Clásico del Atlántico

Se viene el clásico del Río de la Plata y se jugará con la velocidad de las pasiones. Uruguay y Argentina viven bajo una cultura similar, adosados al mate y bombilla, la sabrosa carne, su adhesión por las artes y sobre todo el amor por el fútbol. Se enfrentan dos países, uno con 43 millones de personas y el otro con más de 3 millones. Es como si Alemania en fútbol enfrentara a Luxemburgo.  Entre los rioplatenses la cosa es diferente, los charrúas son insolentes ante la poderosa Argentina y un rival digno de temer y respetar. Como los gitanos, entre ellos no se ven la suerte. Sus confrontaciones son afiebradas pues ambos cuentan con artistas y obreros construyendo historia con el éxtasis de las raíces. 

En el estreno sudaron la gota gorda con resultado diferente, los africanos de Jamaica – según Cavani – que pecó de ignorancia pero es un sabio en la cancha,  dieron dura pelea para perder estrechamente. El gol del Cebolla Rodríguez marcó la escuálida diferencia. Los de Martino pecaron de ingenuos al perder dos puntos valiosos ante los paraguayos. Cuando atacar nunca es tan bueno y cuando defender un resultado siempre es excelente. De esa manera los cambios de Tévez e Higuaín del DT argentino hacen reflexionar a hinchas y periodistas amantes del suicidio. El primer tiempo lo dirigió Martino con eficacia y orden y el segundo tiempo parece que lo hizo la Señora K, donde el equipo fue un caos. Argentina se olvidó de defender.

Mañana será otro partido, la cautela será el idioma universal, allí Messi no atemoriza y el pibe lo sabe. Será marcado sin contemplaciones y sentirá el aliento de su cancerbero como un tatuaje. Vamos a ver que magia saca de su turbante. El Apache puede clavar una flecha turinesa y Di María un veloz disparo. Lo que estoy seguro es que los uruguayos serán 11 sheriffs para mantener el orden de la comarca y proseguir con la historia que contra la celeste y en esos terruños no se entra cómodamente. 

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