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Los proyectos que albergará la ex casona de Pilar Pérez en Seminario

<P>En marzo de este año se puso en arriendo y en los próximos meses abrirá una heladería en el que fue su garaje. El resto de la casa podría convertirse en un hostal. </P>

Lo primero que se percibe al abrir la pesada puerta del 95 de calle Seminario es el olor a humedad. También el frío que se cuela por los vidrios rotos. Adentro, una capa de pintura muy delgada con la que los actuales dueños la cubrieron para arrendarla en marzo de este año.

La añosa escalera de madera que conduce a los pisos superiores cruje bastante y en el segundo, dos sillones que pertenecieron a María del Pilar Pérez reposan todavía al medio del living.

Así ha estado desde marzo de este año la casona donde la arquitecta vivió hasta 2008, luego de ser detenida por los crímenes del economista Diego Schmidt-Hebbel, de su ex esposo Francisco Zamorano y de la pareja de éste, Héctor Arévalo.

En marzo, los actuales dueños la pusieron en alquiler y aunque aún no hay un arrendatario concreto para la casona, en lo que fue el garaje de la casona, ya tienen un proyecto.

Ahí se apronta a abrir la Heladería Sucucho, que pertenece a los mismos dueños del taller de bicicletas Sucucho Bicis y Cafés, abierto el año pasado por Avenida Rancagua.

Su dueña, Dominique Villa, explica que será una gelatería de paso, con productos de la marca San Francisco y que no se podrán comer en el local, "porque este es muy pequeño; sólo tiene 25 m2, pero será acogedor", dice.

La particularidad de este nuevo negocio es que quedará conectado por dentro con el taller de bicicletas. "Esto, para potenciar ambos locales", cuenta Villa, quien agrega que están prontos a obtener los permisos municipales para empezar a funcionar.

Luego de ser condenada a cadena perpetua en 2011 por los crímenes que le imputaban, la justicia ordenó rematar las propiedades de Pérez. El proceso comenzó en 2012 y la Sociedad de Inversiones Concepción S.A. compró el edificio completo de la esquina de Seminario con Rancagua, en cuyo primer piso funcionó por años la panadería del padre de María del Pilar.

En agosto del año pasado fue el turno de Seminario 95, que fue adquirido por la misma sociedad en $ 167 millones.

Hasta que no logró ser vendida, la casa de 250 m2 albergó a indigentes y okupas, y aunque los actuales propietarios no hicieron grandes arreglos, sí la pintaron para poder ofrecerla en 60 UF mensuales, es decir, por casi $ 1,4 millones.

El representante de la compañía, Mario Briones, cuenta que varios interesados la han visitado, "pero aún no se alquila, porque hace pocos meses resolvimos todos los asuntos legales".

La heladería no es el único proyecto presupuestado en esta esquina con una trágica historia. Un empresario turístico que se ha manifestado proclive a adquirirla (y que prefiere conservar su anonimato mientras dure la negociación) planea habilitar ahí un hostal.

Villa ha conversado con él para integrar ambos proyectos.

En tanto, Briones asegura que "están en negociaciones con esa persona y que aún no hay ningún trato cerrado".

En su fachada, la casa todavía conserva el nombre del arquitecto que la construyó en 1934, Samuel Eyzaguirre, abuelo del también arquitecto y autor del GAM, Cristián Fernández. "Hizo varias en Providencia y Las Condes y muchas siguen en pie. Pero esa en particular no la recuerdo", afirma su hija, Patricia Eyzaguirre.

José Pérez y Aurelia López -padres de Pilar- adquirieron esa propiedad a fines de los 60, cuando ya eran dueños de toda la esquina norponiente de Seminario con Rancagua, donde funcionaba la panadería que hizo conocida a la familia en el barrio.

Uno de los fiscales a cargo del juicio contra Pilar, Rodrigo Lazo, cuenta que la arquitecta se instaló en Seminario 95 de forma definitiva hace unos 10 años. "Lo hizo después de separarse del marido. Vivía con sus hijos y, en el último tiempo, con su asistente, con quien tenía una relación", cuenta el abogado.

Mientras que en el primer nivel funcionaba su oficina, en los pisos superiores estaban el living y las habitaciones. "El cuarto piso no lo ocupaba", agrega Lazo.

Pese a los vaivenes y el deterioro, el lugar apenas ha cambiado desde que lo habitó la arquitecta. Los pisos de madera, opacos y chirreantes, son los mismos. Las paredes aún tienen las marcas de los cuadros que por años las adornaron, y en la cocina aún cuelga su pantalla tela.

En cada una de las habitaciones hay un espejo de piso a techo. En la que fuera la principal, éste recubre una pared completa. Para ofrecerla en alquiler, sus actuales dueños sólo cambiaron las instalaciones de agua y luz y pintaron algunos detalles. "El resto de los arreglos deberá correr por parte de los futuros arrendatarios", dicen en la empresa.

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