Por Alejandro JofréPersiguiendo una maleta en Nuevo Pudahuel (o cómo usar el nuevo Apple AirTag)
El pequeño localizador Bluetooth no rastrea por GPS, sino mediante la red Encontrar de Apple. En un aeropuerto como el de Santiago, esto puede dar una señal útil y sorprendentemente rápida. ¿Vale la pena?

Cinco de la mañana. El aeropuerto Nuevo Pudahuel tiene esa atmósfera aséptica de los lugares donde nadie quiere quedarse mucho tiempo. Don Francisco había puesto el grito en el cielo por las distancias entre los espigones y las salas de espera del terminal internacional. Y tiene razón: son diez o tal vez quince minutos de caminata para llegar de la puerta del avión a migración. La fila para recoger el equipaje en el nuevo terminal internacional es un festival de bostezos y peinados-del-mal-dormir. Pero, a veces, incluso a estas horas imprudentes, hay novedades. Que el avión se mantenga en el aire parece algo del pasado, la ansiedad del viajero moderno es algo mucho más terrenal: que la maleta llegue y que, además, vaya a la misma cinta transportadora que uno.
Veinte horas antes, en una habitación de hotel en la otra punta del continente, puse en el bolsillo interior de mi maleta la segunda generación del AirTag de Apple. Sigue siendo una pastilla metálica, del tamaño de una moneda de 500 pesos, pero esta vez promete un rango de alcance extendido y un chip de banda ultraancha más preciso que su predecesor.
La idea es simple pero ambiciosa: una pequeña dosis de tranquilidad viajera a un clic de distancia.
Cómo funciona el nuevo Apple AirTag

Una vez que la operadora le pega la etiqueta de código de barras, el equipaje ingresa a un laberinto subterráneo de escáneres, rodillos y carritos motorizados que los pasajeros nunca vemos.
Ver desaparecer tu equipaje por la cinta de goma negra siempre tiene algo de salto de fe. He visto colegas brasileños perder su equipaje en Europa, retrasos de días por cortesía de Ryanair y hasta la destrucción parcial y sin arreglo de una maleta de bodega.
Ahora acabo de aterrizar en Santiago y espero a que mi teléfono agarre señal. Mientras camino hacia los tótems de la PDI, abro la aplicación Encontrar en el iPhone, una interfaz que no busca impresionar, sino más bien informar. Allí aparece el ícono de mi maleta, marcando su última posición conocida en la losa -interpreto-, probablemente siendo despachada desde la bodega del avión en ese mismo instante.
La verdadera prueba del dispositivo no ocurre cuando lo tienes cerca, sino en los puntos ciegos. Me senté cerca de la zona de recogida de equipajes y volví a revisar la pantalla. El AirTag había actualizado su posición hace un minuto. Ya no estaba en el lugar del avión. El mapa me indicaba que la maleta se encontraba en la zona inferior de la plataforma de la terminal, moviéndose hacia la zona de carga de las pistas.
La actualización es silenciosa, dependiente de la red de cientos de dispositivos Apple de otros pasajeros y los trabajadores del aeropuerto que, sin saberlo, triangulan la posición de la pequeña moneda metálica en mi maleta.
No hay alarmas ruidosas ni notificaciones urgentes, y ahí radica la virtud de esta iteración. El AirTag original ya cumplía esta función, pero en un entorno denso en concreto y metal como Pudahuel, a veces la señal se perdía en el limbo durante largos minutos. Esta segunda versión parece sortear mejor esta interferencia. El nuevo chip logra comunicarse con más frecuencia, por así decirlo, desde las entrañas del aeropuerto.

Cuando -por fin- anunciaron la cinta de mi vuelo, eché un último vistazo al teléfono. El punto verde se había desplazado hasta la banda número seis. No fue mi caso, pero esto puede ser útil para más de alguno: si tienes un Apple Watch o iPhone, puedes ser guiado para encontrar la maleta clickeando “Cómo llegar” y siguiendo una flecha muy ilustrativa para orientarse con distancias y direcciones.
También puedes compartir la ubicación del AirTag con algún compañero de viaje (mientras vas al baño o completas el formulario del SAG). Y claro, el dispositivo de Apple no solo funciona en maletas: sirve muy bien para encontrar llaves, mochilas e incluso mascotas (hay accesorios para todo).

La ansiedad por cerrar un vuelo de 11 horas no iba a ser distinta por tener esta información, pero la experiencia de espera sí lo fue. En silencio. Con la eliminación de la incertidumbre. Salí del avión sabiendo que mis cosas habían llegado y viajaban conmigo. A veces, esa pequeña certeza es suficiente tecnología para un solo día.
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