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Quebrada de Humahuaca: desconocido altiplano argentino

<P>Cerros de muchos colores, pueblos detenidos en el tiempo y asentamientos arqueológicos en impecable estado dan cuenta de que el altiplano trasandino es mucho más que los paisajes que entrega el Tren a las Nubes. A 176 kilómetros de Salta y a 146 de Jujuy, esta ruta ofrece muchas experiencias diferentes, que pueden ser conocidas en tan sólo un día. </P>

"En la quebrada de Humahuaca usted ve lo mismo que en el Tren a las Nubes, pero es más bonito". Ese es el consuelo que siempre da el hombre de la oficina de turismo en Salta a los turistas despistados. Porque, claro, el tren que recorre parte del norte argentino tan alto que las nubes se miran hacia abajo es "la joyita" del turismo por estos lados, pero con fecha de caducidad: durante la época lluviosa (invierno boliviano) no realiza su recorrido, dejando a muchos visitantes con las ganas.

Pero Salta, la del apodo "la linda", le hace el honor a su nombre y sus alrededores también. Lo del tren se transforma en una anécdota cuando se le hace caso al hombre de la oficina de turismo y la Quebrada de Humahuaca entra en el itinerario de viaje.

Con una extensión de unos 170 km, este profundo surco tectónico-fluvial presenta no sólo paisajes realmente sobrecogedores, sino que también una cadena de pueblitos altiplánicos que, a medida que se van recorriendo, dan una clara idea de cómo es, fue y posiblemente seguirá siendo por algún tiempo la vida por estos lares. Son 10 mil años de historia humana, según dicen los expertos, que han dejado sus huellas regadas aquí. Un legado tan único, que la Unesco no dudó en nombrarla Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad en 2003 y, cómo no, también se ha ganado paulatinamente su espacio dentro de los circuitos turísticos de Argentina.

Como San Pedro... pero no tanto

Desde Salta son 156 kilómetros los que hay que transitar para llegar a Purmamarca, el primer gran poblado de la quebrada. Los pueblos, algunos de no más de 500 habitantes, están dispuestos uno tras otro siguiendo la abrupta geografía. Algo así como el Valle del Elqui, pero con escenarios más semejantes a los de San Pedro de Atacama, "El San Pedro argentino", según han señalado algunas publicaciones. Pero lo desconocido del destino que está del otro lado de la cordillera, la ausencia de grandes hoteles de lujo y la presencia de la cultura viva y cotidiana en cada uno de los pueblos marcan la diferencia.

Purmamarca es todo un hot spot para los aficionados a la fotografía. Está ubicado a los pies de un curioso monumento natural: el cerro de los Siete Colores, en el que los sedimentos marinos y fluviales dibujaron una palestra de diferentes tonos rojizos y cafés. Estos se observan en todo su esplendor a eso de las 10.00 y 11.00 de la mañana, cuando la luz permite también capturar las texturas del cerro. A esa hora, los miradores están repletos de turistas tratando de obtener una de las postales más reconocidas de la quebrada, los que se mezclan con los primeros vendedores de artesanías que se verán una u otra vez en las localidades siguientes.

El camino sigue a través de la Ruta Nacional 9, que bordea al río Grande, hasta llegar a Tilcara, que es la localidad más llamativa y movida de toda la ruta. Aquí es donde el carnaval de Humahuaca (sí, ese del famoso carnavalito El Humahuaqueño, infaltable en todo repertorio musical folclórico) alcanza su máximo fervor. En los días de Cuaresma, y tal como dice la canción , los "erke, charango y bombo" se toman sus calles que aglutinan a miles de personas.

Pero, aunque no sea período de carnaval, Tilcara ofrece muchos atractivos. Es considerada la Capital Arqueológica del Noroeste Argentino por la cantidad de restos de las culturas precolombinas que aún se encuentran en su subsuelo. Posee muchas (pero muchísimas) tiendas de artesanía y también es un importante punto de alojamiento, ya que en sus cercanías (1 km) se encuentra el Pucará de Tilcara. Descubierta en 1908, esta fortificación defensiva fue el hogar de los Tilcara, perteneciente al pueblo de lo omaguacas, y se ubica justo en el centro de la quebrada. Está a una altura de 2.500 msnm y a 80 metros de altura sobre el río Grande. Lo más particular de este recinto arqueológico es que, en 1966, fue restaurado parcialmente, por lo que quien lo visita podrá tener una idea de las viviendas, corrales y parcelas de sus habitantes, tal como eran hace 900 años. El complejo está dividido en tres sectores: el barrio de la entrada, donde estaban las casas comunes; el barrio de la iglesia, en el que se realizaban los ritos ceremoniales, y la necrópolis. Son 15 hectáreas en total que pueden recorrerse de manera autodidacta o con un guía local que pedirá una propina voluntaria.

El camino continúa. Se ven pequeños pueblos como Huacalera, Uquía y sus respectivas iglesias altiplánicas. Así, luego de recorrer 45 km de ruta se llega hasta Humahuaca, el último gran pueblo de la quebrada. Este se emplaza a 3 mil metros de altura y en él viven unas 7 mil personas. Posee el museo arqueológico más completo de toda la ruta y es imperdible subir las escalinatas del Monumento a los Héroes de la Independencia, que homenajea a las 14 batallas que libró en Humahuaca el ejército argentino del norte en la Guerra de Independencia. La imponente imagen de bronce de 70 toneladas que se erige en lo más alto es el chasqui indígena Pedro Socompa, que lleva la noticia de libertad y es un símbolo de la liberación de los pueblos originarios.

Aquí, en Humahuaca, puede acercarse a uno de los tantos restaurantes de comida típica y terminar la jornada de mejor manera: con unas empanaditas de charqui y una cazuela de llama, dos de las mayores exquisiteces de la gastronomía local.

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