Histórico

Documental y exposiciones retratan el universo público y privado de Lily Garafulic

El MAC, Fundación Itaú y el Museo de Bellas Artes celebran el centenario de la escultora.

El teléfono la despertó. Eran las 4 de la madrugada en China, a mediados de 1995, y Lily Garafulic contestó medio dormida una llamada urgente desde Chile. Del otro lado, el entonces ministro de Educación, Sergio Molina, le dio la noticia: "Tengo el agrado de informarte que acabas de ganar el Premio Nacional de Arte".

"Siempre pensé que me lo podían dar", recordó ella, "pero fue curioso". El aviso del premio más importante que recibió en su carrera de más de siete décadas la pilló durmiendo. "Siempre me costó dormir, soy un ser nocturno y solitario", le confesó a su sobrina Gloria en 2009, en una íntima conversación que, años después, se convirtió en el primer documental sobre la artista. Su estreno, el miércoles en el Museo Bellas Artes -que fue dirigido por Garafulic entre 1973 y 1977-, marcó el inicio de la conmemoración por el centenario de su natalicio.

El registro inédito muestra una serie de extractos de las tantas conversaciones que tía y sobrina sostuvieron entre las cuatro paredes verde menta de su departamento, con el Parque Forestal de fondo. Allí la escultora montó su taller y una noctámbula y solitaria vida hasta el 15 de marzo de 2012. Con su muerte, a los 97 años, dejó viuda a la historia de la escultura nacional.

"Nunca estuve en ninguna de las listas de niñas que querían asegurar marido y casa. Quise ser otra cosa desde mi infancia. Los niños jamás me interesaron y la soledad me ha sido soportable porque me casé con lo que amaba: la escultura", dice en el filme.

En las imágenes se ve lúcida, con la convicción con la que dio clases por varias décadas en la Universidad de Chile. Sin embargo, por su edad, había hecho un alto en su trabajo, pero la memoria fue algo que nunca perdió. Al recordar su viaje a la Isla de Pascua, que según ella marcó un antes y un después en su vida y trabajo, contó: "Siempre me inspiró el arte primitivo, y mi amor por la isla creció enormemente, aunque por mucho tiempo allí no me salía nada. Tomé apuntes un año entero y nada, hasta que vi a una mujer retirando piezas de madera podrida para tirarlas a la basura. Eso trozos no servían ni para hacer fuego".

Conocida hasta entonces por su trabajo en mármol blanco, se dejó seducir por los materiales naturales y de fundición, los que integró a su obra desde entonces. "Así como cuando Armstrong llegó a la Luna y dio origen a mi serie de quince lunas en mármol y bronce, en Isla de Pascua encontré la madera", afirmó.

En la cinta también se refiere a su amiga Gabriela Mistral, quien le dejó después de su muerte, en 1957, la medalla del Premio Nobel, con la el que la escultora creó una imponente pieza. "Gabriela es un pequeño o gran tesoro, una poetisa sensacional que sufrió y supo ponerlo todo en sus letras".

El documental forma parte de la muestra Lily Garafulic. 100 años. Una doble mirada, integrada por tres exposiciones. Dos de ellas abrieron el miércoles: una muestra de esculturas en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC) del Parque Forestal, que reúne trabajos de su maestro Lorenzo Domínguez y de sus alumnos, como Sergio Castillo M., Wilma Hanning y Francisco Gazitúa, y otra en el Espacio Suecia 26 de Fundación Itaú, con grabados y dibujos inéditos. La tercera retrospectiva abrirá el 5 de junio en el Museo Nacional de Bellas Artes, formada por 70 piezas, entre ellas grabados, planchas en cobre, dibujos a lápiz y tinta, que revelan aspectos desconocidos de su creación.

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