Histórico

Giles versus pillos

<div>La evasión del pago en el Transantiago acarrea el peligro de transformarse en un modo de comportamiento socialmente aceptado.</div><div><br></div>

LA EVASIÓN del pago en el Transantiago vuelve a llamar la atención. No sólo no ha bajado desde el 2007, cuando comenzó a ser medida, sino que ha aumentado, sobrepasando el 22% en los meses de agosto y septiembre de este año.

Emile Durkheim sostenía que las normas morales se encuentran internalizadas por la conciencia de las personas, al punto de que tienden a ser respetadas aun en situaciones en que podrían ser transgredidas sin castigo e, incluso, en el caso de que se opte por pasarlas a llevar, agregaba que ello jamás ocurre sin que el transgresor busque una justificación para hacerlo. Es sabido que en el coa (el lenguaje de los delincuentes) se denomina "giles" a las víctimas de un atraco; y sus atracadores, en cambio, reciben el nombre de "pillos". Con este simple expediente, el mundo del hampa desvaloriza a quienes son "suficientemente tontos" para dejarse robar y valora a quienes demuestran su mayor astucia robándoles.

Con la evasión en el Transantiago ha sucedido algo similar. Las justificaciones se multiplican. Una muy frecuente es que no se debe pagar por un mal servicio, y por eso, pese a todos los esfuerzos realizados por mejorarlo, la evaluación de su calidad por parte de los usuarios sigue siendo baja. Es decir, parte de la mala evaluación del sistema obedecería a una estrategia de los "pillos" para justificar la evasión del pasaje, con lo que no se estaría cometiendo un delito, sino protestando. Se viste así el atropello a la norma con el disfraz de lo contestatario. También hay otros que señalan que "todos lo hacen", acudiendo a una de las razones más invocadas por quienes se sienten tentados por la corrupción y quieren dejarse llevar por ella sin sentimientos de culpa.

Como sea, la evasión del pago en el Transantiago se mantiene por mucho tiempo, y en lugar de disminuir, aumenta. Esto acarrea el peligro de transformarse en un modo de comportamiento socialmente aceptado o, al menos, soportado. Quienes ingresan a los buses sin pasar su tarjeta bip! pueden evitar ser vistos por el chofer o librarse del control de los inspectores, pero no pueden eludir la mirada de otros pasajeros que prefieren "hacer vista gorda" y "evitar un mal rato". Un ejemplo contrario es la extraordinaria limpieza que caracteriza a las estaciones y trenes del Metro. Existe allí un acuerdo tácito de no ensuciar, el cual se continúa respetando, a pesar de que los usuarios han aumentado. Este contraejemplo permite comprender que los espacios públicos son regidos por normas sociales más o menos estrictas, difíciles de burlar.

Lo público puede ser definido como lo que pertenece a todos, y de esta definición se puede desprender tanto la idea de que todos debemos cuidarlo como la de que todos podemos hacer lo que queramos. Es fácil recordar las playas con arenas llenas de restos de sandías, colillas de cigarrillos y hasta pañales sucios, bajo la consigna de que "la playa es de todos". Evitar que algo semejante ocurra con la evasión del pago en el Transantiago radica en generar un punto de inflexión que, apoyando a quienes acallan su molestia, enfrente a los transgresores con el repudio social.

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