Histórico

Un Papa del "fin del mundo" para la Iglesia Católica

La elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio constituye un hito histórico y un reconocimiento de la nueva realidad geográfica y demográfica de la Iglesia.

LA SORPRESIVA elección del cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio como el nuevo Papa marca un hito histórico en la trayectoria milenaria de la Iglesia Católica. No sólo se trata del primer jesuita que alcanza el trono del apóstol  Pedro, sino también del primer Pontífice latinoamericano -los cardenales "me vinieron a buscar del fin del mundo", dijo ayer desde el balcón de la Plaza de San Pedro- , lo cual constituye una novedad enorme y un potente símbolo del cambio en el eje geográfico de la Iglesia.

Con la elección de Francisco I, el Colegio Cardenalicio ha reconocido una realidad indiscutible y una tendencia que viene registrándose desde hace décadas. Mientras el número de fieles se estanca o disminuye en Europa, la Iglesia crece en los denominados países del sur. Así como la elección de Benedicto XVI en 2005 mostró el deseo del Colegio Cardenalicio por reforzar el interés por el Viejo Mundo, un continente que culturalmente se aleja de los valores cristianos, ahora la designación de su sucesor da cuenta del ánimo al interior de la Iglesia por reconocer la diversidad de una institución que posee un verdadero alcance global y cuyo mensaje se escucha en todas las latitudes.  La expansión geográfica de la Iglesia Católica quedó de manifiesto ayer en la Plaza de San Pedro, cuando gente de muchas nacionalidades repletó el lugar y desplegó banderas de sus países de proveniencia a la espera del anuncio de quién había sido escogido. Dos tercios de los 1.200 millones de católicos viven en naciones en desarrollo, lo cual constituye un giro respecto de lo que ocurrió tradicionalmente, considerando que hace un siglo el 70% de los católicos provenía de Europa y Norteamérica. Dentro de este nuevo escenario, la presencia de América Latina es muy fuerte: con 425 millones de fieles, es la región del mundo que aporta más feligreses a esta confesión religiosa.

Aunque el mensaje de la Iglesia pretende ser universal, no cabe duda de que el nombre de Francisco I quedará marcado en la historia como el del primer Papa latinoamericano, hecho que asimismo probablemente tenga influencia en los temas que aborde con mayor frecuencia o intensidad el recién designado Pontífice. En este sentido, es posible que, viniendo de América Latina, preste especial atención a la protección de los más pobres y a los excesos de las autoridades que abusan de su poder. También es esperable la llegada de un nuevo estilo al Vaticano, en especial si se toma en consideración el perfil intelectual del anterior Pontífice y el pastoral del elegido, así como su calidad de miembro de la Compañía de Jesús.

Incluso más allá de lo estrictamente religioso, la decisión de los 115 cardenales electores representa asimismo un cambio cultural que pone de manifiesto la creciente importancia de lo que hasta hace poco algunos llamaban despectivamente la periferia del mundo.

La Iglesia que dirige desde ayer Francisco I enfrenta grandes desafíos. Mucho se ha hablado en distintos sectores acerca de la necesidad de reformar la Curia vaticana, y es probable que el nuevo Pontífice pretenda realizar reformas en este ámbito, después de las críticas que han surgido respecto de la manera en que Benedicto XVI fue servido por una Curia que fue lenta para asistirlo en momentos cruciales, como ocurrió con la polémica desatada por el discurso que pronunció en Ratisbona en 2006 o con el estallido de los denominados "Vatileaks". La burocratización de la Curia ha consolidado al interior de ella hábitos y prácticas que han terminado por dificultar el gobierno de una Iglesia que ha crecido y tiene presencia en los cinco continentes. En este ámbito, deberá seguir aplicando las normas aprobadas por Benedicto XVI en materia de transparencia y en el tratamiento de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes. La agenda papal también estará seguramente marcada por la manera en que se aproxime a otros credos y el acercamiento al islam y al judaísmo que ya han venido realizando sus predecesores.

La Iglesia enfrenta, asimismo, la autoimpuesta tarea de la llamada "nueva evangelización", labor iniciada por Juan Pablo II y continuada por Benedicto XVI, y que seguramente mantendrá Francisco I, quien ayer tuvo palabras de especial reconocimiento para su renunciado predecesor.  La noción de que el cristianismo ha ido perdiendo presencia frente a una cultura secular que busca reducir la creencia religiosa a una práctica privada representa un desafío de proporciones para la Iglesia y su nuevo Pontífice. La posibilidad de reevangelizar las sociedades donde los valores cristianos pierden terreno y la autoridad de la Iglesia Católica se ha visto cuestionada, hará que el Pontífice enfrente el desafío de hacer oír su voz con claridad y firmeza, tal como lo ha hecho en su país de origen al abordar temas como el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Queda por ver el papel que el Pontífice asignará en esta tarea al clero y también a los laicos, en especial en momentos en que diversos expertos identifican al denominado "catolicismo evangélico" como una de las tendencias que pueden definir el sello de este credo en las próximas décadas. Se trata de una tendencia que pretende abarcar la totalidad de la acción de la Iglesia, desde aspectos litúrgicos a teológicos y que pone en el centro de su programa la idea de la conversión, entrando de esta forma en contradicción con las iniciativas impulsadas por quienes  aspiran, desde algunos sectores, a evitar todo contacto con el mundo moderno y, desde otros, a contemporizar con los preceptos de éste.

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