Editorial

El retorno del General Baquedano

Es sin duda una buena señal que el monumento regrese a su lugar original, pero ahora las autoridades y la propia ciudadanía deben ser coherentes con esta decisión y comprometerse con la protección del patrimonio y el repudio al vandalismo.

Javier Torres/Aton Chile JAVIER TORRES/ATON CHILE

La decisión de retornar el monumento del general Manuel Baquedano al lugar donde estuvo emplazado desde 1928 -fue retirado de ahí el 12 de marzo de 2021 a raíz del grave deterioro que había experimentado producto de la vandalización de que fue objeto en el contexto del llamado estallido social- cierra finalmente un largo ciclo, desde luego porque reinstala una obra de enorme significado patrimonial e histórico para la ciudad de Santiago, pero sobre todo porque a nivel simbólico muchos son los que ven aquí el punto final a lo que se ha denominado el “octubrismo”. La Plaza Baquedano fue el epicentro de las movilizaciones desatadas a partir de octubre de 2019, pero también de un nivel de destrucción y vandalización que tornaron irreconocible dicho espacio y sus alrededores, así como vastos lugares de la ciudad.

Variadas voces habían hecho presente que el plinto vacío y vandalizado era una señal de claudicación frente a la violencia y una renuncia a reconocer la grandeza de los héroes de la Guerra del Pacífico -cabe recordar que además del retiro de Baquedano también se trasladaron los restos del “Soldado Desconocido”, que formaban parte del magnífico conjunto escultórico-, de modo que de haber cedido al traslado definitivo de este monumento habría enviado una señal muy equívoca a la sociedad.

El gobierno había tomado la decisión a mediados del año pasado de retornar el monumento del general Baquedano -una obra maestra del escultor Virginio Arias- al emplazamiento donde permaneció durante casi 93 años, lo que entonces el Presidente Boric calificó como una “justa decisión”, considerando -dijo- que “fue uno de los principales líderes militares de la Guerra del Pacífico”, mostrando una postura muy diferente a la que había expresado tiempo atrás, en que calificó a la estatua como “divisiva” y que preferiría que la plaza fuese un lugar de “memoria”. Es un hecho que tras el estallido la ciudadanía se dividió en torno al monumento. Un estudio de Cadem realizado en marzo de 2021 reveló que el 51% opinaba que no debía ser repuesto en su lugar de origen, versus el 49% de los encuestados que estimaba que sí. El cuadro ya era muy diferente en febrero de 2025, cuando un estudio de panel Ciudadano-UDD mostró que el 51% era partidario de regresarlo, contra apenas el 19% que estimaba debía ser trasladado a otro lugar.

Luego de que el Concejo Municipal de Providencia votara hace unos días por unanimidad el retorno de Baquedano, y tras un extenso análisis por parte del Consejo de Monumentos Nacionales -que algunos vieron como maniobras de dilación, con exigencias tan inusuales como un “estudio de cargas antrópicas”-, éste finalmente autorizó al municipio a reinstalar la estructura, sellando así la decisión. Con ello se abre ahora otra etapa, no menos relevante.

En el tiempo venidero las instituciones del Estado y sus respectivas autoridades deberán ser coherentes con el paso que se ha dado y esta vez dar muestras de su compromiso en la defensa de nuestro patrimonio. La amarga experiencia de contemplar una inacción del Estado frente al destrozo progresivo del monumento -como asimismo de muchos otros a lo largo del país- fruto del vandalismo no puede volver a repetirse, ante lo que también cabe esperar que la propia ciudadanía se haga parte del cuidado de nuestro patrimonio, repudiando todo tipo de vandalismo y exigiendo su preservación.

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