¿Por qué amamos nuestro número telefónico?
<P>Cuesta aceptar que sentimos apego por objetos inanimados, por abstracciones. No se trata de materialismo, es simple amor por lo que pensamos es una extensión de nosotros.</P>

Los hermanos Collyer murieron, literalmente, aplastados por su amor excesivo a las cosas. Cuando en 1947 la mansión familiar fue intervenida, la policía de Nueva York reportó el hallazgo de 103 toneladas de "basura". Periódicos, material quirúrgico y pianos de cola, entre otros objetos, formaban una masa compacta. Y asesina.
Sin embargo, un análisis más justo revela que las "cosas" acumuladas no eran cualquier porquería y que los Collyer no entraban en la categoría de simples acaparadores compulsivos. Ellos sólo llevaron al extremo una característica típicamente humana: el apego a objetos inanimados, incluso intangibles, como puede ser una dirección o los nombres anotados en una libreta.
Como durante tres décadas y media acumularon todos los diarios de Nueva York, no resulta raro que Langley Collyer haya muerto aplastado cuando una pared de noticias se derrumbó, mientras se dirigía a alimentar a su hermano Homer, que estaba ciego. Que se trataba de un par de avaros o de asesinos en serie, fueron algunas de las tesis que se apoderaron de la ciudad. Sin embargo, con el tiempo apareció una explicación más blanda de los hechos: los Collyer jamás lograron superar la muerte de su madre y la mansión se convirtió -con todo lo que tenía adentro- en la esencia de un tiempo que se negaban a dejar atrás. Todo adquirió para ellos un valor sentimental: los periódicos, por ejemplo, significaban la visión que Homer tuvo cuando niño y por eso, Langley compró todas las ediciones para que su hermano pudiera "ponerse al día" cuando recuperara la vista.
La historia de los Collyer es demencial. Sin embargo, investir a los objetos de una esencia es algo que la gente común y corriente hace a diario de manera consciente -y también sin darse cuenta- a través de conductas como el apego.
Al igual que los patitos, que tras salir del cascarón siguen al primer ser con movimiento que se cruce en su camino (recuerde el famoso experimento de Konrad Lorenz), este apego a las cosas sería algo innato.
Para demostrarlo, el profesor de sicología de la Universidad de Yale, Paul Bloom, realizó un experimento con niños pequeños. A un grupo de ellos les pidió asistir junto a su objeto "regalón" -un tuto o un osito de peluche- y a otro, con un juguete cualquiera. Luego, se les dijo que existía una máquina capaz de duplicar las cosas. Pues bien, los pequeños que tenían relaciones significativas con sus pertenencias se negaron a cambiarlas por otras, aunque fuera exactamente igual a la original. Es más, algunos de ellos se negaron siquiera a exponer a su roñoso juguete a la supuesta maquinita, por miedo a que se los cambiaran, a que les "robaran su esencia". Según Bloom, esto demostraría que otorgar un "alma" a las cosas sería algo intuitivo y que nada tiene que ver con el objeto en sí, sino que con "lo que nosotros creemos que esa cosa es". En otras palabras, con su esencia. Es a ella a lo que nos aferramos.
Y si bien es cierto que hay animales que se apegan a un objeto aparentemente inútil (perros que no sueltan ni a sol ni a sombra su juguete), sólo el ser humano llega a establecer una relación emocional con asuntos tan abstractos como un número. Esto no es raro. En el sitio numergossip.com, de la matemática Tanya Khovanova, nos enteramos no sólo de las propiedades aritméticas de las cifras, sino también de que el "7" es un número "suertudo, narcisista y feliz", y que el "66", además de ser un palíndromo (se lee igual hacia adelante que hacia atrás), es el número del orden con que el ejército clon actúa para liquidar a los jedis.
Puede que usted no sea consciente de por qué cierta dirección o número telefónico permanece porfiadadamente en su memoria, aunque lo más probable es que a lo largo de su vida haya otorgado un significado especial a la combinación "227", con la que partía su antiguo teléfono familiar.
¿Tendrá acaso el debate por la portabilidad numérica un componente sentimental que nos resistimos a admitir? El doctor Bloom diría que sí.
Cuesta aceptar lo atado que estamos a objetos inanimados. Con los tablets y smartphones no lo podemos ocultar, ya que han llegado a convertirse en extensiones palpables de nuestro cerebro, según la teoría de la profesora del MIT Sherry Turkle. (Basta recordar que casi nos sentimos amputados, si se nos queda el Iphone en la casa).
Pero con los números, nombres y recuerdos es más difícil ver ese apego irracional. A menos de que usted se decida literalmente a coleccionarlos y termine aplastado por sus obsesiones, igual que les ocurrió a Homer y Langley.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE












