Histórico

Arturo Duclos: "Soy como el eslabón perdido del arte chileno"

Miembro de la Escena de Avanzada en los 80, el pintor revisa su carrera con una muestra en Galería Moro.

El taller de Arturo Duclos (51) está lleno de símbolos. Cristos crucificados adornan su oficina, un retrato de Buda cuelga en la puerta y muchos libros de latín, historia y filosofía se reparten en los estantes. En torno a signos y citas literarias, el artista conformó su obra que mezcla la pintura con lo gráfico. Lo suyo es la reconstrucción de significados, la reflexión sobre las ideologías y el lenguaje.

Con 21 años, fue el miembro más joven de la Escena de Avanzada, nombre que Nelly Richard dio al grupo de Eugenio Dittborn, Carlos Altamirano y Lotty Rosenfeld, entre otros, y que a fines de los 70 se manifestó desde el arte contra el régimen militar. En esa época, Du-clos trabajó con los más inesperados materiales: huesos, orina y sangre humana. En los 90, su obra se instaló en lo pictórico, saltando al mercado internacional con bastante éxito. Siempre en los límites generacionales, compartió escena con los más vanguardistas creadores, al mismo tiempo que recibía en su taller a jóvenes artistas deseosos de conocer cómo trabajaba. Nunca cerró la puerta y se transformó en mentor de las nuevas generaciones. A dos décadas de su inicio en la escena, Duclos repasa su trayectoria en una muestra, hasta el 16 de octubre, en galería Moro: Sinécdoque 1988-2010, que evidencia su obsesión con las utopías del siglo XX, el comunismo, cristianismo y cientificismo.

¿Cómo nace esta muestra?
Pocas veces se ha visto mi trabajo en vivo, sobre todo de los años 80 y 90. Reuní obras, algunas de galerías extranjeras, y armé una línea de tiempo. En el camino me hice consciente de la constante en mi obra, el derrumbe de las ideologías, que vengo desarrollando desde antes de la caída del muro de Berlín. Me interesa el poder de los símbolos y vi que al usarlos juntos era posible llegar a una contradicción, donde se anulaban. Muchas veces el trabajo es intuitivo y cuando se revisa la trayectoria aparecen estos discursos.

¿Cómo fueron los años de la Escena de Avanzada?
Reivindicamos la misión política del arte, pero al mismo tiempo nos transformamos en una especie de inteligencia que aisló al resto de los artistas. Estaban los inteligentes y los tontos. Lo que refleja el maniqueísmo de nuestra sociedad, el estar divididos siempre entre izquierdas y derechas, por ejemplo. Fui el más joven y serví de visagra de las nuevas generaciones. Mi caso es raro, soy como el eslabón perdido del arte chileno.

¿Qué rescata de esos años?
Teníamos unos talleres de discusión con Dittborn que me aportaron mucho. Dittborn es una piedra angular del arte chileno y de alguna manera nos enseñó a pensar a muchos.

En esos años trabajó en publicidad, ¿eso marcó su obra?
La publicidad era incipiente y yo era un aventajado. En tres meses era jefe de taller y luego director de una agencia. Fue una escuela y me ayudó a tener una dinámica, a obligarme a producir. Es cierto que te contaminas con ciertas mañas, pero en la medida en que eres inteligente, logras aislar esas cosas.

¿Cómo ingresa al circuito internacional?
En los 90, Guillermo Tejeda me invitó a SupermercArt, no vendí nada y eso me frustró. Me empeciné en buscar mercado. Expuse en Canáda y conocí a un coleccionista gringo, Edgar Gunther, que apostó por mí. Era el boom del arte latinoamericano, entonces él hizo negocio conmigo y yo con él. Sagradamente compró mis obras por dos años y me consiguió galerías en París, Nueva York y Milán. Todos querían exponer conmigo. Era fácil, trabajaba en telas sin bastidor, las enrollabas bajo el brazo y montaba en dos días.

En 2000, la máquina paró. Duclos se radicó en Chile, tuvo hijos y en 2003 comenzó un proyecto académico, como director de la carrera de Arte de la Universidad del Desarrollo.

¿Cuál ha sido el sello de su gestión?
Logramos conformar un buen cuerpo de profesores y hemos apostado por las nuevas tecnologías. Los alumnos tienen al menos seis cursos de computación. Es el futuro. Personalmente me interesa y he estado trabajando mucho en los últimos años con photoshop, además de la combinación que siempre hago con textiles y pintura.

En ese sentido ha tenido una resistencia en la pintura...
Pintar es más difícil que cualquier otra cosa. Más que la instalación o la foto. La pintura es hoy menos atractiva y eso es para mí un desafío. Es como la poesía, que es muy refractaria para mucha gente, pero a mí me cautiva. La pintura es honesta, no esconde lo que es.

¿Qué le parece la escena de arte actual?
Hay artistas vibrantes y de nivel internacional, pero hay pocas oportunidades. Las galerías se dedican sólo al mercadeo. Falta esa conciencia que sí tiene un galerista alemán que trabaja con sus artistas, los conoce y los saca adelante. Trabajé por casi 10 años con una galería, en Nueva York y ellos se encargaban de todo. En Chile no se justifica que una galería cobre una comisión. Los coleccionistas prefieren saltárselas e ir directo al taller del artista. Creo que ese es el cambio que se necesita en Chile. Más compromiso y riesgo. Ese sería un buen cambio Bicentenario.

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