Diario Impreso

El homenaje llegó desde la galería y se selló en la cancha

<P> Chile le ganó 2-0 a Uruguay, en el último partido del rosarino a cargo de la Selección.</P>

El pitazo final de Carlos Torres cerró una noche extraña. En la cancha del Monumental, los jugadores de la Selección se abrazaban tímidamente, como premio por el justiciero triunfo sobre Uruguay por 2-0 (una victoria que hacía 14 años que no se daba). Mientras, en las graderías, el desconsuelo se traducía en un cantito que comienza a tomar carácter de lamento: "Bielsa no se va, no se va... Bielsa no se va".

Los casi 50 metros que separan la banca de la entrada al túnel se convirtieron en una simbólica caminata de despedida. Mientras 45 mil personas lo ovacionaban por última vez, el rosarino apuraba el tranco y evitaba levantar la mirada, quizás con evidentes muestras de emoción. En esos casi 100 pasos, se cerraba uno de los ciclos más exitosos en la historia del fútbol chileno y abre un paréntesis de incertidumbre que no logra dejar tranquilo a un país que se acostumbró al orden, al juego ofensivo y la conquista de objetivos que hasta hace un tiempo resultaban esquivos.

Por eso ayer la gente buscó distintas maneras de expresarle su cariño al argentino. Algunos optaron por vestir poleras negras en rechazo a las decisiones que gatillaron la renuncia del "Loco". Otros prometían bajarse los pantalones, en una acto más radical... Los más prácticos compraron banderas con el rostro del argentino o poleras que llevaban el lema "Bielsa, Chile jamás te olvidará". Al final, nadie mostró sus nalgas en el promocionado "cara pálida", aunque todos gritaron para que el DT no se fuera sin escuchar el mensaje del pueblo.

El instante de mayor emoción contó con la complicidad de los organizadores, que permitieron que un grupo de hinchas ingresara a la cancha segundos antes del partido con una bandera gigante en homenaje al rosarino. Finalmente, la enseña terminó en manos del entrenador, como un regalo inédito, que resume el cariño del tablón.

En las tribunas, el presidente de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls, movía la cabeza, tal vez sin entender aún las razones que lo marginaron de la testera del fútbol o en un acto de mea culpa por los errores que le costaron la reelección.

En la cancha, Chile brindaba un partido correcto, con un juego rápido y figuras en un gran nivel. Fue, sin duda, el mejor partido de Mauricio Isla por la Selección. Alexis Sánchez confirmaba con un tiro sin mayor peligrosidad (39') que su racha goleadora es tan contundente como las groseras fallas del portero Fernando Muslera en el 1-0. ¿Y Bielsa? Como si se estuviera jugando la final del Mundial. Concentrado en cada detalle, peleando con el árbitro para que ingresara Arturo Vidal, tras ser vendado en la cabeza producto de un corte; o recomendándole a Marco Estrada el servicio de un tiro libre. Incluso, celebrando los goles con los puños al suelo.

Hasta el final, el rosarino aportó con sus clásicas sorpresas. Esta vez con Fabián Orellana ubicado como creativo. El jugador del Granada rindió a cabalidad y por momentos le robó un poco de protagonismo al "Loco". Claro, sólo un poco, porque en la despedida, la gran figura fue Marcelo Bielsa que definitivamente se va, a pesar de ese cantito que ya suena a lamento. Ojalá que sólo quede en eso, en un cantito.

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