Histórico

Turisteando en la mina San José

Hace cinco años esta mina, ubicada a 29 kilómetros de Copiapó, pasó a la historia como el lugar desde donde se rescató a "los 33 de Atacama". Y aunque hoy siguen realizándose faenas mineras, es un sitio de peregrinaje para los viajeros que llegan a la zona. Por eso muchos, incluido un grupo de los mineros, luchan para rescatarla como un atractivo turístico.

Oye, Víctor, ¿y qué pensaste cuando los encontraron?-Yo sólo pensaba “¡Manden pollo asado, cerveza, muñecas inflables!”.

Las carcajadas inundan la mina San José. Víctor Zamora, el minero número 14 y famoso por sus bromas, guía a un grupo de agentes de viajes y tour operadores por el lugar donde hace cinco años pasó 70 días atrapado, a 720 metros de profundidad. No es el único minero que se encuentra en el lugar: Mario Gómez, Luis Urzúa, Esteban Rojas, Claudio Yáñez y Jorge Galleguillos, este último como guía del Centro de Interpretación que Sernatur levantó allí, acompañan a los turistas y los entretienen con sus sorprendentes y personales relatos.

“Aquí hay un diamante en bruto. Este es un producto turístico único en el mundo. Se puede desarrollar un oasis de riqueza y desarrollo para los mineros”, dice Guillermo Correa, presidente de la Asociación Chilena de Empresas de Turismo (Achet) a los participantes del congreso anual de la industria, congregados en ese histórico lugar.

Los mineros invitados escuchan entusiasmados, esperanzados. “No se acordaron del cumpleaños”, se queja Jorge Galleguillos, haciendo alusión al 22 de agosto, día en que el famoso papelito “Estamos bien en el refugio los 33” vio la luz del sol. “Por eso esto nos viene como un cumpleaños atrasado, con tanta gente. Estamos agradecidos. Que vengan muchos más turistas, que acá los vamos a atender. No vamos a perder la oportunidad”, dice.

El campamento que desapareció

En las semanas y meses después del rescate, los visitantes se acercaban a Yuviza Osorio, operadora de Atacama Exploration Tourism, y le pedían que los llevara a la mina. En ese entonces, el gobierno había dispuesto que dos carabineros de Caldera resguardaran la entrada al lugar, por un tema de seguridad. “Tú lograbas entrar, acompañados por ellos y bueno, no es para nada lo que tú ves ahora”, dice.

¿Qué había entonces? “Todo quedó intacto después del rescate. Ya no estaban las familias en el campamento Esperanza, pero quedaban sus vestigios. Tú podías decir ‘ahí estaban los Gómez, ahí los Galleguillos’, porque cada familia levantaba altares, ponían velas y escribían plegarias en las piedras. Estaban aún los fogones con que se abrigaban en la noche, esperando el rescate. Esto conmovía mucho a los turistas”, explica la guía.

Pero la mina San José seguía siendo una mina y sus dueños tenían obligaciones financieras que cumplir (pagarles los finiquitos a sus empleados, cancelar al Estado el rescate de los 33, entre otras deudas). No se decretó la quiebra, pero sí se hizo una subasta –en abril de 2011 el empresario Carlos Cardoen remató una importante cantidad de objetos con los que formó su propia sala de “El gran rescate”, en el Museo de Colchagua, en Santa Cruz–  y se licitó el desmonte de los minerales de la mina a un empresario local. Este último, acusan los guías turísticos, destruyó todo. “Se notaba que una gran máquina había pasado arrasando con todo los vestigios. Los empresarios mineros esperaban que nos olvidáramos del lugar, para que no se transformara precisamente en lo que queríamos: un polo de atracción turística para la región”, afirma Osorio.

La pelea de los copiapinos por recuperar los vestigios del rescate ha sido difícil. Pero quienes llegan a la ciudad en busca de ellos tienen que partir por visitar el Museo Regional, donde se encuentra la cápsula Fénix 2 original con que se hizo el rescate y el famoso papel “Estamos bien en el refugio los 33” que, bromean, costó que el ex presidente Piñera devolviera. La misma Yuviza Osorio, quien al momento del rescate trabajaba como encargada de turismo de la Municipalidad de Copiapó, se dedicó a pedirles a todos los que estuvieron presentes en la mina San José ese día que dejaran un “recuerdo”. “Les pedía los periodistas que me dejaran sus credenciales, a otros sus sombreros, lo que fuera para recordar toda la gente que se congregó allí”. Con esos objetos armó una colección que estuvo, durante algún tiempo, en la Casa de la Cultura de Copiapó, pero que según ella actualmente está guardada en una bodega. “Es una pena, porque teníamos muchas visitas”.

Con la nueva administración, llegaron dos guardias a resguardar el ingreso a la mina San José. Los turistas aún lograban entrar, en compañía de ellos, pero de forma completamente informal. Todo eso acabó el año pasado, cuando un canal de televisión pasó y grabó –e incluso entró varios metros dentro del socavón– lo que generó la reacción del Sernageomín que determinó que dado que es una faena minera, no hay condiciones adecuadas para visitas turísticas, las que quedaron prohibidas. Ahora los visitantes sólo pueden llegar hasta el Centro de Interpretación que en enero del año pasado el gobierno local, con apoyo de Sernatur, levantó a algunos metros de la entrada a la mina.

Los mineros guías

Jorge Galleguillos recibe a los turistas en el Centro de Interpretación. Micrófono en mano, comienza su relato. Parece un Viejo Pascuero minero que da la bienvenida y a través de fotos, videos y láminas les explica a los visitantes los acontecimientos que ocurrieron ahí hace cinco años.

Mientras, el resto de los mineros firman autógrafos y se toman selfies con los turistas. Algunos más serios y solemnes, otros más relajados y lanzando bromas. No sólo cuentan detalles de su rescate y sus días en la mina, sino de sus vidas después del accidente. Hablan de conflictos legales y se quejan de que han recibido malas asesorías. A eso se suman las peleas entre ellos. Hay algunos de los mineros rescatados que son prácticamente innombrables. “No les preguntes por Mario Sepúlveda, a ese sí que no lo quieren ver”, comenta disimuladamente un guía turístico de la zona. Queda en evidencia que el minero más famoso de todos, el que fue personificado por el mismísimo Antonio Banderas, no es bienvenido cuando se lanzan frases como “los turistas quieren saber lo que realmente pasó” (en contraste a la película recién estrenada) o “no todos van a poder hacer esto” (ser guías) porque “es un proyecto que sólo un grupo estamos llevando adelante”, explica Luis Urzúa.

Los mineros llevan más de un año trabajando para consolidar su iniciativa turística y, aunque han recibido el apoyo de las autoridades, han tenido varias dificultades. “Sabemos que la marca de los 33 ha trascendido a nivel mundial y hemos querido potenciar eso. Hay algunos mineros supermotivados y comprometidos, incluso cuando no se les ha podido pagar van a las capacitaciones y están disponibles si un tour operador los contacta, pero otros han vuelto a trabajar en faenas mineras, o tienen otros empleos, y no les interesa”, explica Daniel Díaz, director de Sernatur Atacama. “Ellos dan una sensación muy distinta cuando hacen su relato en primera persona”, agrega.

Guillermo Correa, de Achet, concuerda con esta última idea. “La verdad es una pena que se haya desmantelado el campamento, pero aquí el mayor potencial es la historia viva, la experiencia única que es recorrer este lugar de la mano de sus protagonistas. Y para eso hay que armar un cuento, hacer una buena puesta en escena”. Para eso, hacen hincapié los mineros, se necesita también apoyo económico. “Hay mucho que mejorar aquí, falta financiamiento, se podrían hacer tantas cosas”, dice Jorge Galleguillos mientras firma fotos con la frase de los 33, las que vende como souvenir.

Daniel Díaz admite que, precisamente porque bajo el suelo las faenas mineras continúan, cuesta trabajar el tema turístico. La mina funciona de lunes a miércoles y los turistas pueden ir de jueves a domingo. Pero, por las regulaciones de Sernageomín, y aunque Bienes Nacionales le haya entregado a Sernatur la administración del terreno (no de lo que se encuentra abajo, que sigue siendo propiedad privada), es difícil que los turistas puedan recorrer libremente la mina. “La mayoría visita el Centro de Interpretación, observa la mina desde el mirador y se saca fotos con la cápsula Fénix. Sólo en casos excepcionales, por ejemplo grupos de cruceros o congresos, se hace una solicitud a Sernatur y se gestiona algo más”.

Es lo que sucedió para el congreso de Achet, donde los visitantes recorrieron cada uno de los hitos de la mina, acompañados de un grupo de guías y los mineros, escuchando sus historias y haciendo preguntas. “Pero un turista cualquiera no puede hacer esto, decir lo contrario es publicidad engañosa”, acusan los tour operadores locales.

Ahora los dueños de la mina San José están a punto de vender el yacimiento y no hay claridad sobre cómo eso podría cambiar el escenario actual. Los mineros, sin embargo, tienen claro lo que quieren. “Hay una resiliencia muy importante en nosotros. Nos hace bien hablar con los turistas y nos va a sacar a muchos de una situación complicada. Es verdad, no somos los dueños, pero somos los guardadores y relatores de esta historia. Y no queremos que se olvide, porque lo que nos pasó no fue casualidad”, dice Urzúa.

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