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Gorilas: No sólo los cazamos... ahora también los enfermamos

Compartimos el 98% de nuestro ADN con estos primates en riesgo de extinción, lo que según los científicos los vuelve susceptibles a patologías respiratorias y males como el sarampión y la polio. El creciente contacto con humanos ya está motivando la puesta en marcha de varias medidas precautorias como la vacunación.

LOS veterinarios del Parque Nacional de Volcanes, en Rwanda (Africa), aún recuerdan la escena que presenciaron en 2009. Entre la tupida vegetación, el gorila Uburanga -de apenas dos años (viven 50 años aproximadamente) y cuyo nombre significa "belleza"- se aferraba al cadáver de su madre mientras gritaba de pavor. Sumamente congestionado, con una fuerte tos y separado de su clan, la cría habría sufrido el mismo destino de su progenitora si los expertos no hubieran reaccionado rápidamente: tras tranquilizarlo usando dardos, le administraron antibióticos y luego intentaron regresarlo a su grupo.

Pero la situación en su clan tampoco era mejor: sus 13 miembros presentaban una fuerte tos y dos habían muerto, incluyendo una cría que aún se amamantaba. Su madre, demasiado débil para comer, había desechado el cadáver. Y los más jóvenes, usualmente muy bulliciosos, yacían sentados y letárgicos; uno de ellos respiraba dos veces más rápido de lo normal, ya que sus pulmones no obtenían oxígeno suficiente.

El incidente motivó una investigación de la U. de California en Davis, que mantiene un grupo de veterinarios en la zona. Los resultados de autopsias y test genéticos, publicados en 2011 por el Centro de Control de Enfermedades de EE.UU. (CDC), fueron reveladores y confirmaron una creciente preocupación para los expertos en primates: el impacto de la presencia humana y enfermedades asociadas en una población de gorilas mermada y cada vez más expuesta a patógenos desconocidos para estos animales.

Los tests de Davis comprobaron por primera vez la acción de un virus respiratorio de origen humano en la muerte de gorilas salvajes, declarados en peligro crítico de extinción por la Unión Internacional de Conservación. ¿El culpable? El metapneumovirus humano, un patógeno respiratorio que, según el reporte, afecta a la mayoría de los niños antes de los cinco años y sin mayores consecuencias.

La investigación, que se suma a varios reportes de la presencia en gorilas de enfermedades humanas como el sarampión, muestra cómo la progresiva cercanía con los humanos altera la supervivencia de estos grandes primates. Tras ser identificados por primera vez en 1902 durante la expedición del alemán Robert von Beringe, los gorilas de montaña pasaron de vivir en un aislamiento casi total a verse rodeados por villas y un creciente número de visitantes.

Los parques nacionales de Rwanda, Uganda y la República Democrática del Congo, donde habitan los casi 800 ejemplares que quedan, están rodeados por las poblaciones más densas de Africa: cada kilómetro cuadrado alberga hasta 800 personas que arrasan la selva para fines agrícolas y obtención de madera (la cifra de humanos en el área crece a razón de 2% anual). Eso sin contar a cazadores ilegales que se adentran en la selva para atrapar crías que venden hasta en US$ 40.000: en reservas como Virunga cada año se desmantelan 2.000 trampas y el año pasado 11 guardias murieron en tiroteos.

A esto se suma el turismo, que si bien financia los parques, atrae a miles de personas y decenas de potenciales infecciones. Mike Cranfield, veterinario de la U. de California en Davis y coautor del informe, explica a La Tercera que cada año un gorila es visitado por unas 2.000 personas, a las que se les permite pararse por una hora a una distancia mínima de siete metros (trecho que según los científicos es suficiente para que llegue un estornudo). Según el experto, es una especie de "tormenta perfecta", ya que los gorilas comparten casi 98% de su ADN con los humanos, lo que los hace susceptibles a muchas de las mismas enfermedades.

"Por años nos preocupamos por las patologías que pasaban de primates a humanos, pero ahora nos damos cuenta de que es una calle de dos vías. Varias patologías, como la polio, el sarampión y cuadros respiratorios de origen humano, han sido documentadas en primates. Estas últimas son las más comunes y generan neumonía", comenta.

MULTIPLES ENFERMEDADES

Como dice Cranfield, por décadas la ciencia se enfocó en las enfermedades que pasaban de primates a humanos: por ejemplo, reportes de la U. de Quebec rastrean el inicio del contagio del sida a la década de los 20, debido al contacto de cazadores con carne de chimpancés y otros primates. Según el CDC, algo similar ocurre con el ébola, fiebre hemorrágica que saltó a las personas a fines de los 70. Aún más. De acuerdo con el CDC, 60% de las enfermedades infecciosas emergentes en los seres humanos se originan en animales y más de dos tercios provienen de especies salvajes.

Sin embargo, con el paso de los años también surgió la preocupación por el circuito inverso. El estudio de la U. de California en Davis comprobó una sospecha que se arrastraba desde hace años y que es solo la punta del iceberg: reportes internacionales recopilados por la U. de Indiana también muestran en gorilas la presencia de sarna humana y patógenos intestinales como el parásito Giardia y la bacteria E. Coli, ambos causantes de cuadros de diarrea en humanos.

Estos agentes han alterado profundamente la supervivencia de estos grandes primates. Los estudios de la misma U. de California en Davis indican que luego de las muertes por traumas -causadas por accidentes o peleas-, las enfermedades infecciosas ya son la segunda causa de muerte entre los gorilas de montaña, alcanzando el 20%.

Cranfield precisa que aunque la población de gorilas crece 4% al año, estas infecciones y las muertes que generan impactan en los clanes debido al lento ritmo de reproducción. Durante 40 o 50 años de vida, una hembra produce dos a seis crías vivas. Mediante un modelo matemático, expertos de la U. de Cambridge establecieron que este factor puede incidir en que una población de gorilas tarde hasta cinco años en recuperarse de un brote respiratorio medianamente grave.

Para frenar el riesgo de enfermedades, los parques están imponiendo el uso de máscaras quirúrgicas a turistas y guías. Estos últimos son sometidos a tests anuales de sangre, orina y mucosidades para evitar infecciones, mientras los investigadores se limitan a lanzar dardos con antibióticos: en un año, tocan a un gorila apenas seis u ocho veces, ocasiones que además aprovechan para tomar cada muestra conocida por la ciencia. Un dato: en Rwanda hay un doctor por cada 18.000 personas, mientras un veterinario es compartido por apenas 65 gorilas.

También se ha puesto en marcha la vacunación. La organización VaccinApe ya ha hecho inoculaciones experimentales contra el sarampión y, según dijo a Discovery News Peter Walsh, experto en primates de la U. de Cambridge y presidente de VaccinApe, a futuro "las vacunas contra las principales enfermedades respiratorias infantiles -como rubéola y paperas- deberían ser las primeras prioridades".

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