Por Cristina CifuentesFrancisco Sagasti: “Ninguno de los dos contendores en la segunda vuelta en Perú tiene un mandato claro y un respaldo de toda la ciudadanía”
El expresidente peruano conversó con La Tercera sobre la situación política en el país. También se refirió al regreso del Congreso bicameral y señaló que se había vuelto de manera “inusual y poco ortodoxa”.

En noviembre de 2020 y en medio de la crisis política que ya entonces afectaba a Perú, que se ha traducido en ocho mandatarios en los últimos 10 años, el ingeniero y legislador del Partido Morado, Francisco Sagasti, se convirtió en presidente del país por sucesión constitucional, en su calidad de presidente del Congreso. Su misión: liderar el gobierno de transición hasta el 28 de julio de 2021, momento en que tomaría el poder el ganador de las elecciones generales de abril de ese año.
Su mandato estuvo marcado por la pandemia del Covid. Tras culminar su gestión, se le inició un juicio político debido a presunto abuso de autoridad en el retiro de altos mandos de la Policía Nacional. En marzo de 2026, la Fiscalía solicitó tres años y seis meses de prisión en su contra por esta causa. La defensa del expresidente cuestiona la acusación fiscal y afirma que la decisión fue legal y constitucional.
El exmandatario es un agudo observador de la realidad peruana y conversó con La Tercera sobre la situación en el país, en medio del conteo de la segunda vuelta presidencial que enfrentó el pasado 7 de junio a la lideresa de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, con Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú.

¿Cómo ve la situación actual del escrutinio oficial de votos?
En primer lugar, tenemos que tomar plena conciencia que del total de electores hábiles para votar en la primera vuelta, sumando los votos de los dos (Keiko Fujimori y Roberto Sánchez) que quedaron para la segunda vuelta, no llegan a representar una quinta parte del electorado nacional. O sea, ninguno de los dos contendores en la segunda vuelta tiene un mandato claro y un respaldo de toda la ciudadanía. Por la naturaleza del proceso electoral, en la segunda vuelta hay que elegir entre los dos. Pero el hecho de que tengamos hasta el momento un empate técnico y con muy pocas actas que faltan por escrutar y, además de eso, alrededor de unas 1.400 a 1.500 actas cuestionadas que tienen que ser resueltas por los jurados especiales de elecciones en cada región y luego pasar al jurado nacional, significa que tendremos por lo menos un poco de tiempo más, independientemente de cuál de los dos sea el ganador en el conteo final. No lo sabremos hasta que se resuelvan todas estas impugnaciones.
En el caso de que ganara Keiko Fujimori, ¿cree que ella podría darle estabilidad a Perú? ¿Sánchez también podría ofrecer gobernabilidad al país?
En política no existen imposibles. Lo que tenemos que darnos cuenta es que hasta el momento la trayectoria de uno y de otro, los programas, las formas que han operado en política durante los últimos años, no dan mucha confianza ni a uno ni a otro de que realmente podamos salir adelante en paz. Tendrían que hacer un cambio radical, en primer lugar, al comportamiento que han tenido a lo largo del tiempo, por uno y otro lado. En segundo lugar, a los programas y planteamientos que han ofrecido a la ciudadanía. Y en tercer lugar, al equipo de personas que los rodean.

Entonces, yo creo que es posible que se le otorgue estabilidad, pero eso requiere por parte de cualquiera que sea el eventual ganador en esta segunda vuelta, un acto de apertura, de generosidad política que, hasta el momento no estamos seguros de que ninguno de los dos sea capaz de demostrar y ofrecerle a la ciudadanía. Pero si no hacen eso, cualquiera que sea el ganador, vamos a tener un período muy difícil por los enormes desafíos que cualquiera de los dos va a enfrentar, dada la forma en que han llegado a ejercer el poder y la autoridad.
Además, hay que considerar los problemas que tiene nuestro país en la actualidad y el entorno internacional tan inestable, caótico, con una serie de problemas que presenta al Perú y a los países de América Latina, como Chile, desafíos muy grandes en políticas y en estrategias de desarrollo en el futuro.
Por la composición que hay ahora en el Congreso, que volvió a la bicameralidad, ¿cómo ve que se vaya a comportar ahora?
Hemos vuelto a un Congreso bicameral de una forma realmente muy inusual y poco ortodoxa, por decirlo suavemente. El Congreso, que termina sus funciones el 26 de julio de este año, realmente se ha comportado como una Asamblea Constituyente clandestina. Ha cambiado más de 50, hasta casi 60, artículos de la Constitución sin debate, sin discusión, algunas veces por insistencia en horas de madrugada y, por lo tanto, tenemos una Constitución ahora bastante diferente de la que ha regido la política de nuestro país durante los últimos años, empezando por la creación de un Senado que no existía anteriormente.
Ahora bien, al interior de ambas cámaras lo que hemos visto son dos cosas: una, que me parece positiva, y otra que nos deja ciertas dudas. La que me parece positiva es que los representantes de algunos partidos que se comportaron de una manera catastrófica para el país en el Congreso actual han sido simplemente borrados del mapa. No han tenido ningún escaño en sus partidos, han perdido la inscripción y realmente la ciudadanía les ha volteado la espalda. Y hay tres o cuatro partidos que se portaron de una manera abominable en el Congreso anterior y tienen en gran medida la responsabilidad de los problemas que ha creado el Congreso al país en general.

Entonces, la primera cosa es que estos partidos no están allí y no hay ninguna fuerza totalmente dominante. Lo que sí hay son alianzas o la posibilidad de alianzas de una orientación ideológica y programática, y alianzas de otra orientación que van a tener que buscar acuerdos. Y hay un tercio o un poquito menos de miembros del Congreso, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, que tiene una posición más moderada y que eventualmente podrían inclinar la balanza.
Sin embargo, una de las primeras cosas que tendría que hacer este Congreso nuevo es revertir y derogar algunas de las leyes que ha puesto en práctica, que han hecho un forado fiscal, dando aumentos salariales, han generado contratos, gasto público, pero de una manera increíble, que además de eso han hecho exoneraciones tributarias que mantienen la presión tributaria en el Perú como porcentaje del PIB, es decir, los impuestos que recauda el Estado a uno de los niveles más bajos de la región.
Y en un momento en que hay absolutamente necesidades en el ámbito de salud, de educación, de reducción de la pobreza, reducción de desigualdades, sin contar un problema que nos afecta a todos en la región, el problema de inseguridad. Sobre todo, porque lo único, lo único que nos salva en este momento a muchos países, como Perú y como Chile, son los altos precios de los productos de exportación, sobre todo de materias primas.
¿Cree que ahora habrá contrapesos con este nuevo Congreso? Porque hasta ahora parecía que fuera el verdadero gobernante.
Tiene usted razón. Lo que aparentemente tenemos es un Congreso un poco más balanceado, en el cual ningún partido tiene un número suficiente de senadores o diputados como para poder, en el caso de la vacancia, imponer su propio punto de vista. Resulta más difícil, pero lo que me parece importante, y usted lo ha destacado, es que se ha producido un desbalance entre el poder del Congreso y el del Ejecutivo. Tenemos que tener un cierto equilibrio de poderes para que las democracias tan frágiles que tenemos en la región funcionen de manera adecuada. Ese equilibrio se ha roto en la actualidad al plantear, en primer lugar, que el Ejecutivo no puede promover cuestiones de confianza, es decir, cuestiones que le permitan, en caso de que sea denegada dos veces, disolver el Congreso. Eso ya desapareció. Más aún, le dan al Congreso la facultad de decidir si acepta o no una cuestión de confianza. Es decir, voltean radicalmente lo que era un cierto equilibrio precario. Ahora el Ejecutivo está muy por debajo y sobre todo respecto de la Cámara de Senadores. Y esto podría llevar a una mayor inestabilidad, pero va a depender del comportamiento de los senadores y diputados eventualmente. Creo que lo que deberían hacer, si piensan en el futuro del país, es eliminar esa disparidad yendo en contra de su propio poder y tratar de restablecer el equilibrio entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo de una manera más razonable, justa, como lo teníamos antes de esta reforma constitucional clandestina que nos hizo el Congreso unicameral actual.

¿Cómo ve usted la situación regional que parece sumida en una polarización?
En el caso del Perú no es tanto polarización, es una polarización artificial. Lo que tenemos es una extremada fragmentación de intereses particulares, uno que otro planteamiento ideológico. Pero recuerde que en el Perú hemos tenido más de 30 candidatos presidenciales y más de 30 listas al Congreso. O sea, no se puede hablar de polarización entre dos polos que chocan cuando usted tiene toda esta disgregación en más de 30 fuerzas políticas.
Sí hemos visto esta polarización de manera muy clara en países en los cuales el sistema de partidos todavía funciona. Siempre hay que tener en cuenta las diferencias en la situación actual y los procesos históricos que han llevado a cada uno de nuestros países a los lugares en que nos encontramos en la actualidad. Se puede percibir en la región una cierta tendencia hacia gobiernos que podríamos llamar más conservadores, más libertarios, en el sentido de poner mucho más énfasis en la libertad individual, en el derecho irrestricto del sector privado y de las personas, en hacer prácticamente lo que quieran sin un contrapeso por parte del Estado y sin prestar atención al concepto básico de bien común, de cohesión social que nos permite vivir en sociedad de una manera armónica.

Lo que vemos en varios países de la región, con unas pocas excepciones, es un giro hacia estas posiciones libertarias, hacia esas posiciones pro-mercado que dejan de lado el papel del Estado, que debería cumplir un papel de equilibrio y buscar lo que hemos planteado, en el partido al cual pertenezco hace ya varios años, un equilibrio entre la libertad individual por un lado y, por otro lado, la acción colectiva, porque sin acción colectiva a nivel del aparato estatal no vamos a tener la posibilidad de ejercer nuestra libertad individual, básicamente por la inseguridad, la desigualdad, la precariedad, etcétera.
Entonces, ese equilibrio entre los dos es el que ahora se está rompiendo a favor de más libertad individual, de libertad empresarial, sin tomar en cuenta la concepción de bien común, de cohesión social. Y eso lo estamos viendo en varios países de la región, a lo cual se le añade un componente autoritario, un componente autocrático vinculado al tema de seguridad y de migración. Y todos sabemos que los problemas de seguridad ciudadana, los problemas de crimen, de extorsión, de tráfico, de drogas, no los va a resolver ningún país de la región solo por su cuenta. Estamos hablando de redes internacionales muy articuladas, y lo que haga el Perú, lo que haga Chile, Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela por su cuenta, no va a ser suficiente para enfrentar a estas organizaciones transnacionales de origen criminal.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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