La ruta del pipeño por el Maule
<P>En vendimia, la uva cosechada no sólo va a parar a barricas de acero para convertirse en vino fino. Pipeño, chicha y vino artesanal elaborado con antiguos procesos y viejas herramientas, son el fruto de pequeñas viñas escondidas cerca de Villa Alegre y que, por siglos, vienen convirtiendo los mostos en los más tradicionales y alegres brebajes de Chile. </P>

Olvídese del paseo por las viñas, bodegas tecnologizadas o la tienda boutique donde comprar vinos finos. Entre chuicos, garrafas de mimbre, damajuanas, botellones y barricas, se presentan estas viñas que no apuntan al turismo ni al comercio. "Esto es un trabajo patrimonial", nos dicen, que mantiene viva una labor de tres generaciones amantes del pipeño, vino de poca fermentación, que no es trabajado ni con filtros ni productos químicos. Un producto artesanal que se da por las fértiles tierras del anónimo valle de Melozal, en la Región del Maule. Una zona, incluso, difícil de encontrar en el mapa.
Para hacerlo aún más complicado, muchas de las viñas artesanales de esta ruta se presentan con letreros de cartón o lata, donde se lee apenas: "Chicha dulce, pipeño".
Lo más probable es que ni vea los carteles. Por ello aquí los datos de cómo llegar a las mejores viñas de esta ruta.
Ruta Los Conquistadores, cruce camino San Javier-Villa Alegre. Justo en el desvío de Loncomilla, tomando la asfaltada Ruta los Conquistadores, hacia Constitución, hay una serie de fundos y antiguas haciendas, algunas con 180 años de existencia. La primera parada es la viña San Clemente, la más equipada de toda la ruta. Además de elaborar vino propio que almacena en una cava de 30 mil botellas, posee hace 73 años un particular museo vitivinícola. Bombas, calderos, alambiques para destilar, filtros y romanas son algunas de las máquinas y herramientas que don Clemente Urrutia, dueño e historiador del lugar, ha ido coleccionando, siguiendo una labor comenzada por su abuelo y su padre.
La mejor forma de conocer estos vinos es descorchando alguno (desde $ 2.000). Destaca el mosto -vino elaborado con la primera fermentación- o soleado -dulce pero con mucho cuerpo-, que aquí puede acompañar con típicas comidas chilenas o tablas de quesos y jamón.
Km 12 ½, valle de Melozal, zona de Carrizal. Adentrándose por la Ruta Los Conquistadores hacia la costa, luego de atravesar el valle de Pichiboque, se desemboca en el valle de Melozal, zona de secano cuyas tierras se trabajan mediante el riego por goteo. Este valle es famoso por sus pipeños desde hace 100 años, incluso comercializados a muchas picadas y fondas de Santiago. Estamos recién pasados los 12 km de Villa Alegre, tras el desvío a la localidad Carrizal en el valle de Caliboro. Un tímido cartel que dice "Pipeño, chicha dulce, vino", nos invita a pasar.
Es la viña de don Javier Hernández, pequeño agricultor que ni siquiera embotella sus pipeños. Quien quiera llevarse alguno, lo degusta ahí mismo y se le pide que le embase una botella de ¾, un bidón de 5 litros o una garrafa de 10. Este sistema es utilizado en todas las demás viñas.
Si piensa que el sistema es ultra artesanal, debe saber que anteriormente esta viña como sus vecinas molían la uva pisándola con los pies y ocupaban un filtro de varillas de coligüe llamado zaranda. Hoy arriendan tinajas de acero con un sistema eléctrico que muele la uva, para elaborar 20 mil litros al año de puro pipeño. Chicha, vino blanco que mezcla antiguas cepas italia y torontel ($ 3.500, 5 litros), tinto país y, en especial, un grueso cabernet sauvignon ($ 4.000, 5 litros).
A dos y medio kilómetros (Km 15), siguiendo por la Ruta Los Conquistadores se ubica el fundo de Patricio González. Los pipeños aquí no varían mucho, pero destaca el mejor blanco torontel del valle ($ 4.000 la garrafa).
Sector Cuatro Esquinas, entrada a Melozal. En el km 18 está el desvío al este hacia el pueblo de Melozal. Mirando ahora en dirección a la cordillera, con el volcán Descabezado Grande y el Nevado de Longaví destellando, el camino se torna de ripio y las vides dan paso a un paisaje árido, donde prima el espino. Pero son estas tierras de secano las que les dan el grueso sabor a sus pipeños tintos y la dulzura a la chicha y blancos no filtrados.
Antiguas viñas de rulo y casas coloniales, muchas venidas a menos tras el 27F, son parte de esta ruta. Tras otro desvío a la izquierda, aparecen viñas industriales de cientos de hectáreas que se han instalado recientemente. Su arribo ha disminuido aún más la producción de pipeño, pues varios pequeños agricultores les venden su producción.
A 8 kilómetros del primer desvío, un letrero escrito a mano con la leyenda "Reparación TV, sistemas digitales DVD, vino" casi no llama a detenerse. Menos si se mira el descuidado fundo. Craso error. Es la viña de Los Pérez, a 3 km a la entrada del pueblo de Melozal. Puede parecer y ser un caótico escenario, pero créanos cuando le decimos que aquí se encuentra el mejor pipeño tinto y blanco de toda esta ruta. Sale a recibirnos Mauricio Pérez, un joven de unos 35 años. No se engañe. Es el dueño de la viña. Un empresario vitivinícola que comenzó hace cinco años con 2 mil litros de vino y que hoy ha llegado a ampliar anualmente a 8 mil litros de tinto, 10 mil de blanco y 30 mil de chicha ($ 3.500 la garrafa). A Mauricio poco le importa tener de vecinas a los cientos de hectáreas de la viña El Aromo. El hombre sabe lo que tiene entre manos. Algunos restaurantes de Talca y San Javier también, y muchos se llevan garrafas para matrimonios y bautizos y vuelven a buscar dos de sus grandes productos: un sauvignon blanc que envidiaría cualquier viña de renombre y un tinto, con 30% de cepa país y 70% de cabernet. Ensamblaje que Mauricio creó en 2009. Este enólogo autodidacta, formado entre viñas, moledoras, cubas y botellas, sabe combinar las dosis precisas para lograr un vino sumamente equilibrado.
Una joya que se lleva a casa según la cantidad que quiera. En botellas, garrafas ($ 4.000) o, incluso, si se tienta con toda la barrica de roble ($ 80.000). Precios más que accesibles que permiten hacer perdurar una añosa tradición del Valle Central.
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