Diario Impreso

"Nuestra misión es ser una ventana al mundo no exhibir arte contemporáneo"

<P>Desde hoy y como festejo de su décimo aniversario, el centro presenta por primera vez en Chile una obra del italiano Sandro Botticelli, del siglo XV.</P>

La lista era larga y en principio se permitieron soñar sin restricciones: Picasso, Klimt, Miguel Angel, Leonardo Da Vinci. La pregunta que se hacía Alejandra Serrano y su equipo era ¿Qué obra maestra del arte universal podemos regalarle a Chile? La respuesta no estuvo tan lejos de esas primeras anotaciones. Sería una obra del Renacimiento, una pieza extraordinaria, que difícilmente podría llegar al país antes. Desde hoy, se descubre en el Centro Cultural La Moneda, el espacio que dirige Serrano desde 2007, la pintura de 1487 Virgen con el Niño y seis ángeles, una de las obras más conocidas del maestro italiano Sandro Botticelli, perteneciente a la colección del Palacio Corsini en Florencia, Italia.

La pieza se exhibirá hasta el 13 de marzo dentro de una vitrina ubicada en el hall del piso -1 del centro cultural, a la que todo público puede acceder. Para Serrano exhibir esta obra simboliza la misión con la que fue concebido este espacio y la mejor forma para celebrar sus 10 años de vida. "Tiene que ver con nuestra identidad, con el tipo de servicio que queremos para Chile: arte del primer nivel al acceso de todos", dice.

¿Cómo se gestó la llegada de esta obra?

Llegamos a una lista corta de posibles obras porque, claro, de grandes obras que soñamos, el Guernica de Picasso o una obra de Da Vinci son imposibles de costear. Nos comunicamos con una agencia italiana, Mondo Mostre, que se dedica a itinerar colecciones y consultamos si era factible que nos prestaran una pieza de Botticelli. La Fundación Corsini, propietaria de la pieza, tenía una expectativa de dinero que no podíamos financiar; finalmente comprendieron, llegamos a un acuerdo, y con recursos propios, de Minera Collahuasi y la Embajada de Italia, hicimos posible esta excepcional visita.

Sin embargo, no han faltado las críticas que apuntan al excesivo gasto de recursos que resulta traer este tipo de piezas al país -cuyo valor en el mercado supera los US$ 10 millones- comparado con el déficit de financiamiento que viven muchas instituciones artísticas del país; además de quienes piensan que el centro debería estar dedicado a obras locales y arte actual.

Hay quienes no entienden la decisión de traer un Botticelli a Chile. ¿Qué piensa de eso?

Nuestra misión, y que fue pensado por el ex Presidente Lagos desde el origen de este espacio, es que fuésemos una ventana para mirar el mundo y no exhibir arte contemporáneo. Hay gente que tiene expectativas distintas, hay desinformación y malas intenciones en ciertos dichos. Alguna vez discutí esto mismo con Magdalena Krebs, en ese tiempo directora de la Dibam, quien también nos reclamaba lo mismo y ella comprendió. El tema de que nosotros tenemos mucho más que otros centros no es cierto. El dinero que nos da el Estado (alrededor de $ 1.687 millones anuales) nos sirve para operar con mucha eficiencia, pero para nada más. La infraestructura de la que somos responsables es carísima, ventilar e iluminar un lugar en el subsuelo, además de mantener los estándares de climatización y exhibición, cuesta mucho dinero. Aquí los sueldos son razonables, nadie se hace rico y no se pierde un peso. No hay que olvidar que aquí también funciona la Cineteca Nacional y el Centro de Documentación de Artes Visuales. Para programar las muestras nadie nos da dinero, trabajamos como locos para conseguir auspiciadores y socios que nos apoyen en cada proyecto. Nadie nos ha regalado nada.

En estos 10 años, el Centro Cultural La Moneda ha trabajado por consolidar un sello internacional, trayendo grandes exposiciones que intentan abrir el panorama cultural de los chilenos. Desde una de las primeras, México del Cuerpo al Cosmos, con más de 190 piezas de 40 museos distintos de México, pasando por China y el Ejército de Terracota (2009), Grandes Modernos (2012), con la colección de arte de Peggy Guggenheim, y la última en cartelera hasta el 7 de febrero, Samurái: armaduras de Japón.

Para este año el centro cultural ha programado además El álbum de Chile, una muestra de fotografía con curatoría de Gonzalo Leiva que intenta explorar la identidad local a través del trabajo de fotógrafos nacionales, y luego entre abril y agosto, Egipto, con más de 400 piezas, entre pinturas, relieves y esculturas, perteneciente a la colección del Museo Egipcio de Berlín.

¿Qué tan difícil es gestionar este tipo de exposiciones?

La verdad es que a estas alturas no nos cuesta nada. En términos de trayectoria, estamos al más alto nivel, y es un orgullo para nosotros y para Chile estar dentro de un circuito cultural donde muy pocos países de América están. Hoy podemos hablar con propiedad con muchas más contrapartes que al principio y con mucha solvencia, porque sabemos cómo hacerlo. Lo que siempre es difícil es financiar las operaciones. Siento que el mundo privado, salvo honoríficas excepciones, está lejos de ser responsable socialmente. Los empresarios no ven en esto una oportunidad de hacer mejores negocios ni de dar más acceso o calidad de vida a las personas. A ellos les interesan las utilidades rápidas y no están dispuestos a que esas utilidades vengan a largo plazo; hay una visión que hay que ir corrigiendo, y en eso la asociatividad entre instituciones culturales y empresas es clave.

¿Cómo se financia entonces el centro cultural?

¿Piensa que le falta este tipo de gestión a otros museos que se quejan de pocos recursos?

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