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Sarah Chang, la mujer prodigio del violín toca hoy en Frutillar

<P>La violinista estadounidense grabó su primer disco a los 10 años y hoy es una de las grandes intérpretes de su instrumento.</P>

Como los deportistas de elite, la vida de la violinista estadounidense Sarah Chang ha estado plagada de récords y proezas. A los tres años su madre le enseñó melodías al piano para ser tocadas con un solo dedo, a los cuatro le regalaron un violín en miniatura, a los cinco ingresó a la escuela Juilliard tras interpretar el Concierto para violín en sol menor de Bruch, a los ocho tocó junto a Zubin Mehta y la Filarmónica de Nueva York y a los 10 grabó su primer disco, al que le pusieron Debut. Fue una marca, pues nadie hasta ese momento había registrado un disco a tan corta edad. Luego su vida continuó por aquel sendero de triunfos, exigencias, estudio, discos, conciertos, giras y adultez adelantada.

Hoy, con 31 años, Sarah Chang tiene un currículum que algunos de sus colegas no logran ni con tres décadas adicionales de vida. Ha tocado con las mejores orquestas del mundo (desde la Filarmónica de Nueva York a la Filarmónica de Berlín, pasando por la Sinfónica de Chicago, la Filarmónica de Viena o la del Concertgebouw de Amsterdam) y la han dirigido batutas como Mehta, Riccardo Muti, Kurt Masur, Daniel Barenboim, Gustavo Dudamel o el propio Plácido Domingo.

La violinista nacida en Filadelfia, de padres surcoreanos, ya lleva una semana en el país y, tras presentarse el pasado miércoles en el Teatro Las Condes dentro de la programación de la Fundación Beethoven, toca hoy en el Teatro del Lago de Frutillar. Lo hará con el Concierto para violín en re menor (1904) del finlandés Jean Sibelius, una pieza que grabó a los 15 años para el sello EMI junto a la Filarmónica de Berlín.

A pesar de tener una técnica más o menos perfecta, Chang aún no cree que tocar a Sibelius sea una tarea de niños. "Amo a este compositor. Es uno de los conciertos más poderosos, dramáticos y complicados que existen en el repertorio. Es difícil hacerlo, pues posee una rara mezcla de frialdad nórdica y de drama romántico e hirviente. Adoro sus fuertes contrastes", dice la violinista, que interpretará la pieza junto a la Orquesta Juvenil de las Américas, a las 18 horas.

Su más reciente disco contiene aquel Concierto en sol menor de Bruch con que debutó cuando pequeña: "Esa pieza tiene un especial lugar en mi corazón, la toqué por primera vez a los cinco años para la audición de Juilliard y cada vez que puedo la vuelvo a hacer".

Con un contrato exclusivo para el sello EMI (para el que ha grabado 18 discos y dos DVDs), premios como el Gramophone Award en 1993 y presentaciones que van del Carnegie Hall de Nueva York al Barbican Centre de Londres, el ritmo laboral de Chang no conoce pausas y se mueve a máxima velocidad. De pequeña, lo sabe, se perdió lo que la mayoría de los chicos de su edad tienen, y no lo lamenta. No en público, al menos: "Creo que mis padres trataron de darme una infancia normal, pero por supuesto no tuve muchas cosas, como fiestas, cumpleaños, etcétera. Sin embargo, no me arrepiento. Estoy feliz de haber escogido este camino".

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