Las últimas horas de Ramón Guerra antes de volver a ser Raúl Escobar

El ex frentista era fanático del fútbol, apoderado ejemplar y aficionado al arte. Pero en privado, lideraba una banda de secuestradores. San Miguel de Allende, su refugio por más de 10 años, es una de las ciudades más cotizadas por jubilados norteamericanos.

Los policías le preguntaron: “¿su identidad?”, y el sospechoso respondió “Ramón Guerra Valencia (59)”.

A bordo de su camioneta Tacoma blanca patente GR29157, Guerra era sometido a un procedimiento policial en San Miguel de Allende, México, por su supuesta vinculación con el secuestro de una ciudadana francoestadounidense iniciado a mediados de marzo.

Ante la mirada de los policías mexicanos, Guerra veía que su secreto mejor guardado corría peligro, y así ocurrió. Días más tarde, a través del sistema de huellas dactilares, se supo su verdadera identidad: Raúl Escobar Poblete, 53 años, nacido en Chile. El cruce de información con Interpol permitió saber que era un ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), apodado “comandante Emilio”, uno de los principales sospechosos del crimen del senador UDI Jaime Guzmán en 1991.

Las horas de Escobar antes de ser detenido por su supuesta participación en el secuestro de Nancy Michelle Kendall habían transcurrido con normalidad, según sus amigos.

Era martes y le correspondía jugar fútbol, pues religiosamente, una vez a la semana, a veces martes y otras jueves, se acomodaba su tenida deportiva para defender a su equipo “Generación 35”.

Quienes jugaban dicen que era un “excelente central” y “bien portado”. No de los que pegaban patadas.

La vida de Ramón Guerra

En la misma cancha, en el Campo San Felipe, los jugadores se reunían después de los partidos para compartir unas cervezas; sin embargo, advierten que Escobar, a quien aún llaman Ramón, no siempre se quedaba, pues también participaba en los negocios de arte de su actual señora.

“A veces venía con la niña (su hija), así que terminaba el juego y se iba”, señala uno de sus compañeros de equipo. La relación de Escobar con su hija era cercana, la iba a buscar todos los días a la casa de su ex esposa, Marcela Mardones, para llevarla a la escuela.

El ex comandante Emilio llegó a México hace una década. Acompañado de su pareja Marcela Mardones decidieron hacer su vida allí, lejos de Chile. Para eso ambos cambiaron su identidad y su historia: eran del Estado de Puebla, les gustaba el arte y lo relacionado con la espiritualidad. El era Ramón y ella, Patricia Fernández. Con sus dos hijos, uno de 15 y otra de 2 años, se asentaron en el barrio Atascadero, en San Miguel de Allende, uno de los sectores más acomodados de la ciudad mediterránea, de estilo colonial y donde predominan estadounidenses como propietarios de estas residencias, cuyos precios fluctúan entre los 200 mil y un millón de dólares.

Para los extranjeros que deciden vivir en San Miguel, que según el último censo tiene casi 170 mil habitantes, “esto es una joya. Bello y no tan costoso”, dice Francis, estadounidense que reside allí. Raúl y Marcela llegaron a una de las ciudades más atractivas de México, donde su gran gancho es la iglesia San Miguel de Arcángel.

La ciudad donde se escondían fue declarada por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad en julio de 2008. Es por eso que para los turistas, y los propios sanmiguelinos, resulta “sorprendente” la historia de Raúl: un ex guerrillero acusado de secuestros en esta ciudad.

Escobar además frecuentaba la galería MUV Arte, ubicada en el camino a Dolores Hidalgo, en San Miguel, que era de uno de sus conocidos. Sin embargo, desde que estalló el caso está cerrada (ver foto).

“Hace tres años que a él no lo vi más, tenía otra casa por este sector, la que arrendaba por días a los turistas. La señora se quedó aquí, pero no la veo hace un tiempo”, dice una vecina de los chilenos.

Lo más probable es que a él no lo vio más porque se separó de Marcela. En tanto, a ella la dejó de ver porque hace pocas semanas, el 2 de junio, salió rumbo a Chile, donde el 9 de junio fue detenida por su eventual participación en el asesinato de Jaime Guzmán.

Escobar, tras separarse de Marcela, inició una relación con su actual señora, Isabel Mazarro, una española de unos 40 años. Según cercanos, ambos tenían una buena relación, pero hoy está trizada por los cargos de secuestro, sumado al proceso en Chile que enfrenta el ex frentista.

Desde el día del arresto la mujer no lo ha ido a ver a la cárcel (Centro Estatal de Reinserción Social del Valle de Santiago) donde está recluido, pues “está molesta y no quiere saber nada”, dijo un amigo de la familia que no quiso revelar su identidad, pues todos quienes fueron cercanos a Escobar hoy temen verse involucrados en la investigación. En un comienzo se dijo que ella había vuelto a España, pero trascendió que sigue en el Estado de Guanajuato.

Sus últimos pasos

Según la Procuraduría General de Justicia del Estado de Guanajuato, Escobar era uno de los principales líderes de un grupo de secuestradores que habría cometido una serie de plagios (ha trascendido que son ocho), imputándole como autor el de Nancy Michelle Kendall.

La investigación señala que en los 39 días de cautiverio le cortaron el dedo meñique a Nancy para presionar a su esposo Alain a que les entregara un millón de dólares antes del 1 de junio.

Fue en medio de esas negociaciones que “Emilio” fue atrapado en la Calzada La Estación, en San Miguel, cuando según los antecedentes del expediente que publicó La Tercera, un taxista dijo que una camioneta blanca lo seguía, poco después de recibir una encomienda para que la llevara al restaurante Nirvana, donde su dueño, Juan Carlos Escalante y Alain, esperaban el mensaje de los secuestradores.

Según fuentes de la investigación, Nancy fue la elegida tras un largo estudio. Seguimientos, análisis patrimonial y la cercanía con sus amigos y familiares eran parte del análisis previo al secuestro.

Quien manejaba la camioneta blanca, y que supuestamente seguía al taxista, era Raúl Escobar. Eran las 10 de la mañana de ese 30 de mayo. Dos horas antes Escobar salió de su casa en el sector de El Nigromante -la que hoy es periciada- para llevar a su hija de 12 años a la escuela Árbol de Vida. “El es un miembro activo de la comunidad escolar, incluso la ha ayudado a darse a conocer”, dijo su abogado y amigo, José Luis Vargas.

Escobar era parte del centro de padres, que cuenta con apoderados y profesores chilenos. Una de ellas, que no quiso revelar su nombre, señaló que “no podemos referirnos a nada para no involucrar a los niños”. La policía también ha hecho diligencias en el colegio.

Tras dejar a su hija, Escobar inició el seguimiento que terminaría con su identidad falsa y lo tendría ad portas de la extradición a Chile para ser procesado por el asesinato de Jaime Guzmán. En México, en tanto, se le imputa ser parte del secuestro de Nancy, pero su abogado niega cualquier participación de su representado en el delito y asegura que no lo juzga por “su pasado”, el mismo que se transformó nuevamente en presente.

Eso es lo que hoy carga Escobar, desde que hizo su último llamado como Ramón Guerra: “Dile a mi hijo Carlos que vaya al departamento. Me tiene la policía”, dijo el ex comandante Emilio.

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