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El temor de la industria cinematográfica francesa ante una eventual victoria de la extrema en las presidenciales de 2027

Tras sus duras críticas contra el Centro Nacional de Cine y la Imagen Animada, la institución francesa que financia la producción de películas, el partido Agrupación Nacional ha abierto un debate contra un arte particularmente protegido y apreciado en el país.

Vista del Festival de Cannes 2026.

Con el Festival de Cannes comenzando este martes su 79° edición, los cineastas franceses están preocupados: desde hace años, el partido de extrema derecha Agrupación Nacional de Marine Le Pen y Jordan Bardella ha criticado y amenazado con cortar los financiamientos estatales para la producción de películas. Con las elecciones presidenciales programadas para abril de 2027, la próxima edición del evento podría darse, precisamente, con Bardella o Le Pen en la presidencia.

A esto se la suma la concentración de las distribuidoras cinematográficas en pocas manos, y no cualquier par: Vincent Bolloré, uno de los grandes millonarios de Francia y conocido por haber hecho suya la agenda lepenista, a través de los canales de televisión y medios de comunicación que controla.

Frente a esto, 600 figuras de lo más alto del cine galo firmaron una carta denunciando estos peligros, y se habla de un temor en la industria, una de las más grandes y prestigiosas en el cine mundial.

La presidenta del grupo parlamentario Agrupación Nacional, Marine Le Pen, pronuncia un discurso durante una manifestación en su apoyo tras ser condenada por un esquema de empleos fraudulentos en el Parlamento Europeo, en París, el 6 de abril de 2025. JULIEN DE ROSA

La queja de los cineastas no nace de la nada: Agrupación Nacional, de todas las maneras que ha podido, ha demostrado su interés en cortar el financiamiento a las películas francesas. El partido de extrema derecha ya había intentado desmantelar el Centro Nacional de Cine y la Imagen Animada (CNC) el año pasado durante los debates presupuestarios, argumentando que el Estado, fuertemente endeudado, estaba malgastando el dinero de los contribuyentes al financiar películas “de izquierda” y “woke” que fracasaban en taquilla.

En este contexto, Sébastien Chenu, vicepresidente del partido y de la Asamblea Nacional, quien probablemente se convertirá en Ministro de Cultura si Agrupación Nacional gana la presidencia, afirmó que “una buena película se juzga por su recaudación en taquilla”. Esto contrastando con las películas más experimentales que habían recibido subvenciones del CNC.

Sébastien Chenu, diputado de Agrupación Nacional.

Agrupación Nacional ha mostrado su desinterés en las artes también en otros ámbitos. Ha propuesto eliminar el financiamiento para el arte contemporáneo, ha atacado la danza moderna y, más recientemente, en una situación hasta tragicómica, un diputado de la colectividad propuso una enmienda presupuestaria para retirar el financiamiento a un festival de música de vanguardia llamado Trans Musicales, porque consideraba que era una plataforma para músicos transgénero. No era el caso.

En lugar de todo eso, la ultraderecha francesa propone centrar sus esfuerzos principalmente en la protección del patrimonio francés, es decir, castillos, monumentos y otros edificios. Asimismo, prefieren priorizar otros entretenimientos, contando entre estos los parques temáticos medievales como Puy du Fou.

“Quienes trabajan en la industria cinematográfica viven en un mundo aparte. Desconocen por completo las dificultades económicas de los franceses de a pie”, declaró al medio Politico Philippe Ballard, diputado de la Agrupación Nacional que lideró la lucha para reducir las subvenciones al sector del entretenimiento. El representante del departamento de Oise cuenta que sus electores “ponen los ojos en blanco” cuando oyen hablar de ayudas estatales al cine, mientras que ellos mismos tienen que elegir entre llenar el estanque de gasolina o hacer la compra.

Olivier Assayas y Kristen Stewart.

En tanto, los directores, productores y actores afirman que el cine en Francia es una gran industria creadora de empleos, y que atacar al CNC afectaría de distintas maneras al país y su lugar en el mundo. Según una estimación, esta industrias generó 12.600 millones de euros en valor añadido en 2022 y emplea a más de 260 mil personas. Citados por Politico, argumentan también que el sistema actual atrae inversión extranjera, difunde el “soft power” francés por todo el mundo y desafía la hegemonía cultural estadounidense, siguiendo la tradición política de Charles de Gaulle.

El reconocido director Olivier Assayas, cuyas grandes producciones generalmente no dependen de financiamiento público, calificó los ataques contra el apoyo económico al cine francés de “ingenuos, inútiles y totalmente contraproducentes, especialmente si se considera, incluso desde una perspectiva nacionalista, la influencia y el reconocimiento del cine francés”.

“El cine francés ocupa un lugar privilegiado en el cine mundial. Obviamente, sería un absurdo imperdonable renunciar a él, independientemente de la perspectiva”, declaró Assayas, director de películas protagonizadas por grandes estrellas de Hollywood como Jude Law y Kristen Stewart.

Asimismo, los profesionales del cine se preocupan de que el multimillonario Vincent Bolloré, aliado económico y mediático de Le Pen, meta sus manos en la industria. En vísperas del Festival de Cannes, unos 600 profesionales del cine firmaron una carta abierta publicada el lunes en el diario Libération denunciando el creciente control de la ultraderecha sobre el cine a través de este empresario.

Los firmantes, entre los que se encuentran los actores Swann Arlaud, Juliette Binoche, Damien Bonnard y Adèle Haenel, el productor Rémi Bonhomme y los directores Sepideh Farsi y Arthur Harari, afirman que “se niegan a permanecer como meros espectadores”.

“Al dejar el cine francés en manos de un líder de ultraderecha, corremos el riesgo no solo de una homogeneización de las películas, sino también de una toma de control fascista del imaginario colectivo”, escriben estos productores, propietarios de salas de cine, cineastas, técnicos y actores, así como el colectivo Zapper Bolloré (Zap Bolloré).

Señalan que el grupo Canal+, del que Vincent Bolloré es el accionista de referencia, “ha adquirido el 34% del capital de UGC, la tercera mayor cadena de cines francesa, con la perspectiva de adquirir el 100% de las acciones para 2028”.

Vincent Bolloré, multimillonario francés.

De momento, y a pesar de las amenazas, el cine francés brilla al menos en su continente, siendo la industria más próspera del Viejo Continente. Según el Observatorio Audiovisual Europeo, Francia registró la mayor asistencia a salas de cine del continente en 2024, el año más reciente para el que se dispone de cifras confirmadas. Una cuarta parte de todas las entradas vendidas para películas europeas entre 2015 y 2024 se vendieron en Francia, según el Observatorio. Asimismo, ningún otro país de la Unión Europea exportó más películas al extranjero durante este período.

En el centro del singular sistema de financiamiento cinematográfico francés se encuentra el CNC. Creado tras la Segunda Guerra Mundial, esta institución pública apoya la producción de cientos de películas rodadas en Francia y en el extranjero cada año.

Como ejemplo de su éxito, de las 84 películas presentadas a la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas para el Óscar a la Mejor Película Internacional de este año, 20 recibieron apoyo del CNC. Las cinco nominadas son coproducciones francesas, y cuatro de ellas recibieron financiamiento del CNC.

Por esto mismo, el año pasado, el presidente francés Emmanuel Macron se comprometió a redoblar sus esfuerzos para atraer producciones extranjeras en el marco de su cumbre “Choose France”. En septiembre, el mandatario será el anfitrión de la primera edición de una cumbre internacional de cine y animación en la Riviera francesa, copresidida con Corea del Sur.

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