Culto

El Diablo Viste a la Moda 2: Un Cuarteto con Estilo y Clase

El Diablo Viste a la Moda 2 es una secuela más que digna, capaz de usar inteligentemente los recursos dramáticos de la realidad contemporánea, pero sin caer en didactismos ni hipocresía.

La editora Miranda Priestly (Meryl Streep) y la periodista Andy Sachs (Anne Hathaway) en El Diablo Viste a la Moda 2, dirigida por David Frankel.

¿Quiénes y cuántos son los compradores de revistas en papel couché? ¿Puede un escroleo de 5 minutos en la pantalla de un celular reemplazar a una concienzuda lectura de prensa de una mañana de domingo de hace 30 años? ¿Es el destino de los artículos periodísticos ser olvidados con la misma velocidad que su lector cambia de página en el navegador?

Para la ahora prestigiosa profesional Andy Sachs (Anne Hathaway), todo esto está en el origen de su caída en desgracia. Casi al mismo tiempo que recibe un premio periodístico en una elegante ceremonia es despedida junto al resto de sus compañeros de trabajo por necesidades de la empresa.

Los malos números del diario en que trabaja importan mucho más que su competencia profesional en el cambiante panorama de los medios de comunicación y, sumida en una inesperada cesantía, no tiene más remedio que aceptar la oferta laboral de la traumática, superficial e inolvidable revista de modas donde comenzó su carrera hace 20 años atrás.

Meryl Streep como la exigente editora periodística Miranda Priestly en El Diablo Viste a la Moda 2.

Esto nos retrotrae a El Diablo Viste a la Moda (2006), la exitosa película que dio origen a esta secuela. En aquel momento, Andy era una practicante empeñosa, sin estilo y algo insegura que sobrevivía como podía a la jefatura inclemente, humillante y fría de Miranda Priestly (Meryl Streep), la icónica editora, a su vez inspirada en la legendaria figura real de Anna Wintour, jefa máxima de la revista Vogue. En la cinta de hace 20 años, un filme de culto para muchos hoy, el humor vitriólico del personaje de Streep se transformó en carne del mito y la carismática caracterización de Hathaway confirmó que ella era mucho más que una sonrisa esplendorosa.

Pero además estaban los personajes de Emily (Emily Blunt), viperina asistente que contrastaba perfectamente con Andy y el confiable y sagaz Nigel Kipling (Stanley Tucci), mano derecha de Miranda. En suma, se trataba de un cuarteto perfecto y con timing cronometrado que podría ser difícilmente replicado en una secuela.

La periodista Andy Sachs (Anne Hathaway) en una escena de El Diablo Viste a la Moda 2.

Para desgracia de los medios de comunicación y al mismo tiempo para suerte de los buscadores de historias, la crisis de la prensa arribó como material dramático y he aquí que tenemos nuevamente a los viejos y queridos personajes de hace 20 años surfeando nuevas olas, aunque viviendo aún con glamour. Después de todo, es una historia que transcurre en una revista de modas y entre Milán, Nueva York, Dior y Versace.

En esta oportunidad Andy tratará de “salvar” a un medio, pero como desde el director al último utilero de la película saben que esto no es muy creíble en términos dramáticos, también hay espacio para otras subtramas y detalles: escarceos románticos, hilarantes caricaturas de magnates a lo Jeff Bezos, baños de placement (muchas marcas de lujo en pantalla), espectaculares vistas del paisaje italiano y cameos de gente importante por aquí y por allá.

La ex asistente de Miranda, Emily (Emily Blunt). en El Diablo Viste a la Moda 2. Macall Polay

La cinta de David Frankel, el mismo director de la primera parte, es una secuela más que digna, capaz de usar inteligentemente los recursos dramáticos de la realidad contemporánea, pero sin caer en didactismos ni hipocresía. Corría ese riesgo, y a veces hay algo de eso, pero al final sale victoriosa. La química de Streep, Hathaway, Tucci y Blunt sigue imbatible.

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