Movilidad social en Chile
Mayor acceso y calidad en todos los niveles de educación, pero en particular en el preescolar, sigue siendo la principal política pública para lograr una mejor distribución de oportunidades.

LA ULTIMA Encuesta Nacional Bicentenario UC-Adimark entregó interesantes resultados respecto de la percepción que tenemos los chilenos de la movilidad social. El panorama tiene de dulce y agraz. Por un lado, casi dos tercios creen que su situación actual es mejor que la de sus padres; sin embargo, menos chilenos ven posibilidades de avanzar socialmente.
Es innegable que esta fotografía social no debe llevar a inmovilismo en términos de políticas públicas. La movilidad está hoy relacionada con el crecimiento económico, y un retroceso en este ámbito se puede traducir en estratificaciones mucho más rígidas. Asimismo, cabe preguntarse, a la luz de los resultados de la encuesta, si el aumento en capital educacional ya se amortizó en términos de movilidad social durante los últimos años.
Para evitar una eventual amortización hay un acuerdo transversal en la necesidad de avanzar en la calidad del sistema educacional en los próximos años.
En las últimas tres décadas Chile ha vivido transformaciones estructurales que han modificado profundamente nuestro tejido social. Por un lado, el crecimiento económico ha permitido un aumento significativo de los niveles materiales de vida y cambios en los patrones de consumo y estilos de vida. Por otro, hemos enfrentado cambios en la estructura social a través de un aumento en el capital cultural y educacional. Al mismo tiempo, se aprecia un debilitamiento de las instituciones del Estado como principal mecanismo de ascenso social y económico. Además, cambian los criterios de jerarquización social, dando mayor prioridad al mérito.
Ahora bien, estudios sobre movilidad social han puesto en discusión el hecho de que nuestra sociedad sería clasista, no meritocrática y rígida en su estructura social; es decir, quien nace pobre, muere pobre, y quien nace rico, muere rico. A la luz de la demanda y malestar de los movimientos sociales, cabe preguntarse si Chile es una sociedad rígida en su estructura socioeconómica. La respuesta a esta pregunta no sólo es importante por el actual contexto, sino porque el tema de la movilidad es, desde el punto de vista del bienestar, más importante que el porcentaje de pobres y la mala distribución del ingreso. En efecto, sociedades con mayores niveles de movilidad tienen mayor crecimiento económico, son percibidas como más justas, y garantizan mayor estabilidad social y política.
La encuesta también entrega una señal preocupante. La mayoría de las personas estima que es muy baja la probabilidad de que un pobre salga de su condición o que un joven de escasos recursos ingrese a la universidad. Un mayor acceso y calidad en todos los niveles de educación, pero en particular en el nivel preescolar, sigue siendo la principal política pública para lograr una mejor distribución de oportunidades. Aunque tenemos un acceso relativamente parejo a la educación básica y media, aún persiste una brecha significativa en el nivel preescolar y universitario, y en los resultados educacionales según el ingreso familiar.
Se ha avanzado, pero estamos aún lejos de acercar las oportunidades según origen. Con todo, nuestra alta desigualdad de ingresos le impone límites a la igualación de oportunidades.
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