Histórico

Huyendo del apellido

Agustín Cousillas, hijo del ayudante de Pellegrini, llegó al arco de La Calera escapando del ninguneo en Málaga.

Agustín Cousillas

En unos meses, y sólo con una escala breve en Uruguay, Agustín Cousillas -argentino, arquero, 26 años- cambió Málaga por La Calera. Se trató de un viaje de 10.300 kilómetros en que pasó de vivir en una ciudad medieval, la sexta más poblada de España y una de las más antiguas de Europa, un lugar plagado de monumentos y con una serie de playas que dan al Mediterráneo, a trabajar en La Calera, un pueblo donde hoy viven 55.286 personas y cuyas mayores atracciones son una fábrica de cemento y una productora de pollos.

Ocurrió que Agustín, hijo de Rubén Cousillas -eterno ayudante de Manuel Pellegrini-, fichó a mediados de agosto por Unión La Calera. Antes estuvo seis meses en Villa Teresa, de la primera de Uruguay. Y antes de eso, en un equipo reputado de España, el Málaga. "Hay un contraste muy grande entre Málaga y La Calera. El estilo de vida es diferente. Económica y deportivamente también, la infraestructura... Además el jugador europeo es mucho más profesional que el sudamericano", explica Cousillas, en un análisis levemente sociológico.

Su origen, sin embargo, dista de La Calera y Málaga. Se remonta a River Plate, donde se formó pero no alcanzó a debutar. Después firmó por Tigre, dirigido por Néstor Gorosito, y se hizo casi conocido: en dos años jugó sólo dos partidos pero, desde la banca, fue subcampeón de la Sudamericana 2012 y clasificó a octavos de final de la Libertadores 2013.

En ese torneo vivió los 90 minutos más emotivos de su carrera: por una lesión del arquero titular tuvo que jugar contra el Palmeiras, y su actuación generó una horda de elogios. "Con Palmeiras, que estaba con Valdivia, ganamos 1-0. Fue el partido que catapultó mi carrera", dice.

Málaga, a través de su director deportivo Mario Husillos, lo fichó un año después. Buscaban, explica el mismo Cousillas, un arquero joven y de proyección. Y surgió su nombre. Apenas llegó, sin embargo, tuvo que convivir con críticas de carácter genealógico. Dos años antes su padre, Rubén, había trabajado en el club cuando Pellegrini era el entrenador. Y eso le significó cosechar cuestionamientos de hinchas y periodistas. "Lo pasé mal por eso, con la prensa y los aficionados. Aunque mi padre y Pellegrini ya no tenían nada que ver, decían que yo había llegado ahí por mi papá. Sin verme jugar me criticaron mucho", explica.

Más allá de la animadversión, Cousillas no pudo debutar por Málaga. Estuvo siempre a la sombra de Kameni -un arquero camerunés que, según su biografía, debutó en primera a los 12 años- y Memo Ochoa, que llegó al club después de ser la figura de México en el Mundial de Brasil.

Aunque no jugó partidos oficiales, dice que sí estuvo en algunos amistosos. Que llegar a Europa fue a un sueño. Y que recoge, entre otras cosas, dos enseñanzas profundas: ser más profesional y cuidar su dieta.

Después de Málaga llegó al Villa Teresa, un equipo anónimo de Uruguay. Y ahí, aunque al comienzo sufrió el shock del cambio ("me encontré con un equipo mucho más humilde que La Calera, las pretemporadas las sufrí"), después, dice, se convirtió en un ser humano pleno. Lo resume así: "Si me preguntás, te digo que fui más feliz en Uruguay que en Málaga, porque tuve continuidad, jugué más".

En agosto no pudo renovar y, atorado con el cierre del libro de pases, lo llamó un dirigente argentino de Unión La Calera y le ofreció venir a Chile. Aceptó e inició, así, su primera experiencia en un club de ascenso. Llegó tarde, eso sí, cuando el torneo ya había empezado. Además después vino un cambio de entrenador -fichó Humberto Grondona-. Y todo eso lo ha relegado a la banca, todavía sin poder debutar.

Al otro lado del planeta, en China, trabaja su padre, Rubén. Y Agustín, el hijo, confiesa el peso del apellido. Por eso si a Cousillas, Agustín, le preguntan por Cousillas, Rubén, responde lacónico: "Intento despegarme de eso". Explica que nunca han trabajado juntos y que espera no hacerlo. Que su relación es fluida y hablan casi todos los días, pese a las 11 horas de diferencia. Que con Pellegrini tiene una relación cordial pero que evita hablar de él. Y que su padre, escudero vitalicio del Ingeniero, no tiene en mente iniciar su carrera de solista. "Fue siempre su sueño dirigir solo, pero cree que sería una locura despegarse del lado de Manuel. Han tenido una carrera muy exitosa, de 14 o 15 años ahí arriba, han llegado a lugares que nunca imaginó", dice Agustín.

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