Editorial

Controversia por postulación de Bachelet a Secretaría General de la ONU

Es lamentable que pese a sus indudables méritos para ocupar el cargo, su candidatura esté empezando a ser un factor de división. La mayor responsabilidad de ello recae en la forma como el Mandatario ha llevado este proceso, sin considerar al nuevo gobierno.

Controversia por postulación de Bachelet a Secretaría General de la ONU Diego Martin/Aton Chile Diego Martin

La inscripción de la expresidenta Michelle Bachelet como candidata a la Secretaría General de Naciones Unidas -acto que fue oficializado esta semana por el Presidente Gabriel Boric, oportunidad en que además se reveló que los gobiernos de Brasil y México también se plegaron a la postulación de la exmandataria- ha estado lejos de concitar la unidad, pues la forma y oportunidad en que se llevó a cabo generaron la evidente incomodidad del Presidente electo José Antonio Kast, además de cuestionamientos provenientes de distintos sectores de oposición, generando una serie de cruces con La Moneda.

El Presidente Boric había anunciado en la última asamblea general de la ONU, en septiembre pasado, que Chile postularía a Bachelet como candidata para este alto cargo internacional, sin sensibilizar previamente esta postura con representantes de la oposición, lo que ya entonces le valió cuestionamientos. Apenas electo, Kast fue explícito en plantear que una definición al respecto solo la tomaría una vez que asumiera el gobierno, en marzo próximo, lo que fue visto como un acto de cierta mezquindad cuando eran evidentes los méritos de la exmandataria. Pero ello no justifica que el Presidente Boric haya tomado por sorpresa al nuevo gobierno inscribiendo en este momento la candidatura de Bachelet con el respaldo de las dos principales potencias de América Latina; es decir, Bachelet ahora es la candidata oficial de tres países, lo que implica que para la nueva administración una eventual reevaluación de esta candidatura podría abrir complejos flancos con los gobiernos de México y Brasil.

No debe sorprender entonces que el paso que dio La Moneda haya generado molestia en el Presidente electo, quien planteó que en estos momentos el gobierno debería centrarse en la contingencia del país -entre ellos los damnificados por los incendios forestales-, para luego endurecer el tono y señalar que concordaba con lo planteado por el presidente del Partido Republicano –el dirigente señaló que “lo que está haciendo el gobierno postulando a Michelle Bachelet es el amarre más grande que está dejando”-, y que si bien comprende que el Presidente Boric tiene una buena relación con Brasil y México, “dista mucho de lo que habríamos esperado del Presidente en relación a lo interno y también lo internacional”. El propio Mandatario y la vocera de gobierno han salido a responder a estos comentarios, lo que a su vez ha provocado que diversas voces de oposición exhorten a Kast a no persistir con esta candidatura en la ONU.

Es lamentable que la candidatura de la expresidenta Bachelet esté comenzando a ser un factor de división en el país, en circunstancias que atendida su dilatada trayectoria política y su paso como Alta Comisionada de los Derechos Humanos así como el haber encabezado ONU Mujeres la convierten en una candidata especialmente idónea para detentar este cargo. Sin embargo, las controversias de este tipo solo consiguen debilitar sus propias posibilidades, ya que arriesga a que su candidatura deje de ser tratada internamente como un asunto de “Estado” -es decir, que cualquiera sea la ideología del gobierno de turno su respaldo está asegurado, porque en el fondo se asume como una causa que va en el interés nacional-, y su eventual triunfo esté dejando de ser visto por todos como algo importante para el país.

La responsabilidad de este mal manejo recae principalmente en la forma como el Presidente Boric ha conducido este proceso, donde ha prestado escasa atención a la importancia de que los pasos que se den en relación con esta candidatura estén lo más sensibilizado posible con la futura administración e idealmente cuenten también con su anuencia -después de todo, se trata de la candidata oficial de Chile-, y en cambio dé pie a suspicacias de que con este actuar inconsulto hay un ánimo de imponer un nombre al nuevo gobierno -eso inevitablemente genera resistencias- y abrirle deliberadamente un flanco a Kast y su coalición.

El Mandatario ya había sido objeto de cuestionamientos a raíz de la inconsistencia que supone aspirar al triunfo de Bachelet y en paralelo insistir en críticas hacia al Presidente Donald Trump, porque con ello pone en riesgo las posibilidades de la propia expresidenta, atendido que Estados Unidos es uno de los países con derecho a veto dentro de la ONU y por tanto ganar su respaldo resulta fundamental para asegurar la Secretaría General. No es claro aún hasta dónde el hecho de que Bachelet haya sido inscrita por tres gobiernos de sensibilidad de izquierda podría generar resquemores en Washington, y por lo mismo habría sido acertado que ello hubiese sido previamente abordado con los equipos de Kast y evaluado por las instancias consultivas con que cuenta la Cancillería, lo que sería acorde con la lógica de tratar esta candidatura con lógicas de Estado y orientadas a asegurar un triunfo para el país.

Y aunque el proceso lo está llevando adelante el gobierno, es lamentable que la propia expresidenta Bachelet esté consintiendo implícitamente esta equivocada forma de proceder, pues atendida su experiencia política ella debería ser consciente de que los roces con Estados Unidos y los desencuentros con la actual oposición no son buenas cartas de presentación.

En las semanas que restan para que concluya esta administración el gobierno del Presidente Boric tiene aún la oportunidad de buscar puentes con la oposición para bajar la tensión e intentar que la candidatura de la expresidenta deje de ser un factor divisivo.

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