Astrónomos afirman que inusual cercanía de la Luna generó mareas que arrastraron iceberg en su ruta. </P>

El 14 de abril de 1912, 20 minutos antes de la medianoche, el vigía Frederick Fleet avistó un iceberg a sólo 500 metros de distancia. Desesperado, tocó la campana de alerta veces y llamó al puente de mando. "Iceberg, derecho al frente", gritó. El primer oficial William Murdoch intentó evitar la colisión, girando todo el timón a babor, y dando marcha atrás, fatal decisión, pues el barco no pudo virar con la fuerza requerida.
A 100 años del naufragio, persiste la incógnita de por qué el trasatlántico no advirtió el iceberg a tiempo. Hoy dos nuevas teorías ayudan a entender el accidente.
Una de ellas, elaborada por astrónomos de la U. Estatal de Texas (EE.UU.) explica porqué había tantos iceberg en la ruta del barco. De hecho, el capitán modificó su trazado original alertado de una flota de iceberg a la deriva.
Según los expertos, en 1912, año del hundimiento, se produjo una fatídica alineación entre el Sol y la Luna, que generó mareas altas, que permitieron a estas masas viajar sin control por el Atlántico.
Según los expertos, el pirigeo de ese año (la máxima cercanía de la Luna con la Tierra) fue el más extremo de los últimos 1400 años, que se sumó además a la mayor proximidad de la Tierra y el Sol (perihelio), fenómenos que combinados potenciaron la energía gravitacional sobre el planeta, generando un fenómeno conocido como "marea de primavera".
Según los expertos, la mayoría de los icebergs que asolan el Atlántico provienen de glaciares de Groenlandia, muchos de los cuales se atoran en las aguas poco profundas frente a las costas del norte de Canadá. Normalmente, los icebergs permanecen en el lugar y no pueden reanudar su ruta hacia el sur hasta derretirse lo suficiente como para liberarse del fondo marino.
Pero la marea inusualmente alta en enero de 1912 habría sido suficiente para desalojar a muchos icebergs y moverlos hacia el sur, donde uno de ellos provocó el fatídico encuentro.
Ilusión óptica
La otra teoría apunta a un inusual fenómeno atmosférico ocurrido durante la noche del 14 de abril de 1912, que explica por qué la tripulación del Titanic no advirtió a tiempo el iceberg y por qué, luego del accidente, otras embarcaciones no acudieron rápidamente en su socorro.
Según Tim Maltin, historiador británico, en momentos en que el barco transitaba desde las aguas tibias de la corriente del Golfo hacia las aguas heladas de la corriente del Labrador, se habría producido un fenómeno de inversión térmica, caracterizado por un enfriamiento de las capas de aire más cercanas a la superficie, las cuales quedan "atrapadas" bajo capas de aire más tibio. "La inversión térmica refracta la luz anormalmente y puede crear un espejismo: los objetos aparecen más altos y cercanos de lo que realmente están", explica Maltin a Smithsonian Magazine. Esto generaría un "falso horizonte" y el espacio entre este y el real es ocupado por una neblina, que oculta la presencia de elementos como un bloque de hielo.
El fenómeno, sumado a la ausencia de luz de luna y de oleaje, habría camuflado la presencia del iceberg. Así, el vigía del buque alertó sobre la masa de hielo a sólo 500 metros de distancia, demasiado tarde para esquivarla.
Esta situación también explicaría uno de los hechos más controvertidos del naufragio: por qué el Californian, un barco a pocas millas de distancia, no prestó auxilio inmediato. Según Maltin, el espejismo causado por la inversión térmica habría impedido a la tripulación del Californian ver con claridad las bengalas de auxilio del Titanic.
El resultado de su investigación se resume en Una noche muy engañosa, libro que será lanzado en abril en versión iPad y Kindle. Además, National Geographic y The Smithsonian Channel produjeron el documental "Titanic's Final Mystery", que será lanzado el 15 de abril, justo cuando se cumplen 100 años de la tragedia.
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