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Gabriela Mistral en colores: una ambiciosa biografía ilustrada humaniza a la Premio Nobel

Después de tres años de trabajo, la ilustradora Alejandra Acosta presenta Mistral. Una biografía ilustrada (Lumen), un recorrido visual que rescata las capas más íntimas, los afectos y la conexión con la tierra de la poeta, alejándola de la representación solemne.

Tres años de trabajo le tomó a la ilustradora nacional Alejandra Acosta realizar una biografía de Gabriela Mistral en clave de libro ilustrado. Un encargo de su editora, que confiesa, tomó como un desafío, quizás el mayor de su carrera. Acosta es una ilustradora cuyos libros ha sido reconocidos con la medalla Colibrí de IBBY Chile y el New Horizons de la Feria del Libro de Bolonia. Ha realizado exposiciones, talleres y charlas en Chile y el extranjero.

“Yo soy una gran lectora de poesía, y creo que mi editora vio eso en mi trabajo -cuenta a Culto-. La figura de Gabriela Mistral siempre me ha generado curiosidad, así que fue muy natural aceptar. Estuve casi tres años trabajando en el libro, lo que permitió mirarla con mucha más cercanía y tiempo. Fue un trabajo bien profundo en ese sentido”.

El resultado se llama Mistral. Una biografía ilustrada (Lumen), donde revista la vida y trayectoria de la Premio Nobel de Literatura 1945. Desde sus humildes orígenes en Vicuña, hasta sus días finales en Nueva York, narrado en primera persona. Para ello, la autora se basó, entre otras cosas, en la bibliografía más destacada sobre la vida de la poeta, como la biografía de Elizabeth Horan; los trabajos de Pedro Pablo Zegers, Jaime Quezada y Diego del Pozo; además de publicaciones más recientes como las de Patricia Stambuk, Daniela Schütte o Claudia Reyes, además de otros documentos.

Gabriela Mistral Archivo Histórico / Cedoc Copesa.

“Creo que el desafío estuvo en encontrar un equilibrio entre lo documental y lo visual. Hubo un proceso de investigación de revisar fotos y archivos, para reinterpretarlos con una mirada más fresca, más actual y salir de esa representación solemne que suele aparecer cuando se habla de Gabriela Mistral. Por eso trabajé con una paleta colorida y muy saturada. Mi idea era que el libro se sintiera bello, atractivo y también que invitara a acercarse a lectores de todas las edades”.

Acosta comenta que lo que más le importaba era mostrar a una Gabriela Mistral compleja, con la mayor cantidad de aristas de su vida. “Me interesaba abrir esa imagen, mostrar que era una mujer con muchas capas a través de un recorrido visual. Mi foco como autora estuvo en cómo traducir su vida, sus afectos y sus espacios en imágenes que inviten a entrar, a quedarse mirando. Me interesaba que se sintiera accesible, que pudiera llegar a más lectores, incluso a quienes no necesariamente se acercarían a su obra desde la palabra”.

Un aspecto que se rescata en esta biografía, es el profundo amor que Gabriela Mistral sentía por la naturaleza y su terruño, el valle del Elqui. “Me llamó mucho la atención su profundo amor por su tierra. Incluso estando fuera de Chile durante tantos años, siempre pidió vivir en lugares que le recordaran a su infancia: espacios con montañas cerca, o con un pequeño patio donde poder tener un huerto. Esa sensibilidad y conexión con el paisaje me parece muy hermosa y también la comparto”.

El volumen también rescata episodios poco conocidos de la vida de la poeta, por ejemplo, una entrevista que tuvo con el presidente de Estados Unidos, Harry Truman, una vez instalada en California, en 1946, lugar donde compró una casa gracias al dinero del Premio Nobel. En la ocasión, Mistral le habló al mandatario sobre los pueblos originarios de América Latina, de su pobreza y su hambre. “Quise mostrar distintos aspectos de su vida y no quedarme solo con una imagen. Esta reunión en particular me pareció interesante porque es lindo ver cómo, incluso en instancias tan protocolares, ella seguía poniendo el foco en los pueblos indígenas y en las personas menos privilegiadas. Eso habla mucho de su forma de estar en el mundo”.

Otro aspecto que no elude es el origen de Juan Miguel Godoy, “Yin Yin”, de quien siempre se dijo era un sobrino de la poeta. Que era hijo de su medio hermano, Carlos Godoy Vallejo, y que este se lo habría dado en adopción mientras Mistral residía en Francia cumpliendo una misión protocolar. Sin embargo, en 1999 fue su albacea, Doris Dana, quien reveló a la prensa nacional que en realidad “Yin Yin” era hijo biológico de Mistral, producto de un fugaz romance con un hombre italiano, afirmación que nunca ha sido comprobada del todo. Ante eso, en el volumen la propia Acosta reconoce la existencia de “otras lecturas y posibilidades” sobre los hechos, aunque termina quedándose con la explicación más conocida: la de la misma mujer de Desolación.

“Para mí era importante partir desde su propio relato -justifica Acosta-. Más allá de las distintas versiones que existen —y de que muchas apuntan a que fue su hijo—, ella siempre lo presentó como su hijo adoptivo. Entonces decidí trabajar desde su voz, respetando lo que ella decía y cómo construyó ese vínculo públicamente”.

El libro también revisita los afectos de Mistral, dando cuenta de su vida junto a las mujeres que la acompañaron: la chilena Laura Rodig, la mexicana Palma Guillén y la estadounidense Doris Dana. “Para mí no tenía sentido mostrar solo un aspecto de su vida. Vuelvo a lo mismo: fue una mujer con muchas capas, compleja, llena de vida y mucho más que solo una maestra o una poeta. Me enfoqué principalmente en su mirada como mujer, en su fe y en sus afectos. Ese fue el eje del libro. No abordé tanto su lado más político, porque a mí me interesaba construir una mirada más cercana, más íntima. De hecho, el libro está organizado en capítulos que tienen que ver con los lugares que fue habitando y cómo ella va haciendo propios esos espacios en los que le tocó vivir”.

Para Acosta, en los últimos años ha existido un “revival” de Gabriela Mistral, en el que enmarca este libro. “Me parece muy importante que las personas que creamos hoy, desde cualquier disciplina, usemos estos espacios para visibilizar a quienes estuvieron antes y nos abrieron el camino. En el caso de Gabriela Mistral, todavía hay mucho por mirar y volver a leer, así que mientras más circule su figura desde distintos lugares, mejor”.

“Quise mostrarla más cercana, más viva, incluso más divertida en algunos momentos -remata-. Alejarla de esa imagen dura y solemne que tenemos tan instalada, como la del billete de 5.000 pesos. Para eso me apoyé mucho en el color, en los encuadres y en una presencia constante de plantas y flores, que fueron tan importantes para ella a lo largo de toda su vida”.

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