El negocio de las empresas familiares
En Chile, el 90% de las organizaciones ocupan este modelo de negocios. Situación similar a la de Estados Unidos y Europa, donde estas compañías dominan los mercados y agrupan a grandes sectores del comercio. Sin embargo, hoy en día su hegemonía tiembla, en gran parte, por el auge de las grandes transnacionales.
Samsung, Ford y Walmart, aparte de su innegable liderazgo en el mercado, tienen algo en común: son empresas familiares. Nacieron hace décadas gracias al emprendimiento de un pequeño grupo de personas y hoy son controladas por gran parte de los componentes de dichas familias. En Estados Unidos, este modelo de emprendimiento no es extraño, puesto que ya se ha convertido en una práctica constante, con grandes familias iniciando empresas, como en el caso de la familia Rockefeller, que controla el mercado inmobiliario; o el grupo Trump, dueños de varias empresas.
En EEUU y Europa este tipo de organizaciones dominan la economía. Precisamente en los Estados Unidos, el 96% de las empresas son de este tipo, mientras que en Suiza alcanza el 88% , un 99% en Italia y el 76% en Gran Bretaña. En todos estos países, las empresas familiares alcanzan una representación en el PIB cercana al 45%. En el caso de Chile suman el 90% y son consideradas las organizaciones más rentables del mercado, según el paper Family Ownership and Firm Performance in Chile desarrollado por Claudio Bonilla y Jean Sepúlveda, académicos de la Universidad del Desarrollo, que fue publicado en ISI Family Business Review en su edición de junio del año pasado.
Precisamente este estudio resalta que, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos o Europa, en Chile los dueños pueden ejercer más control sobre la compañía. En EEUU, las compañías tienen más dueños y además cuentan con una plana directiva muy amplia que controlan los movimientos, impidiendo que los dueños cumplan todas sus funciones.
Uno de los factores más comunes para que las empresas familiares no sean vistas de la mejor forma es el hecho de que tratándose de directorios familiares y la cercanía que esto implica, en ocasiones es difícil tomar decisiones que comprometan a personas cercanas, como despidos o ventas de activos. Algo que el paper de Bonilla y Sepúlveda desestima asegurando que el hecho de trabajar en familia y comprometerse con la empresa permite que los miembros trabajen de mejor forma ya que son más leales a la empresa.
En Chile, estas organizaciones son lideradas por la Asociación de Empresas Familiares (AEF), entidad encabezada por Alfonso Mujica y que comenzó a operar en 2008. Hoy cuenta con 44 adherentes, siendo su principal objetivo el dar una voz a los empresarios familiares y proteger su sobrevivencia.
La importancia de este tipo de organizaciones para el país llevaron a que la Escuela de Administración de la Pontificia Universidad Católica de Chile incorporara en todos sus programas académicos la cátedra de Empresas Familiares. El proyecto se desarrolla en conjunto entre la UC y la Asociación de Empresas Familiares.
Por su parte, la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez cuenta con el Centro de Empresas Familiares Albert von Appen, entidad especializada en atender las necesidades de las familias empresarias, y entregarles servicios para desarrollar con éxito sus propuestas e iniciativas. Este proyecto comienza en 1991 y actualmente ofrece seminarios abiertos y cerrados en varios países de la región, dirigidos tanto a empresas grandes de toda América Latina, como también a empresas medianas y pequeñas de carácter más local.
De manera anecdótica es importante señalar que las compañías más antiguas del mundo (que todavía existen y siguen en propiedad de sus dueños originales) son empresas familiares. Es el caso de la hotelera Hoshi Ryokan, creada en Japón en el año 718 y está pronta a cumplir su aniversario número 1.292. Hoy, familiares de los fundadores originales manejan una pequeña cadena de hoteles y spa. En el segundo lugar se ubica la empresa constructora Kongo Gumi, que comenzó a construir templos budistas en Japón hace 1.400 años, y hoy, 40ava la generación de esta familia continúa en el negocio, pero en la reparación de las construcciones que edificaron sus ancestros hace siglos atrás. El problema es que Kongo Gumi fue comprada en 2006 por un holding surcoreano, por lo que perdió su condición de empresa familiar.
Demostrando la consolidación que tienen estas empresas en el mundo y fundamental valor agregado de la lealtad y fidelidad por la marca de la familia, lo que les permite trabajar durante varias décadas sin detenerse.
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