Por Lucas MujicaDerrotas, fracturas y una larga espera por un Grand Slam: el camino de Alexander Zverev hacia el título de Roland Garros
El alemán era uno de los mejores tenistas del mundo, pero le faltaba un título grande. Por años convivió con las dudas sobre si alguna vez lo lograría. En París, finalmente rompió la barrera que marcó su carrera y encontró la recompensa.
Durante años, Alexander Zverev (3º del ranking ATP) convivió con una contradicción. Era uno de los jugadores más consistentes del circuito, acumulaba títulos importantes y se mantenía entre los mejores del escalafón mundial, pero no podía ganar un Grand Slam. Mientras otros tenistas daban el salto definitivo, el alemán seguía chocando con obstáculos cada vez que se acercaba al objetivo más importante.
Esa búsqueda terminó este domingo en Francia. A los 29 años, Zverev derrotó al italiano Flavio Cobolli (10º) por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 y 6-1 para conquistar Roland Garros. El puso fin a una de las grandes cuentas pendientes de la élite del tenis.
Tras la victoria, el alemán recordó su vínculo con París. “Viví los mejores y los peores momentos de mi vida aquí”. Hace años sufrió una lesión cuando estaba compitiendo de igual a igual con Rafael Nadal. En otra temporada perdió una final que parecía preparado para ganar.
El nacido en Hamburgo lleva años instalado entre los protagonistas de la discplina. Ganó el ATP Finals en dos ocasiones y ha levantado siete títulos Masters 1000. También obtuvo la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio. Sin embargo, los Grand Slam eran territorio esquivo.
La situación llamaba la atención. Desde muy joven fue considerado una de las principales promesas de su generación. Su ascenso fue rápido. Ganó el Abierto de Australia Júnior en 2014, ingresó al Top 100 con apenas 18 años y antes de cumplir 21 ya había conquistado títulos Masters 1000 derrotando a figuras como Novak Djokovic y Roger Federer.
Un camino extenso
Mientras sus resultados en torneos no paraban, las grandes citas seguían dejando interrogantes. El problema no era únicamente técnico. El propio jugador reconoció en distintas etapas de su carrera que sentía una presión adicional cuando competía en los cuatro torneos más importantes del calendario. La expectativa aumentaba y las comparaciones se volvían inevitables.
En 2020 disputó la primera final de Grand Slam en el US Open. El torneo se jugó en condiciones especiales debido a la pandemia y parecía la oportunidad ideal. Del otro lado de la red estaba Dominic Thiem, que tampoco había ganado un major. Zverev se impuso en los primeros parciales y tomó una ventaja que parecía suficiente. Sin embargo, Thiem reaccionó, llevó el encuentro a un quinto set y terminó imponiéndose en el tie break. Fue una derrota difícil de asimilar para Sascha.
Lejos de convertirse en un punto de partida, aquella final dio paso a nuevos desafíos. En Roland Garros 2022 protagonizó uno de los episodios más duros de su carrera. Alcanzó las semifinales y enfrentó a Rafael Nadal en un partido de altísimo nivel. El encuentro prometía extenderse durante horas, pero terminó abruptamente cuando Zverev sufrió una grave lesión. Las imágenes recorrieron el mundo. El alemán abandonó la cancha en silla de ruedas, con dos huesos fracturados y siete ligamentos dañados.
Zverev regresó a la competencia, recuperó terreno en el ranking y volvió a instalarse entre los mejores jugadores del mundo. Pero el proceso todavía estaba incompleto.
En 2024 apareció una nueva oportunidad en Roland Garros. Esta vez sí alcanzó la final. Sin embargo, tampoco logró quedarse con el trofeo: perdió en cinco sets ante Carlos Alcaraz. Esa derrota se sumó a una lista de frustraciones que comenzaba a hacerse pesada. Para entonces ya no se discutía si tenía nivel para ganar. La pregunta era si alguna vez lograría concretarlo.
La situación se volvió todavía más compleja a comienzos de 2025. En el Abierto de Australia volvió a instalarse en una final y nuevamente quedó a las puertas del objetivo. Era la tercera definición de Grand Slam perdida. Ahora a manos de Jannik Sinner.
Pocos jugadores habían acumulado tantos éxitos sin conseguir un título grande. Es una lista en la que está Marcelo Ríos, por ejemplo. Zverev se ha mantenido por años siendo uno de los nombres más fuertes del circuito, pero cada derrota alimentaba la sensación de que el momento podía no llegar.
La revancha
Este año, el cuadro de Roland Garros se abrió tras la eliminación temprana del primer sembrado Jannik Sinner y la ausencia de Carlos Alcaraz por lesión. Sin embargo, la oportunidad también implicaba una carga adicional y aumentaba el riesgo de que la decepción fuera mayor en caso de escapársele.
Zverev avanzó ronda tras ronda. Superó a Benjamin Bonzi, Tomás Machác, Quentin Halys, Jesper de Jong, Rafael Jódar y Jakub Mensík para instalarse en la final. Allí lo esperaba Flavio Cobolli, uno de los nombres emergentes del tenis italiano y también debutante en una definición de Grand Slam. El peninsular además estaba descansado, ya que no disputó la semifinal tras la baja de Matteo Arnaldi.
La definición reflejó buena parte de lo que ha sido la carrera del alemán. Comenzó dominando, perdió terreno cuando parecía tener el control y volvió a verse obligado a gestionar la presión de los momentos decisivos.
Ganó el primer set con claridad, cedió el segundo, recuperó la ventaja en el tercero y quedó a un parcial del título. Cobolli respondió y llevó la definición hasta una quinta manga. Durante varios años, ese tipo de escenarios eran los que terminaban en frustración para Zverev. Esta vez ocurrió lo contrario. El alemán quebró de entrada en el set decisivo y administró la ventaja. Terminó imponiéndose por 6-1 para cerrar una final de más de cuatro horas y transformar una trayectoria marcada por las oportunidades perdidas en una historia de perseverancia.
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