Juan Pablo Larenas, de Sistema B Global: "Es una posición cómoda y egoísta si las empresas no se comprometen a reformas estructurales"

Juan Pablo Larenas

Además, el ingeniero comercial critica la composición de los gobiernos corporativos. "Falta diversidad de género, de origen, de miradas territoriales, de personas que vengan de otras regiones", agrega.




A partir de la crisis y desde la vanguardia de las empresas B -compañías que pretenden generar impacto positivo en la sociedad y no solo utilidades-, el presidente de Sistema B Global, Juan Pablo Larenas, impulsó el "Desafío 10x", una iniciativa que busca que la diferencia entre los sueldos más altos y los más bajos de una organización no sea mayor a 10 veces. Pese a esto, hace una autocrítica. "Muchas veces caímos en la autocomplacencia de no haber desafiado más a las empresas B, pero también de no haber desafiado más al sector empresarial tradicional", explica.

Según Larenas, la solución al conflicto social no puede depender de una reforma tributaria que redistribuya los ingresos, sino que debe partir por acciones concretas de los empresarios. Mayor presencia de mujeres y de trabajadores en los directorios, mejores sueldos y compromiso con el medio ambiente son algunas de las respuestas que entrega para la salida de la crisis, que ya lleva 50 días.

Parte de las razones de esta crisis es que muchas empresas todavía no entienden cuál es su rol en la sociedad. Debemos tener una conexión real con la solución de las grandes problemáticas. Las empresas nacieron para resolver los problemas y su rol no termina en dar trabajo y pagar impuestos, es mucho más allá. Deben estar al servicio de las personas y el medio ambiente. Varias empresas a partir de esto han generado espacios profundos de conversación con sus trabajadores. Y muchos han dicho que más allá de la mejores condiciones laborales, hay un tema detrás de empatía. Como sector empresarial nos ha faltado empatía.

¿A qué le atribuye esta falta de empatía?

A la avaricia, a que los incentivos probablemente no han estado bien alineados. Han estado alineados a crecer, a acumular capital, a repartir utilidades, satisfacer los intereses de nuestros inversionistas y muchas veces eso no se conecta como debería con satisfacer las necesidades de otros grupos de interés, de los trabajadores, proveedores, de la comunidad.

En ese sentido, la exdirectora de la Bolsa de Santiago, Jeannette von Wolfersdorff, dijo recientemente "buena parte de la crisis social de hoy día se explica por las dificultades de nuestra élite económica y política para superar un estrecho pensamiento grupal que le ha dificultado empatizar con la realidad que viven las grandes mayorías de nuestro país". ¿Qué piensa de aquello?

Estoy totalmente de acuerdo. Es más grave todavía, porque es una élite masculina, cerrada, que actúa haciendo defensas corporativas y por lo mismo necesita que en las tomas de decisiones se incorporen otras miradas, más allá de género, que sumen a los trabajadores. Hay empresas que lo hacen acá, pero necesitamos que se haga más. Hay un problema serio en que los gobiernos corporativos no están a la altura de lo que necesita la sociedad y el medio ambiente.

Entonces, ¿hace falta más diversidad?

Totalmente. Falta diversidad de género, de origen, de miradas territoriales, de personas que vengan de otras regiones. Desde Sistema B debemos ser más proactivos en eso, también. No es un problema solo de las empresas tradicionales, es un problema de la empresa y el emprendimiento en general.  Todavía, en ciertos sectores te preguntan el colegio, imagínate que en una entrevista te pregunten en qué colegio estudiaste. Falta diversidad, mayor compromiso y mayor seriedad en cómo se contratan a las personas, por ejemplo. Es muy importante que subamos el estándar en ese sentido.

Durante el estallido hemos visto mucha rabia hacia las grandes empresas y sus dueños. ¿Tienen responsabilidad los empresarios tradicionales en esa sensación?

Sería muy injusto echarle la culpa a los empresarios por la crisis. Yo creo que somos todos cómplices, en mayor y menor medida. El estado, las empresas, los políticos, incluso la sociedad civil. Pero los que somos más cómplices somos nosotros como ciudadanos. Debemos ejercer más nuestras responsabilidades y no solo nuestros derechos. Por otro lado, las empresas sí han sido causantes de grandes problemas sociales y ambientales, pero también han sido motor de cambios. Eso ya pasa y no solo con las empresas B, sino con miles de compañías que tienen estándares extraordinarios hace mucho tiempo.

"Hay que ponerse los pantalones con coraje, con iniciativa, y no esperar la regulación"

¿Cuál es la salida para la crisis que estamos viviendo?

Tal como al Estado se le están pidiendo grandes reformas, creo que es una posición cómoda y egoísta si es que las empresas no se comprometen a reformas y cambios estructurales importantes. Desde la carbono neutralidad hasta mejoras en las condiciones laborales.  No podemos esperar a que los problemas de la crisis se solucionen con reformas tributarias. Necesitamos que las reformas de las empresas que tienen mucha mayor agilidad para generar los cambios que el estado y la política pública, sean más rápidas; no puede ser que haya compañías donde la diferencia entre el salario más alto versus el salario más bajo sea 100 veces.

Alfonso Swett, presidente de la CPC, declaró al principio de la crisis "hay que meternos las manos al bolsillo y que duela". Luego de eso, ¿cree que ha existido la disposición de los empresarios para la búsqueda de soluciones?

A mí me ha tocado conversar con muchos de ellos y veo que efectivamente están haciendo una reflexión profunda. Ahora, a las grandes empresas les cuesta más tiempo cambiar. Creo en las palabras de Alfonso Swett y otros empresarios, que hay que hacer cambios y que hay que meterse las manos en el bolsillo. No solamente que los empresarios sean más generosos y hagan cambios en sus empresas, sino también que haya penas efectivas de aquellos que abusan.

¿Hace falta un cambio estructural?

Si bien todas las medidas que ha planteado el Presidente van en una buena dirección, algo que ha faltado es una propuesta país de grandes reformas. Hay que generar cambios estructurales en ciertos instrumentos privados. Por ejemplo, dónde invierten las platas las AFP. Imagínate que inviertan nuestro dinero en compañías que busquen solucionar los dolores de Chile: infancia, salud, educación. Otra reforma importante es cómo vamos dando fin a privilegios no justificados, regular mejor los gobiernos corporativos de las empresas, lo que mencionaba antes. Y obviamente, necesitamos políticas públicas que regulen, fiscalicen, den penas efectivas a los delitos de cuello y corbata y no solamente clases de ética, que haya fiscalización,  y para quienes hacen bien la pega, haya beneficios.

¿Hay que tocar al poder para salir de la crisis? Por ejemplo, en cuanto a los delitos de cuello y corbata...

Absolutamente y eso pasa en otros lados. En Estados Unidos, mira cómo caen los que hacen delitos de cuello y corbata, incluso en Brasil. En Chile, creo que no hay hasta el momento ningún empresario en la cárcel. Obviamente hay que tocar el poder, pero más que tocarlos hay que interpelarlos para ser parte de la solución. Todos concentramos el poder. La tentación de estar en muchos directorios, de estar en diferentes tomas de decisiones, tenemos que diversificar el liderazgo. Requerimos mayor redistribución de ingresos, pero también de poder. Para que otros tengan poder, los que lo tienen, deben cederlo.

¿Y si no se ponen los pantalones para salir de la crisis, qué pasa?

Hay que ponerse los pantalones con coraje, con iniciativa, y no esperar la regulación. La regulación va a llegar tarde. Las empresas tienen capacidad de movilización y cambio mucho más rápido que la regulación del Estado y definitivamente, si como empresas, incluidas las B, no nos ponemos al servicio de la solución de la crisis, no vamos a salir de esta. El descontento viene de muchas personas que están empleadas. Antes de que empezara esto, Chile estaba con una tasa de desempleo de 7%. Entonces, mucha de la gente que se está manifestando o de los que han saqueado trabajan y probablemente en empresas. Está más que claro que, si logramos que los que emplean al 70% de la fuerza laboral de Chile cambien, las probabilidades de que salgamos de la crisis social son más altas.

El rol de las empresas B

¿Han hecho suficiente las empresas B en este contexto?

Nosotros hace 10 años que estamos impulsando con mucha fuerza el movimiento de las empresas B porque sentimos que con más de estas podemos dar solución a estas problemáticas, pero obviamente no es suficiente. Hago una autocrítica de dos cosas: a ratos me siento cómplice de no haber interpelado más a los empresarios, a los gremios. Muchas veces caímos en la autocomplacencia de no haber desafiado más a las empresas B, pero también de no haber desafiado más al sector empresarial tradicional.

¿Todas las empresas deberían acercarse al sistema B?

Nuestro sueño es que hayamos nacido para autodestruirnos. Es decir, que en 2030, todas las empresas se comporten como B y que cuando hables de empresas, la norma sea operar así. Es decir, que la empresa B se transforme en el desde.

¿En Chile lo ve posible?

Tengo la esperanza de que sí.  Yo me saco el sombrero con las grandes empresas en Chile y el mundo que han decidido ser empresas B porque es un acto de valentía. Todas las compañías generamos impactos negativos, pero el hacerte empresa B principalmente es un compromiso de mejora permanente, por lo tanto me saco el sombrero con Hortifruit, con Megacentro, con Parque del Recuerdo, con Natura, Danone y otras que han decidido ser empresa B y en cuyos casos el compromiso es notable.

¿Está la esperanza de que a partir de esta crisis, los consumidores se vuelquen más a las compañías B?

Yo lo que más espero de esta crisis es un cambio de consciencia profunda de los ciudadanos. Y ojalá que nos cuestionemos dos cosas: lo que consumimos y por qué lo hacemos.

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