Carreras sin pena ni gloria
En la portada de la web del trío español Materia Prima, aún aparece su triunfo en el Festival de Viña en 2007 y en su Facebook hay 41 amigos. El grupo sigue autogestionando todos sus pasos y preparando un nuevo disco que planean editar este año. Éste es un buen ejemplo de la esquiva suerte de los últimos ganadores del certamen. Como la del veterano Pieabo Bryson, estadounidense que ganó en 2000 y que desde entonces ha editado dos discos con escasa repercusión. El premiado del año siguiente fue el argentino Raly Barrionuevo y ha tenido un poco más de suerte en el circuito folclórico de su país. El caso de su compatriota Oscar Patino, que levantó la gaviota de plata en 2002, es más dramático. Aunque en 2006 participó en las primeras rondas de Latin American Idol, en Argentina su nombre no dice mucho. De hecho, en la redacción de espectáculos del diario La Nación no lo ubican.
La española Gisela ganó en 2003 y es la que más logros visibles ostenta. Voces para películas de Disney, actuaciones en musicales y un tercer disco que vendió más de 40 mil copias en su país son parte de su cosecha post Viña. El elegido del año siguiente fue el chileno Alexis Venegas, que desde entonces ha mantenido un perfil bajo en la escena local. El 2006 triunfó el costarricense Humberto Vargas, que luego editó su cuarto disco, que lo ha mantenido activo en la escena centroamericana con una digna agenda de conciertos. No es el caso del italiano Doménico Protino, que ganó en 2008 y no ha logrado hacerse un nombre en su país. Los 14 seguidores que tiene en Twitter son elocuentes. La suerte del argentino Emiliano del Río no ha sido tan distinta. El ganador de 2009, se mantiene tocando en pequeños cafés y restoranes de su país.
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