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Nigeria se convierte en el primer país de África en depositar material en el Archivo Mundial del Ártico

Se trata de una amplia gama de historias nacionales, comunitarias y culturales. El material se aloja en el interior de una antigua mina de carbón en Svalbard, cerca del Polo Norte.

Trabajadores de un molino de arroz situado a la entrada de Makurdi, capital del estado de Benue, tamizan el arroz y separan los granos. Debido a la importancia de la agricultura en el estado, Benue es conocido como el granero de Nigeria. Foto: MSF Alexandre Marcou

Nigeria se convirtió en el primer país africano en depositar sus archivos culturales, literarios e históricos en el Archivo Mundial del Ártico (AWA) ubicado a 300 metros bajo una montaña, donde las condiciones frías, oscuras y secas son perfectas para la conservación.

Este Archivo se encuentra en el interior de una antigua mina de carbón en Svalbard (Noruega), cerca del Polo Norte, donde los materiales se conservan en condiciones de permafrost diseñadas para perdurar durante siglos. Los documentos almacenados en las instalaciones se graban en película fotográfica ultrarresistente y se sellan para protegerlos de riesgos ambientales, tecnológicos y políticos.

Los organizadores del proyecto afirman que el debut de África en el archivo tiene como objetivo salvaguardar materiales que son cada vez más vulnerables a la pérdida debido al deterioro, las fallas institucionales, la obsolescencia digital y la inestabilidad política.

“La mayoría de las sociedades dan por sentado que sus registros siempre estarán ahí, hasta que un día dejan de estarlo”, dijo al portal Vanguard un conservador involucrado en el depósito africano. “Este proyecto trata de asumir la responsabilidad de la memoria antes de que desaparezca”.

Vista del Archivo Mundial del Ártico (AWA) ubicado a 300 metros bajo una montaña.

Los archivos procedentes de Nigeria reflejan una amplia gama de historias nacionales, comunitarias y culturales. Entre los materiales confirmados se incluyen registros patrimoniales de instituciones culturales nigerianas, que comprenden fondos museísticos digitalizados, colecciones etnográficas y documentos administrativos. También se incluyen registros del Asaba Massacre Memorial Trust, que conservan testimonios y pruebas relacionadas con las matanzas de 1967 durante la guerra civil de Nigeria.

La documentación cultural contemporánea constituye otra parte del depósito. Bloom Arts y Mbari Kola aportan registros de exposiciones, artistas y espacios creativos independientes que a menudo quedan excluidos de los archivos estatales oficiales.

La memoria comunitaria está representada a través del Depósito del Legado de Umuchieze, que reúne manuscritos originales de Eze Enyeribe Onuoha, documentación del rito de iniciación Iwa Akwa, historias orales, fotografías y registros familiares privados.

La colección también incluye material intelectual singular, en particular uno de los pocos ejemplares que se conservan de los documentos del Seminario Panafricano de Estudiantes de 1963 de la Universidad de Ibadan, que recogen el pensamiento político inicial posterior a la independencia y el activismo estudiantil en toda África.

La colección fue iniciada por el historiador Nze Ed Emeka Keazor cuando fue nombrado presidente de la primera oficina de Piql en África, ubicada en Lagos en 2022, y comenzó a contactar con organizaciones culturales en Nigeria para animarlas a preservar sus archivos.

“Me llevó un año y medio ir a Abeokuta, en el estado de Ogun, para poder hablar con el jefe de archivos de la Biblioteca Presidencial Olusegun Obasanjo”, dice a The Guardian, Keazor, quien viajó a Svalbard el mes pasado con su colega Esona Onuoha para entregar los archivos.

Los organizadores afirmaron que cada contribución ha sido verificada y contextualizada mediante un proceso de curaduría, en lugar de simplemente almacenada.

Los materiales se conservarán mediante PiqlFilm, una tecnología de película de haluro de plata diseñada para durar entre 500 y 1.000 años. Este formato no requiere electricidad, software ni sistemas propietarios para su lectura, y las instrucciones de decodificación están integradas directamente en la película.

Una vez sellados en el Archivo Mundial del Ártico, los documentos quedan protegidos contra las amenazas cibernéticas, la corrupción de datos y los cambios en los formatos digitales.

“Esto no es almacenamiento en la nube”, dijo a Vanguard un archivista involucrado en el proceso. “Se parece más a una cápsula del tiempo, pero una diseñada deliberadamente para ser abierta y comprendida en el futuro”.

Además del depósito físico, se está desarrollando una serie documental para plasmar las historias humanas que hay detrás de la incorporación de África al archivo. El proyecto sigue a archivistas, historiadores, artistas, líderes comunitarios y familias mientras deciden qué se debe conservar y quién tiene la autoridad para tomar esas decisiones.

Los productores afirman que el documental pretende contextualizar el archivo, documentando los debates, las emociones y la urgencia que implica preservar la memoria mientras sus custodios aún viven.

Consciente de la fragilidad de los registros públicos, la Dra. Chima Korieh, experta en historia social y económica de África Occidental en la Universidad de Marquette en Wisconsin lideró un proyecto para ayudar a la comunidad Umuchieze en el estado de Imo, en el sureste de Nigeria, a preservar sus historias, relatos de sus prácticas culturales y ritos de iniciación a la edad adulta, así como registros de la Nigeria precolonial. Los depósitos de la AWA incluían manuscritos sobre la historia del pueblo Umuchieze e informes que destacaban los sistemas judiciales y políticos de la comunidad.

“Puedo asegurarles que, desde 1960 en adelante, la mayoría de los documentos públicos que deberían estar en los archivos de Nigeria no se encuentran allí”, afirmó a The Guardian Korieh. “Algunos de los materiales que hoy se conservan en los archivos nigerianos corren el riesgo de perderse porque no están bien preservados”.

Este archivo se inspiró en la cercana bóveda mundial de semillas de Svalbard, una colección de más de un millón de muestras de semillas almacenadas como medida de precaución ante una catástrofe.

AWA se creó para preservar la “memoria del mundo” para las generaciones futuras. Iniciada en 2017 por la empresa tecnológica noruega que desarrolló Piql, contiene una ecléctica gama de registros históricos y creativos procedentes de 37 países, de fuentes como la Biblioteca Vaticana y la Agencia Espacial Europea, y obras tan diversas como los manuscritos de Chopin y el trabajo del fotógrafo belga Christian Clauwers, quien ha documentado la desaparición de las islas Marshall en el Pacífico.

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