Chile y China: ¿geopolítica o desarrollo?



Por Jorge Heine, profesor de Relaciones Internacionales Universidad de Boston

En un país sin memoria, o al menos con una muy corta, hechos como el conmemorar medio siglo del establecimiento de relaciones diplomáticas con una de las grandes potencias de nuestro tiempo, no es prioridad. Es cierto que 2020 ha sido un año atípico, un annus horribilis. Sin embargo, llama la atención el bajo perfil que ha tenido el medio siglo de lazos formales entre Chile y la República Popular China, dado que en eso Chile fue pionero, abriendo brecha en Sudamérica. Ello no haría sino confirmar algo de lo cual nos ufanamos también en otros rubros, el que las cosas pasarían acá antes que en otros lugares de la región.

Si alguien hubiese dicho en ese lejano diciembre de 1970 que alguna vez China llegaría a ser el destino # 1 de nuestras exportaciones (desde 2010), nuestro primer socio comercial (desde 2015), y el mayor originador de inversión extranjera en Chile (desde 2019), habría sido considerado un loco de atar. Sin embargo, eso es lo que hay.

Más paradójico aún resulta el hecho que, justo ahora, en que las relaciones económicas entre ambos países han florecido in extremis, surjan voces para poner cortapisas a la inversión china. En algo que no tendría precedentes en la historia legislativa mundial, se ha considerado un proyecto de ley que exigiría una ley aprobada por un quórum especial de cuatro séptimos de los legisladores para aprobar la inversión extranjera de empresas estatales. Es lo que requiere la Constitución de Chile para la creación de nuevas empresas públicas. Con una ley así estaríamos, en efecto, exportando la Constitución de 1980 al resto del mundo.

La razón que se aduce para romper con la sana práctica de una economía abierta, que no discrimina a la inversión extranjera, y que tantos beneficios ha traído al país, es de índole “geopolítica”. Emulando a países desarrollados como Estados Unidos y sus aliados militares como Australia, se aduce que Chile debe tener sumo cuidado con las inversiones chinas en ciertos sectores que serían estratégicos y comprometerían la seguridad nacional del país (esto, en un país en que casi todos los servicios de utilidad pública ya están en manos de empresas extranjeras).

¿Acaso Chile se encuentra, como los Estados Unidos, en una competencia con China por la primacía en el orden mundial? ¿Tenemos altas tecnologías que podrían llegar a manos chinas, y ponernos en desventaja en los mercados mundiales? El formular estas preguntas, es responderlas. Este planteamiento no tiene ni pies ni cabeza. La prioridad de Chile es su desarrollo económico y social, no el comprarse competencias geopolíticas de terceros, que no tienen nada que ver con nosotros.

Para recuperar las altas tasas de crecimiento que Chile tuvo, la inversión extranjera es indispensable. China es el mayor exportador de capital en el mundo, y está invirtiendo en Chile. La noción que, de súbito, debemos cerrarnos a inversiones por razones ideológicas es insostenible. Ley pareja no es dura.

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