Por Gonzalo ValdiviaGastón Pauls: “Tengo 54 años, no 20, y hay ciertas cosas que ya no tengo ganas de hacer”
El reconocido actor argentino viajó a Santiago para filmar su participación en el debut como director del periodista Javier Rebolledo, una adaptación de su libro Falsas Denuncias. En entrevista con Culto, profundiza en su estrecha relación con los realizadores nacionales y evalúa el momento de la industria audiovisual de su país. “El cine termina encontrando una y otra vez el camino para contarse”, opina.

Gastón Pauls (Buenos Aires, 1972) tiene fresca la sensación que lo recorría al inicio del rodaje de Territorio comanche (1996). Bajo la dirección del español Gerardo Herrero, mientras rodaban la historia de unos corresponsales en la Guerra de Bosnia, recuerda que le temblaban las rodillas.
“Hoy ya no pasa eso, pero sigue pasando que ante una escena determinada uno siente el abismo, los nervios. No quiero perder esa adrenalina de lo nuevo, de lo desconocido –indica al teléfono con Culto–. Yo puedo ensayar un personaje, pero cuando dicen ‘acción’ el día que lo vamos a filmar, ese personaje toma vida en ese instante. Antes son ideas, son intentos, son búsquedas”.

Al momento de esta entrevista, a inicios de abril, el actor argentino está de vuelta en Chile para filmar una nueva cinta. Ya no es el treintañero que vino a nuestro país a filmar Fuga (2006) junto a un entonces debutante Pablo Larraín y a un elenco compuesto por Benjamín Vicuña, Alfredo Castro y Francisca Imboden. Ahora tiene 54 años, ha hecho más de 70 películas y asume que cada vez que llega a un nuevo set es uno de los más experimentados. “Antes era el más joven, ahora soy el más grande del set. Me da un poco de escozor decirlo, pero es real”, señala.
El proyecto que lo trae de regreso es Bajo la lluvia, el debut como director del periodista Javier Rebolledo. Su historia se basa en Falsas denuncias, el libro de Rebolledo que recoge casos reales de acusaciones de abuso sexual contra padres en los que los hijos e hijas se retractaron de sus relatos. El personaje de Pauls es una “víctima” de este tipo de situaciones.
“Yo conocía algo del trabajo de Rebolledo como periodista, como escritor, (aunque) no en profundidad. Cuando me contaron de qué iba la película, me pasaron el guión y me gustó mucho cómo estaba escrito”, plantea, junto con describir al periodista como “muy preciso y una persona absolutamente seria en su trabajo”.
Ese factor se sumó a su amistad con el productor Jorge López Vidales y terminó comprometiéndose en un largometraje que también cuenta con Nicolás Pavez, Emilia Noguera, Geraldine Neary (Dindi Jane), Consuelo Holzapfel, Luciana Echeverría, María José Prieto, Carlos Díaz y Luis Dubó.
“Es una víctima de algunas cosas que se relatan. Es alguien que ha padecido esto y que lo transita de una manera muy dura”, señala sobre su personaje, intentando guardar los detalles para el estreno del filme, tentativamente programado para fines de 2026.
-Imagino a esta altura ya identifica que hay algo en común entre los directores debutantes. ¿Percibe eso en Javier Rebobelldo?
Yo acá trabajé con Pablo (Larraín), con Seba Muñoz, con el director de Nadie sabe que estoy aquí (Gaspar Antillo). En Argentina, Nueve reinas, por ejemplo, que es una película emblemática en mi vida, era un director debutante. Creo que los directores debutantes tienen una gran necesidad de poner casi todo en el asador. Yo creo que Javier está muy tranquilo. Sabe lo que quiere específicamente para esta película, entonces no se carga ni de presiones ni de ansiedades. En ningún momento estoy sintiendo que está la duda del debutante.
“Yo tuve solamente dos ensayos, porque llegué medio justo desde España, pero no se desperdició el tiempo. Se aprovechó mucho el tiempo para que Javier nos diera las pautas de aquello que él quería, por lo que llegamos con todo muy hablado y bastante desarrollado en la previa. Al set llegamos con la ropa puesta para que nos digan ‘acción’ y avanzar”.

-¿Tuvo la oportunidad de leer el libro en el que se basa la película? ¿O no fue necesario?
No, no lo leí. Me hubiese encantado leerlo, pero no me daba el tiempo. La película está muy clara en su desarrollo, y cuando uno ve que una película funciona en el guión, que está estructurada de una determinada manera y eso funciona, yo creo que no es necesario. Por lo menos a mí me pasa de ese modo. A veces he leído novelas sobre las que estaba basada una película porque necesitaba un poco más de información. En esta me parece que lo que estaba (en el guión) era suficiente y funcionaba.
-La película propone un tema claro, que es el mismo tema del libro: las denuncias falsas. ¿Tenía alguna perspectiva al respecto? ¿Siente que hacer esta película ha matizado esa opinión?
Yo creo que es un momento para que el cine se anime a hablar de todo, para hablar de temas sin descalificar otros, para que ojalá logremos que la mirada en este mundo sea cada vez más amplia. Estamos en un mundo, en general, que si decís algo sobre la izquierda, estás criticando a la derecha. Si decís algo sobre una religión, aparentemente estás denostando otra, y yo ya a esta altura no creo en eso. Esa polaridad que se ofrece o se propone en el mundo es una polaridad que le sirve a ciertas personas y a ciertos monopolios e intereses. Yo no tengo ganas de que si digo que en Argentina me gusta Boca es que quiero que se mueran los de River. ¿Se entiende lo que estoy diciendo? Me parece que estamos en un mundo donde tiene que empezar a haber encuentro, porque está muy desencontrado este planeta.
“En relación específicamente a este tema, no se ha matizado. Ha profundizado ciertas posiciones mías. Yo tengo una fundación en Argentina (Casa de la Cultura de la Calle), y trabajo con muchos chicos y chicas abusados. Quiero decir, hay ciertos temas sociales que yo conozco mucho y trabajo en ellos, y por eso me parece que hay que ampliar el registro en todo sentido de lo que está pasando socialmente. Entonces si desde algún lugar el cine puede ayudar a que ciertos temas se conozcan y por lo menos se debatan, bienvenido”.
-¿Qué siente al ser el más experimentado del set? ¿Hay algo añore de sus primeros años?
A mí tener esa experiencia me permite no ir con los nervios que iba el día uno en mi primera película en el año 96 (...) Me da tranquilidad saber que ya viví esto 74 veces antes, en los 74 proyectos anteriores, pero cada uno de ellos es nuevo y de alguna manera me vuelve a hacer nacer. No quiero caer en la trampa de creer que porque ya hice la cantidad de películas anteriores entendí todo. Yo sigo tratando de entender de qué se trata esto.
-Más allá del proyecto o del director de turno, ¿hay algo especial cuando filma una nueva película en Chile? ¿Qué encuentra acá?
Hay gente con mucho talento. Y desde siempre, no hablo sólo de esta etapa. Podría ir a (Miguel) Littin, podría ir a Ricardo Larraín, a (Patricio) Guzmán desde el documental, a (Andrés) Wood. Hay un montón de directores a los que yo respeto muchísimo y admiro y me gusta lo que hacen. Entonces cuando uno viene acá de verdad se encuentra con una industria que sabe lo que hace, con gente que sabe lo que hace, con ganas, con talento, con sensibilidad, con una mirada muy particular. Yo creo que el cine chileno ya tiene una mirada chilena, que me parece hermoso. Y muy dispar, muy distinta. No es lo mismo el cine de Larraín que el cine de Jodorowsky, con quien también me tocó trabajar en una escena. No es lo mismo el cine del Rumpy que el cine de Sebastián Muñoz. He tenido la suerte de trabajar con gente muy distinta. Admiro ese talento chileno y la seriedad con la que el chileno aborda cada proyecto.
-¿Cuál es su mirada en torno a lo que está ocurriendo ahora y ha ocurrido recientemente con el cine de Argentina?
Yo lo voy a abrir un poco más. A lo largo de la historia, la industria argentina ha tenido momentos muy críticos en relación a la cultura y también a cómo se relata lo que pasa. Me parece que al final del día termina siendo el gran secreto: cómo contamos lo que vemos, cómo contamos lo que pasa. A veces hay más medios, a veces hay menos medios. El cine, a lo largo de la historia del mundo, se ha convertido muchas veces en un amplificador de la voz del pueblo, en un amplificador de gente que la estaba pasando mal, de desaparecidos, de torturados, de muertos, de abusados, de gente que no tenía voz, de gente con hambre, de gente olvidada. El cine termina encontrando una y otra vez el camino para contarse.
“Por eso yo amplío la respuesta, que es que el cine va a terminar siempre encontrando la manera de seguir siendo puro, de no venderse, y de seguir siendo un espacio de búsqueda, que me parece que es lo que tiene que ser. Esta es una respuesta muy personal: para mí el cine no puede ser un copiar fórmulas que funcionaron, porque entonces todos deberíamos estar haciendo Titanic, todos deberíamos estar haciendo E.T., todos deberíamos estar haciendo Star Wars, porque funcionaron en un determinado momento. El cine para mí tiene que ser riesgo y propuestas nuevas”.

-En los últimos años Ud. no ha hecho tantos proyectos con plataformas de streaming. ¿Ha sido una decisión? ¿O es algo que se ha dado de manera natural?
Yo tengo 54 años, no tengo 20, hay ciertas cosas que no tengo ganas de hacer. Esto es muy personal, y tampoco con esto me pongo en el lugar de: mira, qué genio que es Gastón y qué mal el que lo hace. Yo no juzgo a nadie, sólo me juzgo a mí. Hay ciertos proyectos en los que a esta altura no me interesa estar. Son proyectos que me los han ofrecido, que están muy bien, que van a ser comerciales, y que son, entre comillas, seguro éxito. Mi vida no está yendo por ahí. Estoy desarrollando una película que quiero dirigir este año (El año del dragón), que también es una búsqueda, y hasta acá no es tan fácil que esa película sea entendida. Ahora, gracias a Dios, hay un productor que dijo que le encanta, y hay actores que dijeron: me sumo. Pero es una película muy particular porque va por fuera de las plataformas. No porque las plataformas después no la puedan tener, me refiero a que va por fuera de lo que las plataformas hoy, entre comillas, están pidiendo.
“Acabo de terminar la segunda temporada de una serie que va a salir en Amazon, que se llama Barra brava, que está dentro de las plataformas. Salió la primera temporada hace dos años, le fue muy bien, y este año, en mayo, se estrena la segunda temporada, con posibilidades de hacer una tercera. Eso me interesa, porque está bien el material, pero no haría cualquier cosa solo para decir: entré en una plataforma. Eso lo tengo muy claro”.
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