Federico Valdés: "Al fútbol hay que mantenerlo lejos de la política"
<P>En el momento de su alejamiento de la presidencia de Azul Azul, Federico Valdés no sólo recuerda los episodios que mezclaron fútbol y política en su mandato. También revela episodios desconocidos de su paso por la UDI, como su amistad con Jaime Guzmán. Y además, en su condición de rector de la Universidad del Desarrollo, analiza el conflicto estudiantil de 2011.</P>
Federico Valdés dice que a sus 10 hijos ha intentado darles todas las libertades posibles, incluso la de elegir sus creencias religiosas. Hubo una, sin embargo, en la que el ingeniero civil no transó: el fanatismo por Universidad de Chile. Esto último lo demuestra en su oficina de la Rectoría de la Universidad del Desarrollo, donde luce una fotografía de su familia, en la que cada uno de sus miembros lleva una camiseta del equipo que presidió desde 2007, hasta el pasado miércoles.
En su caso, el fanatismo también nació con su padre, quien falleció un día después de que el equipo culminara la temporada 2011, en que obtuvo dos campeonatos nacionales y su primera copa a nivel internacional.
Hoy, ya alejado de las canchas de pasto, Valdés no sólo repasa los capítulos futbolísticos y políticos que atravesaron su gestión. También -desde el cargo académico que asumió tras la muerte de Ernesto Silva Bafalluy- analiza el conflicto estudiantil que remeció al país el 2011. Y desclasifica capítulos desconocidos de su militancia en la Unión Demócrata Independiente.
¿Quedó algo pendiente en su paso por la "U"?
Para cinco años, no. Los objetivos fueron cumplidos. La "U" es reconocido como el mejor equipo de Chile, lleva tres años siendo el mejor representante en torneos internacionales. Somos el más exitoso en ventas de camisetas, merchandising, el que tiene más hinchas abonados.
¿Quién debe ser su sucesor?
El mejor preparado es José Yuraszeck. Lleva tres años trabajando y ha aprendido todo lo que se puede aprender. Se ha preocupado de dejar otras actividades de modo de tener tiempo para la "U".
Desde la presidencia de Azul Azul fue testigo privilegiado de la polémica surgida en torno a la participación que tuvieron en Blanco y Negro el Presidente Sebastián Piñera y el subsecretario de Deportes, Gabriel Ruiz-Tagle. En perspectiva, ¿debieron vender su participación antes de llegar al gobierno?
Era mejor que lo hicieran, porque si no, incluso los triunfos de su equipo podían verse cuestionados por una sombra que no corresponde. No se dieron cuenta hasta qué punto podía ser un problema, pero tomaron la decisión correcta.
A ambos se les acusó de intervenir en la elección de la ANFP, que terminó con la derrota de Harold Mayne-Nicholls y la salida de Marcelo Bielsa. ¿Supo de alguna gestión en ese sentido?
No supe de ninguna. Harold perdió el apoyo de los clubes porque se equivocó. Se peleó con mucha gente, le pasó la aplanadora por encima a muchos.
¿Fue un error llevar la disputa al terreno político?
Harold equivocó el rumbo en eso. Quiso identificarse con una posición que parecía mayoritaria en la opinión pública y al fútbol hay que mantenerlo lo más lejos posible de la política. Yo me preocupé de hacerlo. Tengo una militancia (UDI), pero la congelé en el momento en que me hice cargo de la "U".
Hoy, el fútbol y el poder político vuelven a estar en veredas opuestas a raíz de la polémica por la violencia en los estadios. ¿Qué responsabilidad les cabe a los clubes?
Tenemos una ley que no ayuda y no castiga a los que perpetran hechos delictuales. Se requiere que los delincuentes sean sancionados y eso ha ocurrido en pocas ocasiones. Es un problema de orden público y sobrepasa lo que podemos hacer los dirigentes. Llegó la hora de que la autoridad haga lo que tiene que hacer.
¿Algún mea culpa por el tema?
No, porque nos encontramos con una realidad complicada. Hoy, todo el mundo habla de que hay que actuar con decisión, pero enfrentamos el tema de la barra cuando no había este apoyo popular ni esta decisión de la autoridad, varios años atrás.
¿Piensa retomar la actividad política?
Mi futuro no está ligado a la política. Tengo que ver si retomo la militancia en la UDI.
¿Por qué no?
No tengo la vocación. Para participar se requiere gran vocación. Lo sé porque participé en los inicios de la UDI y me di cuenta de que no era lo que yo tenía ganas de hacer. Me pareció que había gente valiosa y estuve dispuesto a ayudarlos, particularmente a Pablo Longueira, Joaquín Lavín, Carlos Bombal, que son grandes amigos míos.
¿Qué rol jugó en la fundación de la UDI?
Cuando fui presidente del Centro de Alumnos de Ingeniería de la Universidad de Chile, como participante del movimiento gremial me tocó conocer a Jaime Guzmán y fui muy amigo de él, hasta que lo mataron. Participaba de las reuniones que realizaba, fui muchas veces a su casa y me tocó conocer a muchos que en ese entonces eran dirigentes estudiantiles y hoy tienen roles importantes en política.
¿Por qué salió de ese ambiente?
Estuve en la primera comisión política de la UDI, pero me quedó claro que para hacerlo bien se requería una vocación que yo no tenía, disposición a hacer campaña. No tenía esa vocación y sigo sintiéndolo así.
¿Le ofrecieron postular a algún cargo de elección popular?
Una vez, y mi respuesta fue que no me veía haciendo campaña. Eso fue hace más de 20 años.
¿No lo estimuló a participar en política el asesinato de Jaime Guzmán?
Eso fue durísimo. Un amigo, que lo matan a balazos, que además era, para quienes lo conocimos, muy pacífico, físicamente muy vulnerable. Entonces que lo haya matado un grupo terrorista, con la excusa que sea, porque da lo mismo la ideología, son violentistas que no están dispuestos a someterse a las reglas. Jaime Guzmán había sido elegido senador, era respetado por sus pares y venía saliendo de hacer clases. Fue una cosa chocante. A muchos de sus amigos nos había anticipado que una de las cosas que podía ocurrir por combatir a los terroristas era que lo asesinaran.
¿Y eso no lo motivó?
Yo cumplí con mi deber de ayudar apoyando con horas de trabajo a quienes me parecía que encaraban bien este espíritu.
¿Participó de alguna campaña?
Con Joaquín Lavín estuve en todas sus victorias y derrotas. Y con Carlos Bombal también, salvo la última (campaña senatorial, en 2005).
En su momento, usted fue mencionado como el "samurái" más desconocido de Joaquín Lavín...
Me preocupé de no aparecer, pero participé en todas las campañas de Joaquín, desde la campaña a diputado que perdió con Evelyn Matthei, hasta la última. Cuando fui electo presidente de Azul Azul ya no participé.
¿Piensa seguir colaborando con la UDI?
Ya hice lo que me tocaba. Participé en campañas cerca de 10 años, me parece que ya cumplí con apoyarlos.
El año pasado estuvo marcado por el conflicto estudiantil. Y su universidad estuvo en el centro de la polémica, luego que dos de sus fundadores, los ministros Lavín y Larroulet, fueran acusados de haber lucrado con la casa de estudios. ¿Cómo vivió ese momento? ¿Conversó con ellos?
Cuando un amigo está siendo atacado hay que apoyarlo y los respaldé siempre. Fueron injustamente atacados. Es una demostración de que el foco del debate estuvo más en lo ideológico.
¿Quién ideologizó el debate? ¿La Concertación? ¿El PC?
La Concertación tuvo poco que ver, jugó un rol marginal, nunca pudo subirse o le dieron lugar. El PC tuvo un rol importante y centró el debate en temas ideológicamente muy importantes, probablemente, pero que no eran los que requerían atención.
¿Qué opina de que se instalaran conceptos como el fin del lucro o la idea de una educación gratuita?
Poner el acento en el lucro es no entender la realidad de la educación. En educación escolar, el que exista la posibilidad del lucro ha hecho que nazcan buenos colegios. La educación gratuita es una consigna que vende bien, pero es demagógica. Quienes pagan la universidad adquieren una condición de privilegiados y después tienen rentas más altas. Me parece razonable que quienes van a tener más ingresos en el futuro, tienen que ser solidarios con el resto del país y financiar la parte que pueden de sus estudios.
¿Qué opina de los líderes estudiantiles que surgieron del movimiento?
De los nuevos no puedo opinar, no hemos visto la forma en que van a conducir el movimiento este año. Los del 2011 tuvieron un papel brillante en convocatoria, fueron capaces de conseguir atención y un apoyo que se los quisiera cualquier partido. Sin embargo, lo hicieron a costa de desnaturalizar el movimiento. Fue una especie de movimiento político contra el gobierno. No tengo la impresión de que hayan recibido mucho de lo que querían o pedían para sus representados.
¿Camila Vallejo, por ejemplo?
Fue una líder extraordinaria desde el punto de vista de su capacidad de convencer y convocar. Pero no consiguió nada o muy poco para los universitarios. Fue una líder con características políticas.
¿Por qué cree que el movimiento no logró sus objetivos?
No se centraron en temas relacionados con la educación. Esto al final fue un movimiento de protesta amplio contra el gobierno. Los que conocen el impacto que produce la educación sabemos que tenemos que concentrar los recursos en educación básica y prebásica. Ahí está la mayor carencia, pero los niñitos de educación básica y jardines infantiles no pueden salir a marchar.
¿Cómo evalúa la actuación del gobierno durante el conflicto de 2011?
El gobierno no supo abreviar los paros y las tomas. Eso le produjo un gran daño al país, hubo estudiantes que no aprendieron lo que tenían que aprender y se van a quedar con esas falencias. Al final el gobierno tomó decisiones adecuadas, porque se enfocó en el financiamiento, las becas y los créditos. Hizo bien al poner sus energías en eso y no en satisfacer demandas que iban más allá de lo que el movimiento estudiantil legítimamente podía pedir para los estudiantes.
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