Chile se pone ético
<font face="tahoma, arial, helvetica, sans-serif"><span style="font-size: 12px;">La organización sin fines de lucro Ethical Traveler incluyó a Chile en su lista de destinos más éticos del 2014, una tendencia que ya ha dejado de ser emergente y se ha transformado en abiertamente popular en varias partes del mundo. ¿Pero qué significa hacer un turismo ético y cómo lo estamos logrando? Y, lo más importante, ¿por qué todos deberíamos practicarlo?</span></font>
“Un pequeño detalle, un pequeño regalo en tu maleta: una lista de útiles escolares para los niños de la escuela de la Comunidad Indígena de Quinquén, en la comuna de Lonquimay, Región de la Araucanía. Todos los turistas que viajan con Darwin’s Trails (www.darwinstrails.com) son invitados a aportar con este detalle a través de la página Pack for a Purpose (www.packforapurpose.org), que organiza a distintos tour operadores del mundo, que a través de esta sencilla acción filantrópica buscan “devolverles la mano” a las comunidades que reciben a sus viajeros.
Este tipo de acciones, y muchas otras más que se están desarrollando en el país, le permitieron a Chile ser parte del “top 10” de los destinos más éticos del mundo este 2014, según la organización Ethical Traveler (www.ethicaltraveler.org). ¿Las razones? Lugares como la famosa reserva Huilo-Huilo, enfocada en la sustentabilidad y que da trabajo a personas de la misma localidad, la creación de nuevos parques y reservas marinas protegidas, el hecho de que el informe de derechos humanos de la ONU haya consignado que Chile ha hecho “sustanciales avances”, como por ejemplo la ley antidiscriminación, la decisión de tramitar finalmente una ley para proteger los glaciares y el anuncio del gobierno de incrementar en 20% las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) para el 2025 son parte de las razones.
Sin embargo, Michael McColl, representante de la organización, advierte: “Chile estuvo a punto de ser excluido de la lista por el uso de la ley antiterrorista en comunidades indígenas mapuches. Pero sabemos que ningún país es perfecto y reconocemos que Chile ha hecho grandes avances respecto a la proteción medioambiental, el bienestar social, los derechos humanos y la protección animal, que son los parámetros que ocupamos para elaborar el ranking”.
Tanto los tour operadores como el gobierno han tomado nota de este reconocimiento. En esta misma línea, la Subsecretaria de Turismo, Javiera Montes, anuncia que el próximo 20 de junio el Secretario General de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Taleb Rifai, visitará el país y la industria nacional firmará el Código Ético Mundial del Turismo, que fue elaborado en 1999, precisamente en Santiago de Chile, por la OMT y la ONU. “Estamos conscientes de una tendencia que nos motiva a avanzar a un turismo ético y responsable”, agrega Montes. En ese sentido, iniciativas como el “Sello S”, que distingue a los alojamientos sustentables (ya son 48 en el país) y el programa PITS (Programa de Innovación de Turismo Sustentable) apuntan en la misma dirección.
Y los parámetros para cumplir con este código no son pocos: luchar contra la explotación de cualquier ser humano, especialmente de los niños, salvaguardar el entorno natural para alcanzar un crecimiento económico sostenible, integrar a las comunidades en la planificación turística local y garantizar los derechos de los trabajadores, están entre las numerosas exigencias. Es reconocer que “el turismo es un instrumento positivo para aliviar la pobreza y mejorar la calidad de vida de todas las personas”, consigna el código de 1999.
¿Ético, responsable, sustentable?
La pregunta, entonces, es qué significa en concreto ser un turista ético. “Es tener la conciencia de que todo turismo genera un impacto y buscar a través de tus propias acciones como viajero maximizar las acciones positivas y minimizar las negativas”, dice McColl. “Simplemente se trata de un turismo que es beneficioso para todos, para los viajeros, pero también para los lugares y personas que se visitan”, agrega Karen Simmonds de Travel Matters (www.travelmatters.co.uk), un tour operador ubicado en Londres que reúne iniciativas de turismo ético de todo el mundo. Agrega que Chile, por sus destinos naturales casi sin intervención y por su esfuerzo por incluir a las comunidades locales en el trabajo turístico, se muestra como un interesante destino para sus clientes.
Cualquiera sea el concepto que quiera dársele, quienes trabajan en este rubro tienen claro que el turismo es una industria fuerte y que por ello su poder de cambio también lo es. Es la segunda más grande del mundo después del petróleo, con un gasto por sobre el billón de dólares. Temas como el precio justo, el respeto por los derechos humanos, la protección del medio ambiente dejaron de ser, entonces, una cosa “de moda”, algo que podía darle a un destino cierto estatus, sino una preocupación necesaria.
Por esto, el turismo ético mezcla el turismo comunitario, sustentable, científico y muchísimas otras variables más. “Ser un viajero responsable es preocuparte por el territorio que visitas, su gente, su patrimonio cultural y su medio ambiente. Una forma de contribuir al desarrollo local es a través de la contratación de servicios desarrollados por las culturas locales”, agrega Juan Ignacio Marambio, de Travolution (www.travolution.org), organización que se dedica a levantar proyectos de este tipo en el país, como la comunidad de Llaguepulli en el Lago Budi, la Ecored Lickan Antay en San Pedro de Atacama y otras iniciativas en Huasco, la costa de la región del Maule y muchas más.
En el caso de WWF Chile (http://chile.panda.org) se trabaja con el concepto de “ecoturismo comunitario”, donde la comunidad local tiene un control sustancial del desarrollo de la actividad y una importante proporción de los beneficios se quedan ahí. Con esto, agrega María Elisa Arroyo, encargada de desarrollo económico y local y microempresas rurales de WWF Chile “se busca también la mitigación de los impactos negativos sobre los recursos naturales, culturales y económicos generados por la actividad turística”. Ejemplo de esto es el trabajo hecho en la zona de Quellón con un proyecto de Innova Corfo para el turismo científico y de intereses especiales, y la Reserva Costera Valdiviana, donde las comunidades locales han sido involucradas como socios en una iniciativa de conservación privada y han podido beneficiarse comercializando productos locales, prestando alojamiento y trabajando como guías.
No es suficiente
Hace algunos meses Jorge Moller, de Darwin’s Trails, estuvo en Brasil, particularmente en la zona de Pantanal, observando cómo la crianza de ganado ha destruido los bosques. Allí se realizó la reunión anual del Global Sustainable Tourism Council (GSTC), específicamente en la localidad de Bonito, en el estado de Mato Grosso do Sul, y el nuevo concepto que empezaba a levantarse con fuerza era el de “turismo regenerativo”. ¿La razón? Ya no sólo hay que proteger los lugares en peligro, también hay que levantar los que ya fueron destruidos.
En Bonito se trabaja actualmente con los hacenderos para hacerles entender el valor de sus bosques e incluirlos en las actividades del turismo, por ejemplo, desarrollando carne orgánica. Algo similar se está haciendo en la Región de la Araucanía con el proyecto “Araucanía sostenible”, que ya tiene 20 asociados y busca recuperar zonas que se han visto fuertemente afectadas por la industria forestal.
“Esto es una respuesta a lo que está pasando en el planeta. Ya no nos alcanza sólo con ser sustentables, responsables, etc. Tenemos que hacer más y tenemos que hacerlo todos, no sólo un hotel, un tour operador de la zona, un turista. Este es un trabajo en conjunto, porque de otra forma en 50 años ya no habrá nada para mostrar”, dice tajante Moller.
Aunque a nivel de políticas públicas, quienes trabajan en turismo en Chile reconocen que se ha avanzado, tienen presente que aún falta mucho por hacer. “Hoy en día el turismo es concebido principalmente como una herramienta de fomento productivo, pero debemos mirar mucho más allá si queremos que el turismo no nos juegue una mala pasada en el futuro”, agrega Marambio. “En Travolution siempre que iniciamos nuestros proyectos en comunidades partimos preguntando: ¿cómo quieren que sea su territorio en 20 o 30 años más? Y luego ¿cómo puede contribuir el turismo a ello”.
Y es que hacer el bien, hacer las cosas bien, nos hace sentir mejor a todos, reflexiona Michael McColl. “Es mucho más gratificante viajar con sentido. En Ethical Traveler creemos que la mayoría de la gente es buena y quiere hacer un bien. Mientras más entiendan del impacto que provocan cuando viajan, más preocupados estarán de amortiguar ese impacto”. Por esto mismo, se apresura a aclarar que un turismo ético no tiene en ningún caso que ser más caro. Al contrario, viajando bajo la premisa de pagar “el precio justo” y dándole la oportunidad a alojamientos familiares, incluso se puede ahorrar. Además, agrega, se consigue una experiencia mucho más auténtica, lo que sobre todo los jóvenes valoran muchísimo.
Como agrega Karen Simmonds, cada una de nuestras acciones, por muy pequeñas que sean, pueden hacer una diferencia. “A donde quiera que vayas, conversa con los locales, las personas que trabajan en los hoteles, e incluso las autoridades, para tomarle ‘el pulso ético’ al destino que estás conociendo. Recuerda siempre que tus acciones provocan un impacto y que puedes generar un cambio positivo a cualquier lugar del mundo donde estés”.
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