El adiós de Pareja, el embajador de las cuerdas separadas
<P>Tuvo que administrar las relaciones entre Perú y Chile en su momento más tenso. El diplomático limeño Carlos Pareja Ríos pondrá fin a su misión tras cinco años y medio en Santiago, el período más difícil que -dice- le ha tocado vivir, marcado por el litigio en la Corte de La Haya.</P>
Para Carlos Pareja Ríos este 28 de julio será muy diferente. Será la última vez que el embajador de Perú en Chile encabezará los actos de celebración del día nacional de su país en Santiago, como lo hizo durante seis años consecutivos. El 1 de agoto, el representante del gobierno limeño, de 61 años, viajará de regreso a Perú, poniendo fin a la gestión más difícil de su extensa carrera diplomática. Y es que su paso por Chile estuvo marcado de inicio a fin por el litigo por los límites marítimos en la Corte de La Haya.
Pareja aterrizó en Santiago los primeros días de abril de 2009, en un momento especialmente delicado. Dos semanas antes de asumir la embajada, Perú había presentado la memoria de su demanda ante al Corte de La Haya. La respuesta chilena, a lo que se consideró un acto inamistoso, fue congelar la agenda política, cultural y social con Perú. El nuevo embajador debía romper el inmovilismo y su principal misión en Chile era generar las confianzas necesarias para que el juicio no terminara por quebrar la relación bilateral.
Ahora parte de regreso a Lima con el fallo en su etapa final de ejecución, pero cuando aún los ecos del conflicto judicial siguen resonando a ambos lados de la frontera, esta vez por un pedazo de desierto a orillas del mar de menos de tres hectáreas.
¿Se va satisfecho?
Sí, dejo una relación diversa, intensa con muchos elementos que la fortalecen. Pero me voy con sentimientos encontrados, porque regreso a mi país después de casi cinco años y medio a reencontrarme con mi familia, con mis hijos, eso es algo que estimula el retorno. También porque ha sido un período muy intenso, de mucho trabajo, de mucho pensar. Cada paso que he ido dando ha sido con mucha reflexión.
¿Le hubiese gustado retornar a Lima con el tema de La Haya totalmente cerrado?
La parte fundamental, que es la determinación de la cartografía marítima, ya está terminado, están las actas firmadas y vamos a hacer un acto formal en la Cancillería peruana. Falta por cumplir por ambos países con algunos detalles. En el caso peruano faltan dos leyes que ya están en el Congreso, ya se aprobaron en la Comisión de Constitución -la ley de líneas de base y la ley de las comunicaciones para el cableado submarino- y ahora falta la Comisión de Relaciones Exteriores, y el pleno. No sé si se podrán aprobar en esta legislatura, pero esa es la intención. Mi tarea está cumplida en el sentido que se ha hecho lo fundamental: la cartografía y el proceso de seis años en que se puso pasión y fuerza en la defensa de los intereses peruanos, pero siempre con respeto a la posición de Chile.
Usted fue embajador en España, en Suiza y también fue director de protocolo. ¿Esta fue su misión más compleja?
Sí, evidentemente. Esta ha sido la misión más delicada que he tenido, pero me sirvió mucho la experiencia que ya había tenido como funcionario. En Chile inicié mi carrera, estuve en una época muy delicada -la conmemoración del centenario de la Guerra del Pacífico- donde se trabajó mucho para que fuera conmemorada de una manera muy sobria, con actos que buscaran unir y no desunir. Desgraciadamente hubo un caso de espionaje que echó todo por la borda y se entró en una etapa de enfriamiento de las relaciones. Después estuve entre el 93 y 97 como número dos de la embajada, en la época en que se negociaron las convenciones de Lima que después no fueron ratificadas por el Congreso peruano y después fui el presidente de la comisión negociadora en el año 98-99 del Acta de Ejecución del Tratado de 1929, creo que ese fue un paso fundamental, porque generó una muy buena relación entre Tacna y Arica y a veces no se destaca tanto. Sin eso no hubiera sido posible todo este episodio de haber ido a La Haya.
¿Cuáles fueron las instrucciones que recibió del entonces Presidente Alan García sobre su misión en Chile?
Mi nombramiento se resolvió precisamente por mi conocimiento de Chile y a la percepción de que yo podía hacer una gestión amistosa, de hilado muy fino y tejiendo un entramado con los diversos sectores de la sociedad chilena. Que se pudiera percibir, a través mío, que Perú quería una relación sólida y de largo plazo con Chile.
Cuando me nombró embajador me subrayó que quería una buena relación con Chile y que la decisión de ir a La Haya fue un acto casi en ese sentido. Porque mientras estuviera ese tema sin resolver no iba a ser posible una relación de confianza entre los dos países. Siempre en el Perú la opinión pública iba a tratar de presionar a cualquier gobierno que entablara esta demanda y eso iba a ser percibido con mucha desconfianza por el gobierno de turno en Chile. Entonces el hecho que decidiéramos ir a la corte era una decisión para que se resolviera. Ir a la corte también era un riesgo para Perú.
¿Llegó con alguna aprensión a Chile?
Evidentemente era un desafío. El principal elemento era generar una cierta confianza. Había desconfianza por ambas partes. El foco principal de mi gestión era tratar de persuadir tanto al gobierno chileno como a la opinión pública que no había sido un gesto inamistoso por parte del gobierno peruano plantear la demanda, sino que era una forma pacífica de solucionar una controversia que estaba planteada jurídicamente. Eso no era algo sencillo, pero con el transcurso de los meses se fue haciendo. Tengo que resaltar la buena recepción que tuve en ese momento del canciller Mariano Fernández, a quien conocía, él fue valioso en este proceso. Yo siempre procuro ponerme en la posición de la otra persona con la que estoy negociando algo y para mí estaba claro que no era grato que a un país le plantearan una demanda judicial en un órgano multilateral como La Haya. Había que plantearse eso y aproximarse de una manera con comprensión y tratando de explicar que esto iba a ser en realidad para la historia de ambos países algo muy importante.
¿Temió que el proceso en La Haya deteriorara las relaciones y no fuera una oportunidad para dejar atrás la carga histórica que ha afectado la relación entre Perú y Chile?
Sí, por eso había que obrar de una manera muy fina, dialogar con todos los sectores. Tenía que tratar de demostrar que el nuevo embajador de Perú era una persona totalmente abierta hacia la sociedad chilena y que quería abrir canales de entendimiento y relaciones de confianza. Afortunadamente se incorporaron esos actores, hubo múltiples diálogos y foros, en los que participaron intelectuales de todas las corrientes, militares, la prensa, empresarios y políticos. Se logró articular una corriente en favor de resaltar los elementos positivos de la relación. El entramado de la relación era tan rico que los gobiernos lo tenían que acompañar. La relación económica, el turismo es enorme, los inmigrantes, etc.
Estaba consciente de que podía haber una reacción un poco fría a mi llegada. Pero no fue así gracias a las amistades que ya tenía y a que las instituciones me acogieron y estaban dispuestas a escuchar.
El proceso de La Haya estaba radicado principalmente en las cancillerías y en los equipos jurídicos. ¿Cuál fue el papel principal de los embajadores en Santiago y en Lima?
La controversia se trataba en La Haya y yo me enfoqué en desarrollar la relación bilateral. El tema de La Haya estuvo presente todos los días de mi gestión en Chile, sí lo conversé con muchas autoridades, pero no trataba el tema de fondo, sino que trataba de persuadir aquí a los diversos sectores de que esto no era un acto inamistoso y que esto iba a ayudar en el futuro a las relaciones. Que era inevitable el devenir de este proceso. El que no me involucrara directamente en el caso en La Haya fue una instrucción que recibí de parte del entonces canciller García Belaúnde. Fue una instrucción positiva y me ayudó.
Se suponía que el fallo de La Haya permitiría poner término a la mochila histórica que ha cargado la relación peruano-chilena. ¿Se dio vuelta la hoja realmente?
No es que a partir del fallo partimos de cero. Mi experiencia me dice que la relación y la integración es ya intensa. Después del fallo el elemento fundamental es la confianza. La forma madura en que se está terminando de ejecutar el fallo ha generado más confianza. Pero estos son procesos lentos.
En Chile se veía a Perú como una país reivindicacionista y revanchista, y en el Perú persiste la imagen de Chile como el país invasor. ¿quiebra lo de La Haya esos prejuicios?
Creo que sí. Ese es el elemento de la confianza. ¿Cuál era la desconfianza mayor en el Perú? Que Chile fuera a incumplir el fallo, pero el gobierno anterior el mismo día acató el fallo y a los pocos días se inició el proceso de ejecución. Ese elemento es generador de confianza y lo podemos ver a través de la prensa peruana.
Momento delicado
A los pocos meses de iniciar su misión diplomática en Chile, Pareja debió regresar a Lima. La cancillería peruana retiró a su embajador en señal de protesta. El 14 de noviembre de 2009, el gobierno limeño detuvo al suboficial de la Fuerza Aérea Peruana Víctor Ariza y lo acusó de espiar para Chile a cambio de un pago mensual de US$ 3.000. Perú entregó los apodos de los dos agentes chilenos que contactaban a Ariza y exigió una investigación. Chile negó el hecho y la tensión escaló a los dos lados de la frontera. Hubo un momento, incluso, que los entonces cancilleres Mariano Fernández y José Antonio García Belaúnde no hablaban entre ellos.
¿El caso Ariza fue el episodio más difícil que le tocó vivir?
Fue el más complejo. El tema Ariza fue muy delicado en su momento. Yo había vivido una situación así el año 1979, cuando la relación casi se paralizó a partir de un caso de espionaje. Tenía angustia al recordar ese episodio.
Al estallar en noviembre del 2009 el caso Ariza se retiraron a los embajadores, fue una época de mucha tensión. Pero salimos adelante, afortunadamente se solucionó con la buena disposición de las dos cancillerías y el gobierno chileno que anunció que iba a hacer una investigación. Estuve 25 días fuera de Chile en consulta. Mi retorno fue el día anterior al saludo de fin de año de la Presidenta Bachelet al cuerpo diplomático. Ella me acogió de manera muy amable, como siempre ha sido conmigo. Con eso dio el mensaje de que las cosas se normalizaban.
En estos seis años tuvo la oportunidad de conversar a solas con los presidentes o sus cancilleres. ¿Hubo muchas gestiones reservadas?
Con los cancilleres he conversado en varias oportunidades de manera reservada y con el Presidente Piñera tuve la misma oportunidad, pero siempre en reuniones en casas de amigos comunes. Por otro lado, durante su gestión el canciller Moreno debe haber viajado a lo menos 12 veces al Perú.
Recuerdo que cuando presenté mis credenciales ante la Presidenta Bachelet, ella me recibió y me dijo: señor embajador todo el mundo lo conoce en Santiago, hasta el portero". Ese recibimiento no sólo demostró la calidez de la Presidenta, sino también estaba dando un mensaje de que como embajador era bienvenido en Chile. Eso lo llevo muy adentro, por cierto que el Presidente Piñera fue siempre muy gentil y siempre me echaba tallas. Un día Evelyn Matthei le explicaba a un ministro peruano en una reunión de trabajo que "el Presidente Piñera conoce el nombre y el apellido del embajador y eso es una distinción, segundo lo escucha con atención, y eso es una avance, y tercero le hace bromas , lo que dice que lo estima".
Los últimos meses del anterior gobierno de Bachelet, los cancilleres casi no tenían comunicación directa y tampoco los presidentes. ¿Pensó que su gestión quedaba entrampada?
Tuve la suerte de que conocía a Mariano Fernández desde que era subsecretario y el conmigo siempre fue muy deferente. Cuando había esta falta de comunicación, yo era un poco el nexo.
¿Cuándo se entera de que Piñera hará un giro en la relación y aplicará la estrategia de cuerdas separadas que proponía Lima?
Cuando Piñera fue elegido yo fui a su casa -yo lo conocía hace rato, había venido a mi casa cuando era candidato a comer con Mario Vargas Llosa-, así que ya algo sabía. Obviamente la decisión fue tomada de manera muy positiva por el gobierno peruano.
Dice que hubo muchos actores que influyeron en la fluidez de la relación, entre ellos los empresarios. Si no existiese el nivel de intercambio comercial con Perú ¿cree que el caso de La Haya se hubiera llevado de otra manera?
Las relaciones comerciales son muy intensas. El papel de los empresarios fue decisivo, fundamental.
Al comienzo a la Nueva Mayoría le incomodaba la estrategia de cuerdas separadas. ¿Cree que en algún momento entienden el sentido de esa política?
Fue inevitable. Hubo liderazgo del gobierno del Presidente Piñera, pero tiene que ser acompañada por todos los sectores sociales.
¿Cree que ahora hay acuerdo en que esa fue una buena política?
Creo que sí, porque también el fallo ha sido aceptado. Hubo muchas especulaciones en ambos países sobre que iba a pasar, pero se ejecutó rápidamente de modo ejemplar. Hoy el fallo de La Haya es un tema para discutir en ambientes académicos, está fuera de la discusión diaria, ya no está en la prensa, ya pasó y de una manera muy positiva.
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