Por Lorena Gallardo GilPorsche Ice Experience for Her: a la conquista del hielo
Por Lorena Gallardo Gil. Fotos Porsche. Desde Quebec, Canadá. Por segundo año consecutivo, Porsche Canadá celebró un Ice Experience exclusivo para mujeres. Una experiencia de conducción extrema sobre nieve y hielo, que nos desafió en cada prueba, buscando hacer de de nosotras unas mejores conductoras, más hábiles, seguras... empoderadas. Y, sin lugar a dudas, así nos sentido al bajar el telón de tremendo evento.

Desde que tengo “uso de razón” en el periodismo automotriz, que conozco de los cursos de conducción sobre nieve y hielo que ofrecen marcas premium y de estirpe deportiva. En mis inicios, hace ya casi 20 años, escribí varias veces sobre ellos, imaginando lo increíble -e inalcanzable entonces- que sería participar de alguno. Esto mismo le comentaba a mis colegas hace poco más de un mes, en el Porsche Ice Experience, un programa de entrenamiento sobre superficies particularmente heladas y deslizantes. Adrenalina y diversión pura al volante de un 911. ¡De ensueño!
Viajamos hasta Saint-Sauveur-des-Monts, en la provincia de Quebec, distante a unos 70 kilómetros al norte de Montreal, en Canadá. Allí nos recibió Elizabeth Solís, gerente senior de Relaciones Públicas y Comunicación para Porsche Latinoamérica, y quien sería nuestra anfitriona durante los próximos días. En total, éramos seis periodistas, provenientes de México, Costa Rica, República Dominicana, Colombia, Argentina y Chile. Todas mujeres, ya que asistíamos a una edición especialmente pensada para nosotras.
Parte de una oferta global -que incluye Finlandia y Mongolia- el Porsche Ice Experience Canadá en su 15º aniversario celebraba por segundo año consecutivo, una variante con el apellido “For Her”, es decir, diseñada exclusivamente para mujeres y donde no faltaron los “mimos”. Así, el primer día fue de camaradería y spa, lo que nos dio suficiente tiempo para conocernos, relajarnos y prepararnos para lo que viviríamos la jornada siguiente. Un verdadero privilegio sí, pero al que se puede acceder siendo o no clientes de la marca -y claro, previo pago de unos US$3.500, lo que cuesta el curso-.


Día de entrenamiento
El domingo partió con unos gélidos -20° Celsius. Una temperatura, prácticamente, insoportable para todas nosotras provenientes de tierras cálidas - y de un febrero en pleno verano además-. Pues bien, iniciamos la jornada, con una charla sobre el circuito, los ejercicios que realizaríamos, la performance de los autos e instrucciones de seguridad. Tras ello, abordamos un bus que nos llevaría a Mécaglisse, en un viaje de una hora aproximadamente, hasta Notre-Dame-de-la-Merci.
Traducido del francés, Mécaglisse viene siendo algo así como “la meca del deslizamiento”. En concreto, hablamos de un complejo motorsport de talla mundial, que alberga seis trazados en 15 kilómetros de extensión, cada uno con desafiantes curvas, cambios de elevación y paisajes espectaculares. Allí se realizan cursos de manejo de rally, motocross y autos deportivos, siendo en invierno cuando mayor provecho se le saca, ya que entonces se habilita una pista extra de nieve y dos círculos para ejercitar el control del sobre y subviraje.

Una vez allí, supimos que el día sería bueno, muy bueno, al percatarnos de semejante bienvenida que nos tenían preparada. Los instructores a cargo formaron una especie de pasillo a la bajada del bus, para recibir a cada participante con choque de palmas y vítores. A ello, le seguía una recepción en la clubhouse del recinto, con café, chocolate caliente y otras delicias dulces para entibiar el cuerpo y animarnos aun más para lo que se venía.
Entonces, nos dividieron por grupos. Al frente de nosotras y otras dos chicas canadienses, quedó Stephan Trinidade, piloto certificado por Porsche hace más de 20 años. Un mexicano radicado allá, de lo más simpático y con mucho conocimiento -y paciencia también- para explicarnos cada prueba en español y luego en francés. Un lujo que nos detallara cada ejercicio en nuestro idioma, ya que así pudimos entender mejor, claro está.
Partió desde lo más básico, es decir, enseñando la manera correcta de sentarnos al volante, así como también mostrándonos muy didácticamente -con un 911 en miniatura- lo que era el subviraje y el sobreviraje. De ahí en más, todo fue un desafío a superar.


“Jugar a deslizarse”
Cinco eran los ejercicios que realizaríamos durante aquella inolvidable jornada. Tres en la mañana y dos en la tarde, todos en diferentes pistas. Sin importar el nivel de experiencia de cada participante, el objetivo final era elevar las habilidades de conducción y la confianza de las invitadas mediante instrucción experta y con un prolongado tiempo al volante.
Iniciamos a los mandos de un 911 Carrera 4 GTS, que se caracteriza por tener tracción en las cuatro ruedas. Además, y por si se desconoce, es el primer “nueveonce” híbrido de la historia. Gracias a un motor 3.6 litros bóxer y a la presencia de un bloque eléctrico instalado en la transmisión PDK de ocho velocidades, alcanza una potencia de 541 Hp y 610 Nm.

Partimos en un pista circular para aprender a controlar el sub y sobreviraje. Aprendimos que el primero, se produce cuando al girar, el auto no responde como debiera -según lo indicado por la dirección- y porque las ruedas delanteras han perdido adherencia al piso, lo que hace que se vaya de frente. Nos enseñaron que se corrige levantando el pie del acelerador para que el peso se vaya hacia el frente y así tenga más agarre para doblar, maniobra que se debe hacer suavemente y confiando en que el auto si va a corregir su trazada.
Por el contrario, cuando el auto sobrevira o gira mucho, porque las ruedas traseras pierden adherencia, yéndose el auto de cola e incluso pudiendo llegar a hacer un trompo; lo que hay que hacer es corregir con el volante apuntando en la dirección en la que se quieres ir y ligeramente aflojar el pie del acelerador.

Tras ello, vino la prueba del slalom, buscando inducir el derrape con el acelerador. Con el control de estabilidad en modo deportivo, fuimos de un cono a otro, intentando mantener un buen ritmo pendular y que el auto se fuera ligeramente de cola, pero no tanto como para trompearnos. Las instrucciones eran claras y parecía sencillo, pero cuadrar todo eso en mi cabeza, y coordinar con mis manos y pie derecho, no lo era tanto. Una de las claves era doblar rápidamente hacia el lado opuesto del deslizamiento, para así mantener la estabilidad.
Luego, y como una forma de poner en práctica lo aprendido hasta ese momento, continuamos en esta pista, pero en su versión extendida. Es decir, iniciábamos en el slalom, para posteriormente, adentrarnos en un circuito con rectas, chicanas y cambios de altura. En una de sus primeras vueltas, a la salida del slalom, terminé metida en un banco de nieve, luego ya gestioné mejor la aceleración, freno, dirección, etc y llevé de mejor forma el trazado.

En la tarde, luego de un muy rico almuerzo, volvimos a ponernos al volante de un 911, pero esta vez de uno con tracción simple (Carrera S). ¿Qué hicimos? Primero, drifting con freno. Arrancábamos recto acelerando progresivamente, hasta la zona de los conos, donde había que soltar el acelerador, doblar y pisar el freno por un instante. Entonces, lo que debía ocurrir, si lo hacíamos bien, es que el auto derraparía en la dirección indicada. Eso, en la teoría, pues en la práctica solo logré un mini drift.

Cuando el sol se estaba poniendo, y como última prueba, nos dimos a la tarea de intentar el famoso Scandinavian Flick, una técnica de conducción de rally utilizada para tomar curvas cerradas a alta velocidad, especialmente en superficies resbaladizas. Consistía en girar el volante brevemente hacia el lado contrario de la curva para desestabilizar la parte trasera y provocar un sobreviraje, facilitando un giro rápido y cerrado. Insisto, todo se oía fácil, pero hacer todo eso en segundos, era complicado. Lo que sí, cada pasada, era mejor que la anterior. Y es que como dicen, la práctica hace al maestro.
Como broche de oro a este tremendo día, los instructores ofrecían sacarnos a dar una vuelta rápida, poniendo en práctica -con gran expertise- cada una de las bases enseñadas en el curso. Fue así, y con el diploma respectivo, que coronamos una experiencia única, la cual, sin lugar a dudas, me ha hecho una conductora más segura, capaz y hábil para enfrentar ciertas situaciones de manejo extremo y, por supuesto, del día a día.

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