Diario Impreso

Animales muertos, hombres solos

<P>Juan Pablo Roncone publica su primer libro, <I>Hermano ciervo</I>. </P>

Hombres jóvenes observan el mundo con una mezcla de frialdad y deseo. Viven vidas corrientes hasta lo anodino, a veces sólo se dedican a sacar canciones en la guitarra, masturbarse y ver tele; otras, hacen esfuerzos por saber más de seres que supuestamente debieran querer, para descubrir que no los quieren tanto, y que más que hacia un encuentro van derecho a la destrucción. Juan Pablo Roncone (28 años) ha creado en Hermano ciervo, su primer libro, ocho cuentos que ofrecen paisajes humanos donde la comunicación y el afecto se desdibujan en el esfuerzo perdido por construir una historia personal con sentido. En ellos la imagen final recurrente, triste o velada, es parecida: un animal muerto, sea un canguro, un pato o un ciervo.

Uno de los narradores, aspirante a escritor como varios otros, explica bien el tono y estructura de estos relatos: recomienda leer "historias dispersas y fragmentarias, como suelen ser las buenas y verdaderas historias". Roncone explica que esta dispersión es propia de la primera persona: "Me parece que no puede aspirar a la objetividad ni a la totalidad, sino que a la subjetividad, y esa subjetividad está expresada en el libro a través de historias que son así, dispersas y fragmentarias", señala. El yo es parcial, entrecortado, incapaz de verse, aunque lo intente todo el tiempo. La escritura precisa, las descripciones sobrias y las conversaciones de frases sueltas marcan una narración que se sucede en las escenas que este yo fragmentario controla sin tregua, hasta que la violencia y la muerte equilibran su poder. A veces este cálculo hace perder el ritmo, problema en que no cae el cuento que da nombre al libro, uno de los más logrados.

Sea un mal pololeo, una amistad ocasional basada en el ajedrez, dos hermanos que no se conocen, un padre que pierde a su hija y un hijo que busca a su padre, todos los hombres de Roncone tienen relaciones imposibles que parten desde una intensidad desgastada: "En la mayoría de estos cuentos hay una especie de hermandad o reunión entre gente que está sola y que intenta salir adelante", señala. "Esa concertación de personas a veces es muy intensa y desemboca en el cariño o en el amor, sobre todo porque los personajes se ven enfrentados a situaciones adversas. Sin embargo, en casi todos los cuentos del libro, esas relaciones suelen diluirse o destruirse, y ahí me interesa la imposibilidad de relacionarse con otros".

Roncone dice no identificarse con los escritores de su generación; tampoco los ha leído mucho. Sí se declara lector de un grupo variopinto: además de Natsume Soseki, Bolaño y Denis Johnson, destaca la voz y la energía de Céline, las estructuras y la extrañeza de Murakami, y los personajes y diálogos de Salinger. Tras su debut, empezó a trabajar en una novela para "intentar otro ritmo, otra respiración, una construcción más extendida", dice. Intuye que mantendrá los temas y el estilo de estos cuentos, en los que el suicidio de un hermano se cierra en la imagen de un ciervo muerto.

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