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Recuerdos y anécdotas de los herederos de la Junta de 1810

<P>Aunque es una de las fechas más difundidas de la historia nacional, los cuatro descendientes de los integrantes de la Junta, la asocian con recuerdos de infancia.</P>

Es una de las fechas más públicas del país, pero a ellos les trae recuerdos de infancia. Ana María Ried recuerda que cuando estudiaba en las Monjas Inglesas sus profesoras solían mencionar para Fiestas Patrias que ella descendía de Ignacio de la Carrera, el padre de los hermanos Carrera y vocal de la Junta de Gobierno del 18 de septiembre de 1810.

Alfonso Márquez de la Plata dice que desde que tiene memoria comentaban el tema en su casa cuando, por estas fechas, aparecía en los diarios el nombre de su ancestro, Fernándo Márquez de la Plata, consejero de Indias y primer vocal de la histórica cita.

Un encuentro que se celebró a un costado de lo que hoy es el Palacio de Tribunales, y que entonces era el edificio del Tribunal del Consulado.

Dennis Argomedo se acuerda de su padre contándole que José Gregorio Argomedo no sólo fue secretario de ese encuentro, que comenzó a las nueve de la mañana hace 200 años. También fue presidente de la Suprema Corte, rector de la Universidad de San Felipe y diputado por Colchagua.

Al reflexionar sobre su antepasado, dice, viene a su memoria un día de 1823 que no vivió, pero que se ha transmitido en reuniones familiares a través de las generaciones: cuando, tras dejar el poder, Bernardo O'Higgins "le regala la piocha que hasta el día de hoy cuelga en la banda presidencial".

Francisco de Toro se acuerda, sobre todo, de un cuadro. Cuando piensa en su antepasado Mateo de Toro y Zambrano, recuerda una pintura de más de un metro de alto del Conde de la Conquista y presidente de la Junta, donde aparece de la cintura a la cabeza.

La imagen es de sus últimos años y estuvo tanto en su casa de Santiago como en el campo de Alhué, que perteneció a su antepasado y cuya casa patronal la familia conserva y busca convertir en un foco turístico e histórico. En el cuadro, luce "su uniforme militar, sus condecoraciones y su peluca. Siempre llamaba la atención", dice su descendiente.

Historias heredadas

La relación de los herederos de los integrantes de la Prinera Junta (que fueron nueve e incluyeron al obispo de Santiago, José Antonio Martínez de Aldunate) son una mezcla de orgullo familiar y anécdotas que pocos conocen.

También, un sentimiento de responsabilidad y, en algunos casos, una sensación de peso.

Ana María Ried proviene de la línea de José Miguel Carrera Fontecilla (único hijo varón de José Miguel Carrera), quien, a su vez, engendró al héroe de la batalla de la Concepción, Ignacio Carrera Pinto.

Cuenta que "de chica casi era un peso ser descendiente de los Carrera. Mi abuela, Isabel, fue la última que llevó el apellido, porque en esa generación sólo hubo descendientes mujeres". Dice que ella le contó cómo, al enviudar, arrendó el primer piso de su casa de José Domingo Cañas al escritor Jorge Inostroza, quien allí escribió Los Húsares Trágicos, una de sus obras más conocidas, "que está inspirado en la historia de los Carrera".

Cuenta, también, que en el colegio fue expulsada de la academia de historia por defender a José Miguel Carrera de una compañera que lo trató de "cobarde" por cruzar el río Itata en la batalla de El Roble (1817), para eludir a los realistas.

"Siento que he heredado esa porfía y esa tenacidad. (...) No un sentimiento trágico", reflexiona.

La idea original

Francisco de Toro también creció rodeado por anécdotas familiares que son parte de la historia pública de Chile. Dice que, aun hoy, no existe claridad en torno a que la Junta no tenía como propósito la Independencia, que sólo se conseguiría ocho años más tarde. Y que su meta, en cambio, era autogobernarse por primera vez, debido a la cautividad en la que la permanecía el Rey Fernando VII por parte de las tropas napoleónicas.

De Toro añade que "mi papá siempre nos decía que si la independencia hubiera sido el 18 de septiembre de 1810, don Mateo (quien murió en 1811) habría sido un traidor, porque a quien debía lealtad era al rey".

"Por los corredores de la Casa Colorada perseguía con un sable a un yerno que quería la Independencia. Parece que tenía un poco de mal carácter, que es una característica de la familia", agrega De Toro.

Alfonso Márquez de la Plata comparte otra anécdota familiar. Cuenta que en abril de 1811 el oficial Tomás de Figueroa intentó un cuartelazo para derrocar a la Junta establecida un año antes. La intentona se frustró y, con el voto de su ancestro, se lo mandó a fusilar.

Dice que su padre contaba que "muchos años después, había unas señoras viejitas de apellido Figueroa, que cuando lo veían en la calle se pasaban a la otra vereda".

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